Usted está aquí: viernes 22 de abril de 2005 Cultura De la metamorfosis a la náusea

De la metamorfosis a la náusea

Ampliar la imagen La pareja Sartre-Beauvoir. A la derecha, tumba compartida en el cementerio Montparnasse FOTOS Archivo

Gracias a Simone de Beauvoir, una de las dos personas a quienes se dedica La náusea, se conoce bien la génesis de esa obra. En 1931, Jean-Paul Sartre, designado profesor del liceo de Havre, comienza una reflexión sobre la contingencia, en la que había trabajado varios años.

En Berlín, en 1934, da los acabados a la segunda versión de esa ''larga y abstracta meditación", a la cual imprimirá, aconsejado por su pareja, también escritora, ''una dimensión novelesca".

Una tercera versión, por fin, es terminada a principios de 1936. La novela es presentada al sello Gallimard, que acepta publicarla, pero demanda múltiples condiciones: suprimir pasajes extensos, censuras y renunciar al título Melancolía, inspirado en el célebre grabado (a la derecha) del alemán Alberto Durero, que tanto admiraba el filósofo, para sustituirlo por La náusea, nombre elegido por el editor.

El filósofo aceptó y el libro apareció en abril de 1938 en una versión recortada y expurgada. Un único manuscrito, en hojas de cuaderno cuadriculadas de diferentes colores, según la época, tiene las marcas de ese trabajo de censura. Su adquisición en 1979 inauguró la constitución del Fondo Sartre-Beauvoir del Departamento de Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Francia.

El grabado, por otra parte, fue exhibido en México durante la muestra Obras maestras de la National Gallery of Art de Washington. Mide 23.9 por 16.8 centímetros y se inscribe en la tradición renacentista. El artista intentó en esta obra simbolizar las relaciones entre la moralidad, la teología y la intelectualidad o el entendimiento.

Desde la antigüedad hasta la época de Durero, la melancolía era uno de los cuatro humores del hombre. También se asociaba a la pereza, pero el grabador la cambia por la inactividad, no por desidia, sino por otros motivos. Es la inteligencia la que paraliza su energía. El hecho de su superioridad intelectual se traduce en las alas que adornan la espalda, símbolo de la creatividad.

Ese grabado, final e irónicamente, ilustra la edición más reciente de La náusea que Gallimard tiene estos días en el mercado dentro de su serie Folio.

ALFREDO C. VILLEDA

 
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