Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 21 de octubre de 2002
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Política

Iván Restrepo

En la pesca, un barco a la deriva

Si las autoridades insisten en su política de reducir en los próximos años el monto de la captura de algunas especies marinas, paralizarán muchos barcos y lanchas, dejando sin empleo a miles de personas que viven de la pesca. Parecería que ésta es la advertencia de algunos líderes y agrupaciones que se oponen a la reglamentación de la captura de ciertas especies en los mares de México. Sin embargo, es de un líder pesquero francés, Phillipe Duval, luego de conocer la intención de reducir, en cuatro años, de 30 a 60 por ciento la capacidad de captura en los mares de la Unión Europea. De hacerse efectiva dicha medida dejará fuera de esa actividad casi 9 mil barcos y sin empleo permanente a 28 mil personas; esto sin contar que causará una explosión social de alcances impredecibles.

Podría pensarse que en el fondo de todo el asunto está la lucha entre grandes tiburones de tierra por eliminar competidores y dominar el mercado pesquero de Europa. No es así, aunque, como siempre ocurre, los más perjudicados son los más débiles de la cadena.

El problema es simple: estudios elaborados por reconocidos científicos de diversos países y la Comisión Europea para la Pesca muestran que ciertas especies marinas se encuentran seriamente amenazadas como resultado de una pesca extensiva, que cada vez captura ejemplares más pequeños y afecta los ciclos de reproducción natural. Es el caso de la merluza en el golfo de Gasconia o del bacalao en el Mar del Norte. La primera debe tener una talla ideal de reproducción de 50 centímetros, pero hoy se le captura de 27. También el salmón es capturado cada vez más joven, igual que el arenque y otras especies muy apreciadas en el norte y este de Europa, y que debido a la sobrexplotación no tienen tiempo de reproducirse.

Los especialistas dijeron oportunamente lo que pasaría con ésos y otros recursos si no se fijaban reglas mínimas de captura: la crisis en una actividad de gran importancia económica y social. Los pescadores ribereños se mostraron partidarios de medidas para evitarla pero, en cambio, los dueños de los grandes barcos pesqueros, que hacen de las suyas en altamar, tacharon a los científicos de amarillistas y catastrofistas y de querer acabar con la industria empacadora y procesadora de frutos marinos. Precisamente son los mismos términos con los que en México se suele calificar a quienes desde los institutos de investigación y las instancias oficiales advierten sobre la necesidad de reglamentar la pesca antes de que caiga en una crisis de difícil retorno.

Los ejemplos abundan: a principios de año se anunció un plan urgente de rescate de la actividad camaronera en Campeche, ya que pasa por uno de sus peores momentos, lo que ha obligado a paralizar parte de la flota pesquera, así como a cerrar varias empacadoras. Se atribuye lo que sucede al mal manejo del recurso, a las vedas que no se cumplen y a la situación internacional en general. Peor están las cosas en Sinaloa, donde las autoridades tratan de poner un poco de orden en la camaronicultura. En su intento pusieron al descubierto las redes de complicidades, intereses políticos, laborales y empresariales, tejidas durante décadas de gobierno priísta. Ocurre también en la península de Yucatán con la captura de pulpo, calamar y langosta, y en Oaxaca, donde se intenta establecer, con el apoyo de las autoridades locales, granjas de camarón en áreas costeras de enorme fragilidad ambiental con manglares y tulares.

En fin, en Nayarit hubo protestas de pescadores porque, aseguran, mediante manipulaciones las autoridades les quitaron mil permisos de captura de diversas especies para dárselos a ejidatarios; la armada trata de hacer respetar las vedas en aguas marinas y hasta en las áreas naturales protegidas, como Celestum, afectando intereses añejos. Ya ni digamos lo que ha sucedido en el caso de los esfuerzos por proteger a los tiburones. Según el gobernador de Yucatán, Enrique Patrón Laviada, todo se debe a que durante años no se resolvieron los problemas y se dejaron crecer. Ahora, afirma, la pelota está del lado del gobierno y debe saber jugar con ella. Pero, como hemos visto, está fallando la estrategia del responsable del equipo y muchos jugadores no tienen el nivel para estar en primera división, por eso les anotan goles por doquier, lo que repercute en una endeble protección y manejo racional de los recursos pesqueros, y no sólo pierde el equipo que dice controlar la pelota desde hace ya dos años, sino todos los mexicanos.

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