Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 16 de diciembre de 2002
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Cultura

Hermann Bellinghausen

Noche de cometas

Con esa calma que da el calor van apareciendo en la noche diminutas luminosidades. Quién fuera astrónomo para entender su perfección.

"Es noche de cometas. Lo dicen los noticieros del radiofónicos. Y por la onda corta, la compañía solicitó que estuviéramos atentos y sí, hemos estado. Los técnicos arribaron desde temprano, porque un equipo de investigadores de la Universidad de Minesotta se supone que viene a observar el fenómeno desde nuestra estación.

"Al Diamante rara vez vienen visitas. Es buena cumbre para observar el cielo en una noche clara, o la furia de las tormentas tropicales un día de 'norte'. Cuántas veces he pensado en el desperdicio de que yo ocupe esta posición, y no alguien que saque mejor provecho. No sé, un botánico, o biólogo. Un espía, pintor, astrónomo, poeta. O una. Ya ves que ahora las mujeres están en todo".

Lorenzo tiene la virtud de sostener él solo una conversación, lo cual resulta cómodo para los que nos gusta permanecer callados la mayor parte del tiempo. Él se encarga. En la cabaña y sus alrededores, solitario y sin más motivación aparente que cuidar la antena y sobrevivir, no habla. La llegada de quien sea le proporciona interlocutor y suelta la lengua. Habla bien. Siempre fue buen expositor y pasable orador. Supongo que aún lee, aunque no veo libros. En la facultad le auguraban porvenir político. Ya daba la irritante impresión de tener talentos inmerecidos, que en manos de otro hubieran servido de algo. En el fondo, Lorenzo siempre fue una promesa sin futuro.

Él mismo tiene conciencia: "Qué desperdicio", repite, y no por que se desdeñe, sino porque es la verdad. A él de qué le sirve tan notable atalaya sideral, si no observa, crea ni pone los ojos en blanco ante los amaneceres deslumbrantes o alguna iluminación interior.

Diminutas luminosidades. Le digo:

-Oye Lorenzo, Ƒno te pasas de exigente contigo? Exageras tu severidad. Al menos conoces tu indiferencia, eres testigo de esta aberración de la inteligencia.

"ƑTe parezco un caso clínico?". Se rasca la cabeza con un clip y sin fijar la vista en ningún punto, busca palabras.

-Para nada. Eres existencialmente interesante, no loco, y lo sabes, no te hagas 'güey'.

Su misantropía se debe a la falta de interlocutores. Nadie le ha interesado nunca. Conmigo habla porque de vez en cuando me aparezco por El Diamante, y a fuerza de los años desde que lo reencontré, se ahorra un montón de explicaciones. Yo vengo porque el lugar lo amerita. Y porque de vez en cuando es necesario, como decía Canetti, "soportar la vida sin misión". De preferencia en otra persona.

Lorenzo no ofrece nada al mundo, pero tampoco le quita con existir. ƑEgoísmo extremo, renunciación? Sin misión, sin motivo. Aunque disimule, es obvio que le duele. No envidio su destino.

"Casi no recuerdo mi infancia. Supongo que fue feliz. Habrá terminado bruscamente. Las memorias de mi niñez las perdí al perder el interés general y convertirme en delincuente. Ustedes se percataron, en la escuela, y evitaron mi 'mala compañía'. Desaparecí. Ya ves cuánto hace que me dan por muerto. Iba a cambiarme el nombre, pero no hizo falta. Después de la balacera en la Central de Abastos mi nombre fue borrado de la faz de la Tierra".

Se sirve café del cacharro en la estufita. Sólo en su tasa. Debo servirme yo mismo. Él ya piensa en otra cosa. Mira al suelo. Con ese portentoso firmamento ante nosotros, mira al suelo.

"La gente de Minesotta ya se perdió. De noche no van a dar bien. Disfrútalo tú que puedes".

El dejo de amargura en su voz me hace pensar, por una vez en años, que a lo mejor Lorenzo no es tan indolente. Le importa la vida, pero se niega a reconocerlo. Mira al piso, se hace el ciego. Diminutas luminosidades caen sobre la Vía Láctea. Y él lo sabe.

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