Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 13 de marzo de 2003
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  CineGuía
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  Librería   
  La Jornada de Oriente
  La Jornada Morelos
  Correo Electrónico
  Búsquedas 
  >

Política

Soledad Loaeza

Rehenes

La brutalidad con que el presidente Bush y los miembros de su gabinete están tratando de imponer una solución militar a la crisis iraquí está provocando gravísimas dificultades y fracturas en el plano internacional y en el ámbito interno de los países que se han aliado a su causa, así como de aquellos que se han opuesto o que han intentado mantenerse al margen de una decisión cuyas consecuencias son imprevisibles.

La extensión del impacto de un ataque a Irak es una medida del alcance del poderío estadunidense. Su política en esta crisis ha hecho de todos nosotros, gobiernos y habitantes del mundo, sus rehenes. Las exigencias y las posiciones de Bush han erosionado el apoyo interno a los gobiernos de España y Gran Bretaña, han provocado una cuarteadura profunda en la construcción de la Unión Europea, han generado resentimientos entre los europeos, intercambios de amargas acusaciones y son una amenaza para la efectividad futura del derecho internacional, por la diplomacia multilateral y para la credibilidad de la cooperación internacional.

El gobierno de Washington se está comportando como un secuestrador de vidas y haciendas, con mayor poder sobre unos de sus rehenes que sobre otros, con los efectos destructivos que este tipo de comportamiento tiene normalmente sobre las víctimas y sobre sus familias. ƑCedemos o no al chantaje?

Por desgracia, y por geografía y economía México es de los rehenes más vulnerables a las represalias del secuestrador. Una primera gran pregunta que hay que hacerse es si éste es el momento de la rebeldía, o si es preferible actuar con prudencia y dar prioridad a nuestros intereses particulares, como en el fondo están haciendo también los gobiernos que se han opuesto directa y resueltamente al ataque. Nada hay en esto de inmoral, porque ante la disyuntiva de alinearse o rechazar la línea dura de Estados Unidos frente al desarme iraquí, el gobierno mexicano tiene que atender a la ética de la responsabilidad que le impone la obligación de garantizar el bienestar de los mexicanos.

La segunda gran pregunta es si el gobierno tiene claro el interés nacional, y, si es el caso, cómo lo define. Sólo con respuestas claras a estas preguntas sabremos si la decisión que tome en los próximos días es la mejor.

Es evidente que está en el interés nacional de México una solución pacífica del conflicto entre Estados Unidos e Irak, pero en el muy probable caso de que Washington inicie una acción militar contra ese país, y en una situación de guerra, Ƒcuál es el interés de México? Querámoslo o no estamos comprometidos en el conflicto porque ocupamos un lugar en el Consejo de Seguridad, pero sobre todo por la vecindad territorial y porque tenemos muchos puntos vulnerables a las presiones o al ánimo vengativo que se ha apoderado del presidente Bush frente a sus adversarios. Bastaría citar su discurso del estado de la Unión ante la Cámara de representantes, en el que habló de 3 mil sospechosos de terrorismo que habían sido arrestados y de muchos más que "...han encontrado otro destino..." y añadió sibilino: "digámoslo así, ya no son un problema para Estados Unidos, para nuestros amigos ni para nuestros aliados." Frank Nitti, el gángster de Chicago, no lo habría dicho mejor.

Una de las grandes ingenuidades de la política exterior del actual gobierno fue creer que la derrota del PRI en julio de 2000 había ampliado el margen de maniobra de México en su relación con Estados Unidos. Como si una elección democrática hubiera bastado para modificar la geografía, los intereses económicos estadunidenses o el desempleo y la ausencia de perspectivas para las decenas de mexicanos que diariamente cruzan o intentan cruzar la frontera norte del país en busca de mejores oportunidades.

Tampoco cambiaron las actitudes de la opinión pública estadunidense hacia México, muchas inspiradas en un mal disimulado racismo que aflora periódicamente y del cual las primeras víctimas son los indocumentados, que son también los más desprotegidos de todos.

Se pensó que el triunfo del candidato panista bastaba para imprimir calidad moral a su gobierno y la estatura de líder internacional al nuevo Presidente y, como en tiempos de Luis Echeverría, se lanzó un febril activismo internacional.

Paradójicamente, en la situación actual de crisis esta aspiración se ha traducido en una dramática disminución de nuestra capacidad de maniobra internacional. Pero eso siempre lo supieron los buenos diplomáticos mexicanos del pasado, por eso rehuían las alianzas, y la pertenencia al Consejo de Seguridad.

Mal haríamos en subestimar el patriotismo estadunidense, sobre todo en tiempos de guerra; las encuestas muestran que el apoyo interno a una acción unilateral de Washington en contra de Irak va en aumento; si México no es percibido como un país "amigo" la hostilidad y la desconfianza dominarán las relaciones entre mexicanos y estadunidenses, y habrán de resentirlo los indocumentados, las exportaciones, las inversiones, los intercambios de todo tipo entre ambos países. La última pregunta que debemos hacernos es si estamos preparados para esa otra guerra.

Como si todas las caras de la pirinola estuvieran marcadas con un "Todos pierden".

 

 

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año