Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 6 de febrero de 2003
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Política

Sergio Zermeño

ƑConvienen al PRD candidatos perredistas?

Las recientes elecciones mediante las que el PRD escogió sus candidatos para jefes delegacionales, han acelerado una dinámica que ya le venía siendo muy desfavorable. Queriendo proyectar, una vez más, una imagen democrática, se sirvió de un sondeo de opinión que no resolvió los errores de las elecciones vía voto directo de sus militantes y simpatizantes, como ensayó en otros momentos. Y es que el problema no radica en las técnicas para expresar las preferencias, sino en un fenómeno previo relacionado con los mecanismos que hacen madurar a sus candidatos y con la manera en que éstos se allegan recursos para competir y ganar las candidaturas del partido.

El sondeo puso de manifiesto que ciertas constelaciones de militantes (calificadas por los propios perredistas como tribus o mafias) se han fortalecido en detrimento de otras corrientes. Dichas constelaciones se caracterizan por su enraizamiento en un medio urbano popular que acusa serias carencias, en espacios de la ciudad que comenzaron ligados a la tragedia del 85 y más tarde se extendieron a prácticamente todo el Distrito Federal; están además bien enlazadas con dependencias y puestos claves del gobierno capitalino, lo cual les facilita la gestión de demandas elementales de la población paupérrima a la que están ligadas y les permite cultivar y ampliar clientela sobre la que se puede ejercer gran manipulación. Por otra parte, no cuentan con plataformas, programas, documentos analíticos ni de orientación política y se mueven con base en un pragmatismo sobredimensionado en torno a problemas de vivienda, uso de suelo, transporte, comercio ambulante, etcétera.

En la medida en que la exclusión y la precariedad crecen en una sociedad como la nuestra, estos grupos adquieren mayor gravitación en posiciones de gobierno, legislaturas y el propio partido en detrimento de los cuadros técnicos, profesionales, intelectuales y, en general, de todas aquellas posiciones que hace muchos años hubiéramos reconocido como de izquierda en el espectro político mexicano (aunque la palabra izquierda aparezca en el nombre de todas ellas). Pero claro, ese posicionamiento, que combina enraizamiento hacia abajo, gran influencia hacia los aparatos de gobierno e inopinado pragmatismo, les permite allegarse vastos recursos que no proceden sólo del acceso a la gestión pública, sino fundamentalmente del intercambio de influencias para lograr apoyos que faciliten ciertos procesos, permisos, ocupación de espacios en la vía pública, etcétera.

No sorprende en estas condiciones que Corriente de Izquierda Democrática (CID), ligada umbilicalmente al jefe de Gobierno de la capital y lidereada por su secretario particular, René Bejarano, y su esposa Dolores Padierna, haya obtenido 10 candidaturas ganadoras (de las 16 delegaciones en disputa), mientras Corriente Nueva Izquierda (CNI), que encabeza René Arce, actual delegado de Iztapalapa, haya ganado en dos más. Sólo en cuatro delegaciones no figura alguna de estas dos corrientes. Una excepción es la del ex ceuísta Carlos Imaz, del grupo de Rosario Robles.

Cuando de golpe se cuenta con los recursos para hacer propaganda electoral en radio, televisión, avionetas y en todas las modalidades de la vía pública, el objetivo se reduce a que un nombre resuene en la cabeza del entrevistado. En esta dinámica, en la cual las ideas interesan muy poco, resulta comprensible que el partido se tense y que sus cuadros profesionales e intelectuales como Demetrio Sodi, Francisco Saucedo, Luis Gómez, Lorena Villavicencio, Antonio Gómez, entre otros, se sientan marginados.

Parece reditarse el escenario del CGH, que en abierto alarde antintelectual se alió a las organizaciones urbano-populares lanzándose contra la corriente perredista que identificó como Grupo Universidad. ƑEs conveniente para el PRD aparecer casi exclusivamente ligado a las clases populares y a sus clanes?

Quizá esto sirva al jefe de Gobierno para tener gobernabilidad mientras establece buenas relaciones con las otras clases vía los proyectos del Centro Histórico, Giuliani y los segundos pisos, pero para un partido nacional, en un país y en una región latinoamericana donde nunca los partidos monoclasistas han florecido, la estrategia no parece conveniente.

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