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E C O N O M I A
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México D.F. Viernes 24 de septiembre de 2004

Orlando Delgado Selley

Inversión y desafuero

Entre gitanos resulta ocioso intentar leerse las manos, lo mismo que entre economistas resulta iluso intentar demostrar que si Andrés Manuel López Obrador no es desaforado y se convierte en candidato, los inversionistas nacionales y extranjeros tendrán "graves preocupaciones" y, en consecuencia, pudieran darse corridas especulativas que complicarían la situación económica nacional. El argumento de los detractores del jefe de Gobierno es simple: "ha mostrado poco respeto por la ley y por el estado de derecho". Así que, interpretando a los inversionistas sin ninguna autorización, pero con clara intencionalidad política, sostienen que la economía podría paralizarse si López Obrador fuera elegido presidente.

A contrario sensu es perfectamente posible sostener que quienes han violado el estado de derecho son los que intentan evitar que el jefe de Gobierno del Distrito Federal pueda ser candidato presidencial. Hasta entre sus detractores más pertinaces, como Jesús Silva-Herzog Márquez, se reconoce que "el proceso que se sigue en su contra es, como él ha sostenido, una maniobra política sin sustento jurídico válido. Tiene razón el alcalde de la ciudad cuando afirma que su desafuero es una treta" (Reforma 26A, 20/9/04). De modo que en este momento habría que reconocer que los inversionistas no se han asustado por la aplicación facciosa de la ley y por un estado de derecho que sólo rige cuando conviene al gobierno federal.

El tema de los temores de los inversionistas se ha convertido en un garlito que se utiliza para intentar modificar las decisiones de los electores. Los llamados mercados financieros y los analistas tienen una posición política que esconden tras comentarios supuestamente técnicos. Esta posición es la que sostiene que para estimular la inversión es indispensable privatizar la industria eléctrica, que las ventas recientes de Banamex, Bancomer y Bital a banqueros extranjeros es una prueba del éxito del "rescate" bancario, que sólo se crearán empleos cuando se flexibilice el uso de la fuerza de trabajo. No les importa que sea crecientemente aceptado que los países exitosos, como los asiáticos, sean los que no aceptaron el desmantelamiento del Estado ni privatizaron empresas estatales fundamentales para su desarrollo.

El proceso electoral brasileño ilustra la diferencia entre lo que los mercados financieros sostienen y lo que realmente piensan y hacen los inversionistas. Sin duda los analistas financieros son proclives a anatemizar cualquier planteo que se separe de la ortodoxia vigente, generando miedo entre las propias corredurías, entre los periodistas y entre comentaristas económicos mal preparados que puede convertirse en un hecho. Se trata de las expectativas que se autorrealizan y que, por tanto, participan en la contienda política. Los inversionistas, en general, son prácticos: si consiguen una rentabilidad adecuada a sus proyecciones se mantienen en el país, si ocurre que se pierden las ganancias por la razón que sea o que pueden obtener mayores rendimientos en otro país emigran. Las maquiladoras mexicanas que se han localizado en China son una prueba elocuente.

China ha atraído inversiones de todo el mundo porque se logran rendimientos excepcionales que difícilmente podrían obtenerse en otro país. Poco importa que sea gobernado por un partido comunista que, por lo menos declarativamente, sigue sosteniendo que la lucha de clases es el motor de la historia y que no permite disidencia política de ningún tipo. En el Chile de Pinochet la inversión extranjera se incrementó, pese a que ese gobierno violó la ley y los derechos humanos descaradamente.

En nuestro país, los gobiernos priístas fueron poco respetuosos de la ley y del estado de derecho y hubo inversión nacional y extranjera. En el Fobaproa se violaron las normas que el propio gobierno había establecido para el famoso programa de compra de cartera a cambio de capital y los capitales no se fueron. Los contratos de servicios múltiples carecen de legalidad, lo cual los hace vulnerables y más riesgosos, lo que no ha impedido que haya inversión extranjera.

Así las cosas, un debate político de poca hondura ha permitido que la reflexión económica predominante en los medios electrónicos y en algunos impresos este muy ideologizada y, aunque presuma de neutralidad, sea parte de la campaña contra una posibilidad de gobierno que tiene viabilidad. Por ello, los temores no los tienen los inversionistas, sino quienes defienden un modelo excluyente y concentrador y que sirven al gobierno en turno.

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