Usted está aquí: jueves 28 de abril de 2005 Cultura Monólogo surrealista para recrear los personajes de nuestros sueños

Ultima función de Jimmy, creatura del sueño, de Marie Brassard

Monólogo surrealista para recrear los personajes de nuestros sueños

La artista canadiense asumió el reto de cómo montar su propio mundo onírico

Rodeada de austeridad escenográfica, utiliza un aparato para dar tono masculino a su voz

MERRY MAC MASTERS

¿Quién no ha contado, se ha sobresaltado o asombrado, por lo que acaba de soñar, las imágenes todavía frescas en la memoria? Estamos acostumbrados a abordar el mundo onírico desde el punto de vista del soñador.

Pero, ¿qué pasa cuando tienen voz los protagonistas de esos sueños, que no sólo se desenvuelven como actores en espera de un llamado de cortina para entrar en escena, sino que son personas hechas y derechas, con su historial y sentimientos?

Dentro de esta tónica se presenta el exitoso monólogo surrealista Jimmy, creatura del sueño (2001), escrito, dirigido e interpretado por la canadiense Marie Brassard, que hoy a las 20 horas dará su última función en el teatro Jiménez Rueda (avenida de la República 154), dentro del XXI Festival de México en el Centro Histórico. Aunque será en inglés, hay subtítulos en español.

Sin límites para la imaginación

Jimmy/Marie Brassard es, en verdad, una criatura entrañable. La puesta en escena, que sucede en una especie de rincón, empieza con Jimmy sentado de espaldas. Llora. Luego se levanta y, al ponerse su saco, cubre su espalda desnuda. Mira su cara en un pequeño espejo que cuelga en la pared y se disculpa ante el público, porque como protagonista de los sueños de otros a veces tiene que ir a lugares que son un verdadero infierno. De uno de esos acaba de regresar. Ahora, sólo le queda esperar el próximo sueño de alguien.

En seguida, Jimmy cuenta a sus interlocutores que es un joven estilista homosexual, nacido en 1950, que tiene 33 años, enamorado de Mitchel, un guapo soldado, a quien está a punto de besar. Habitante del espacio onírico de un homofóbico general estadunidense, éste muere en el preciso momento en que los labios de Jimmy se inclinan hacia los de su amado, acto que lo suspende en el tiempo durante medio siglo hasta que es revivido, sólo para encontrarse atrapado en los sueños de una actriz de Montreal, quien hace de él su fantasía.

Antes de escribir Jimmy..., Brassard registró durante dos años sus propios sueños. Encontró que al dormir no existen límites para la imaginación, entonces al soñar ''resulta fácil ser transformado en un animal o encontrar deseos sexuales contradictorios''.

El desafío consistió en cómo montar el material onírico. Rodeada de una total austeridad escenográfica, Brassard se presenta apoyada por un aparato de sonido que le da un tono masculino a su voz. Obra humorística, la única persona que no lo ve así es Jimmy, quien era un niño rubio y rizado en su primera encarnación. Ahora, su cabello es largo y negro, y su cuerpo es mitad femenino.

Después de ver Jimmy... queda la duda de qué pasa, en efecto, con los personajes de nuestros sueños.

 
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