Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 21 de octubre de 2002
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Cultura

Philippe Faure /II y última

Leer en Francia

Es cierto que frente a los múltiples dispositivos tendientes a fomentar la difusión del libro, los escritores deben buscar mecanismos de protección. Así es como, de tiempo atrás, han creado asociaciones para la defensa de sus derechos y la promoción de sus actividades. La más importante y primera en el orden histórico, es la Societe des Gens de Lettres, remota iniciativa de Víctor Hugo, que creó en 1998 su propia oficina para tratar de luchar contra la piratería internáutica.

Si bien el escritor no goza en la sociedad de un estatuto privilegiado -se le considera un contribuyente del montón- puede contar en el plano individual con la ayuda del Centro Nacional del Libro, organismo público que apoya el desarrollo de toda la cadena del libro. El CNL distribuye becas destinadas a incentivar la creación en todos los géneros. Pero no son tan numerosas ni tan elevadas como las que ofrece el mexicano FONCA.

Fuera del sector asociativo y privado, el libro, la lectura y el escritor reciben un apoyo determinante por parte del Ministerio de Cultura y su Dirección del Libro y de la Lectura, dependencia que agrupa a los dos grandes sectores de la lectura pública (las bibliotecas y la economía del libro) y que financia las grandes operaciones de promoción tanto en Francia como en el exterior a través de la participación de France Edition en las grandes ferias internacionales. El Ministerio francés de Relaciones Exteriores acompaña esta política ayudando a unas cuarenta librerías francesas instaladas fuera del país, promoviendo la traducción y la coedición con socios locales y realizando acciones de formación destinadas a libreros y editores.

En su política a favor del libro el Estado interviene también en el terreno comercial con dos medidas: el establecimiento de un precio único del libro para evitar que los hipermercados y otras tiendas de descuento acaben con los libreros que intentan sobrevivir en el centro de las ciudades y la imposición de un IVA del 5 por ciento, sin comparación con el 18.6 por ciento que se les aplica a los demás productos. Estas disposiciones hacen que los lectores pueden acceder a buena parte de la producción al mejor precio. El muy popular Libro de Bolsillo, por ejemplo, cuesta entre 1.85 y 6.10 euros mientras que el precio promedio de los otros libros es de 13.75 euros.

Este panorama quedaría muy incompleto si no se evocara la acción permanente y decisiva que lleva a cabo el sector educativo en materia de fomento de la lectura. A este respecto es interesante notar que, coincidiendo con el ambicioso programa "Hacia un país de lectores" que el gobierno mexicano acaba de poner en marcha, el Ministerio francés de Educación anuncia su deseo de promover una verdadera cultura literaria desde la escuela primaria.

Una lista de 180 títulos de la llamada Literatura Juvenil, diez de los cuales deberán ser leídos en clase, ha sido establecida para los niños entre 8 y 11 años de edad; y precisamente a los 11 años los jóvenes suelen perder la costumbre de leer. El objetivo es que esta población se constituya un caudal de lecturas sin el cual la primera mirada reflexiva a la que se entren los alumnos en la secundaria resultaría un ejercicio formal y estéril. Con esta nueva medida se pretende permitir que los jóvenes accedan al placer de la lectura por medio de una literatura a la vez espejo del mundo y portal de entrada en los símbolos, y lean sin aburrirse un libro por semana a partir de la secundaria.

Coordinado por una especialista de la lectura, el comité de selección tardó seis meses en establecer dicha lista sin considerar los indicadores de venta de los títulos en las librerías. La lista es una combinación de obras contemporáneas francesas y extranjeras con los valores reconocidos del patrimonio literario mundial.

Cabe añadir que la aplicación de esta decisión será facilitada por el trabajo considerable realizado por el sistema educativo francés en materia de lectura. Hace ya más de veinte años que las antiguas bibliotecas escolares cumplieron su ciclo. Se sabe en efecto que la mera presencia de libros no es una garantía de que los jóvenes vayan a devorarlos. Las han reemplazado unos centros de documentación e información que se han convertido en el pulmón de los establecimientos docentes. Ahí los alumnos leen de todo, buscan, estudian en equipo guiados por profesionales de la documentación.

Fortaleciendo este dispositivo, el Centro Nacional de Documentación Pedagógica y sus veintiocho antenas regionales constituyen una fuente de recursos para los maestros, que disponen de una gran cantidad de documentos sobre el aprendizaje de la lectura y de materiales pedagógicos para facilitar el acceso a las obras.

La conjugación de todos esos esfuerzos hace que según una reciente encuesta, el 74 por ciento de los franceses mayores de 15 años han leído al menos un libro en el curso de los 12 últimos meses y que el 14 por ciento de los mayores de 15 años han leído veinticinco libros o más durante el mismo lapso.

Para concluir esta vuelta al libro en Francia, quiero rendir un triple homenaje a la literatura, a los profesores y a la Secretaría de Educación Pública. En efecto, la SEP acaba de publicar una lista de libros destinados a enriquecer el acervo cultural de sus docentes. Y entre otros autores franceses, en dicha lista se encuentra la obra Como una novela escrita por Daniel Pennac, uno de los escritores franceses más leídos y que sigue siendo profesor de literatura en la secundaria.

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El autor es embajador de Francia en México

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