Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 28 de noviembre de 2002
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Cultura

Encuentro con escritores canadienses en la Facultad de Filosofía y Letras

La diferencia entre la literatura viva y la muerta es la pasión, sugiere Margaret Atwood

ERICKA MONTAÑO GARFIAS

Margaret Atwood divide la literatura en dos clases: la viva y la muerta. La diferencia es la pasión con la que se escribe una novela, un cuento o un poema. La escritora canadiense explica esta separación: ''Se puede leer un libro que está bien escrito, es correcto y tiene sus momentos, pero este texto está muerto. Por el contrario, hay libros que están mal escritos, pero tienen pasión; entonces están vivos" aunque, subraya en entrevista, ''siempre es mejor estar vivo que muerto".

La autora, quien durante varios años ha figurado en la lista de los aspirantes al Premio Nobel de Literatura, se encuentra en el país como parte de una delegación de ocho escritores que participarán en el encuentro literario Canadá-México: trascendiendo fronteras mediante la literatura y la cultura, que se realiza desde este miércoles para concluir el viernes en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Atwood (Ottawa, 1939) señala que un buen escritor es el que va contra todas las reglas, ''camina solo y hace lo opuesto a los demás. Los franceses en el siglo XVIII hacían reglas para todo, incluida la literatatwood_margaret 4ura, y Shakespeare no encajaba en esos cánones", y advierte: ''Cualquier escritor debe estar comprometido con la escritura, si no ocurre así entonces no es un escritor, es alguna clase de político. A los escritores tampoco se les debe decir qué hacer".

Esta idea vale también respecto de lo que se espera de los escritores en momentos de crisis: ya sea atentados en Nueva York, guerras en Afganistán o conflictos en Medio Oriente. La autora de El asesino ciego, ganadora del premio Booker, enfatiza: ''Nunca se debe decir a los escritores qué hacer o cómo responder. Ellos harán algo. Lo que digo es que los dejen solos. No se les puede decir por adelantado lo que tienen que escribir o lo que tienen que pensar, porque todos son individuos y tienen diferentes respuestas.

''Es verdad que a menudo nos colocan al frente. Las personas esperan de los escritores y de los artistas que hagan pronunciamientos, y esto se debe a que ellos son espíritus libres: no trabajan en un banco o en el gobierno, nadie los puede despedir si expresan su opinión, las consecuencias no serán las mismas que para alguien que trabaja en un banco y critica el sistema social que, antes o después, será despedido."

Es cierto ''que a los escritores se nos pone en esa posición, pero no necesariamente sabemos más de lo que sabe el resto de las personas; no tenemos un conocimiento especial. Sólo tenemos el conocimiento que da ser un individuo que observa las cosas, ya sea de manera conservadora o radical", añade la escritora, quien en marzo pasado se sumó a un manifiesto de intelectuales del mundo en favor de la paz en Medio Oriente durante uno de los momentos más graves del conflicto palestino-israelí.

País misterioso

Margaret Atwood, quien publicó su primer poema a los 19 años y su primer libro a los 26, participó en una conferencia de prensa en la que el tema principal fue la existencia o no de una identidad y una literatura canadienses. Al respecto, la también ensayista señaló que ahora en Canadá se lee más a los autores nacionales que a los extranjeros, cosa que no sucedía hace unos 40 años.

La literatura canadiense ''no es homogénea, como tampoco lo son sus habitantes", dijo a su vez el escritor Alistair Mcleod, al tiempo que Barry Callahan destacó que ''los canadienses somos unos lunáticos", porque sólo así se puede explicar que la policía secreta lleve vistosos uniformes, y eso ''es gracias a la libertad extraordinaria que tenemos en nuestro país, que nos permite escribir sobre lo que queremos. Somos un país misterioso".

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