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México D.F. Jueves 21 de agosto de 2003

Adolfo Sánchez Rebolledo

Stalin en el PRI

La discusión interna en el PRI sigue marcada por el encono y la división. Al debatirse la agenda que el tricolor defenderá en la 59 Legislatura, salieron a relucir las rencillas entre la flamante y poderosa coordinadora y Manlio Fabio Beltrones, quien se ha convertido en una piedra en el zapato de la maestra. Hubo molestia, palabras ríspidas y al final desencuentro, desconfianza mutua en el grupo parlamentario del ex partido oficial.

Las cosas llegaron al extremo de que Elba Esther Gordillo acusara a sus adversarios con el infamante calificativo de "estalinistas", cuando la verdad no tendría que haber ido tan lejos para hallar magníficos ejemplos de intolerancia y sumisión al poder, pues en su propio partido los hay y de sobra.

Furiosa, acota la reseña de La Jornada, la profesora rechazó el intento de amarrar las propuestas: "šNo quiero llegar al Congreso con la manos atadas y cargas de responsabilidad de grupos o fracciones! Se requiere una fracción unida para enfrentar lo que queremos, de tal manera que si soy un estorbo someto a su consideración hacerme a un lado". Y luego, sin el menor rubor, añadió: "Los sistemas autoritarios del pasado, como lo fue el de Stalin, donde se dictaba línea y todos obedecían (sic), han quedado en el pasado y no corresponden a este país. Vivimos una democracia donde tenemos voz y voto y el PRI se ha renovado, de tal manera que esas actitudes son aborrecibles en cualquier democracia''. Beltrones, enigmático como es, alcanzó a responder: "Cuidado, porque la abyección no es necesariamente sinónimo de inteligencia". Total, la maestra se quedó con el apoyo oportuno de Madrazo, el líder, y además rechazó la posibilidad de renunciar por ahora a la secretaría general del PRI, como le piden sus correligionarios y el más elemental manual de corrección política. En fin.

Según las crónicas, el tema del disgusto fue la aplicación o no del IVA a alimentos y medicinas, pero en el fondo, como dejó ver la propia Elba Esther, lo que está en juego es la relación del PRI con el gobierno de Fox y, sobre todo, con las reformas pendientes de las que, en palabras de la maestra, dependería "darle contenido al cambio".

No extraña, en consecuencia, que la agenda legislativa contenga abundantes frases cuya generalidad las hace inocuas y demasiado ambiguas en asuntos claves como la reforma energética y la laboral. Es una agenda entre azul y buenas noches, donde las cuestiones fundamentales quedarán sujetas a la capacidad de negociación de la jefa del grupo parlamentario, cuyas coincidencias con el foxismo no son cosa nueva.

En verdad da la impresión de que el PRI está montado en dos caballos del pasado: uno jala hacia el viejo nacionalismo burocrático y el otro al reformismo salinista que se reconoce en las propuestas de Fox, sin admitir que en el México de hoy ya no sirven los recetarios.

El peor error del presidente Fox consiste, a mi modo de ver, en la declinación de la política por una serie de cambios "estructurales" que automáticamente trocarían la debilidad de nuestra economía por la bonanza. El problema no es que el gobierno quiera una reforma eléctrica, por ejemplo -y que haya priístas dispuestos a seguirlo en este asunto-, pues a todas luces hace falta una modernización en el sector. El problema está en que el gobierno sólo concibe un modelo de reforma, que es el que propugnan desde distintos foros grupos de inversionistas interesados en obtener grandes ganancias, no el desarrollo del país.

Como quiera que sea, el PRI tiene la llave para hacer posibles unos cambios y no otros. Los acuerdos son muy necesarios e importantes para asegurar la gobernabilidad del país, pero eso no significa que todos los acuerdos sean positivos por sí mismos.

Es urgente salir del infantilismo que lleva todos los asuntos a una confrontación, pero hay que evitar el cretinismo que anula, en nombre del acuerdo, toda diferencia. Ojalá y el PRI sepa entenderlo a tiempo.

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