Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Sábado 21 de septiembre de 2002
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Política
DESFILADERO

Jaime Avilés

Contra el segundo piso

¿Quiere ayudar a López Obrador mostrándole su aprecio y su respaldo? No lo dude: vote no

CONSULTA A LA PLEBE. Mañana, teóricamente, los capitalinos dirán sí o no a la construcción de un segundo piso en los viaductos y periféricos de la ciudad. (¿No le parece correcta esta sintaxis? Piénselo: hay un Periférico Norte, un Periférico Sur, un Viaducto Piedad, un Viaducto Tlalpan, etcétera; en cambio, el segundo piso sería uno solo y el mismo). Para que el veredicto de las urnas tenga carácter de obligatorio, según la ley, deberán participar al menos 2 millones 200 mil personas: la mitad más uno del padrón electoral vigente.

Hasta ahora, en la historia de las consultas a la plebe -eso quiere decir "plebiscito"- que se han efectuado en el Distrito Federal, nunca se ha registrado, ni de lejos, tamaña asistencia. El primer ejercicio de esta índole se llevó a cabo en 1981, cuando un grupo de notables, afiliados en su gran mayoría a la izquierda, nos preguntó si estábamos a favor o en contra de la forma de gobierno que regía a la ciudad de México. En números redondos, 300 mil personas respondieron que no y exigieron un sistema democrático que les permitiese elegir en forma directa, universal y secreta a sus autoridades.

Esa había sido una demanda largamente impulsada por el Partido Comunista Mexicano, pero a partir de los años 70 encontró eco en el grueso de la población y tuvo consecuencias positivas. En 1986, el gobierno de Miguel de la Madrid aprobó la integración de una Asamblea de Representantes del Distrito Federal. Años después, durante la administración de Salinas, ésta se convirtió en Asamblea Legislativa y, en 1997, se realizaron las primeras elecciones democráticas, de las que salió vencedor el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.

Catorce años transcurrieron antes que otra fuerza política invocara la figura del plebiscito para dirimir una cuestión no prevista o contemplada en los cauces institucionales. En agosto de 1995, bajo la persecusión militar del "gobierno" de Zedillo, el EZLN, mediante la sociedad civil, preguntó a todos los habitantes del país cuál debería ser, en el futuro inmediato, el rumbo que había de seguir su lucha. Un millón de personas se manifestó en favor de la vía pacífica; de éstas, 750 mil depositaron su boleta en el Distrito Federal.

Dos años después, en agosto de 1988, el PRD, entonces dirigido por Andrés Manuel López Obrador, convocó a una nueva consulta nacional -la segunda en la historia de México-, ahora sobre la legalización del Fobaproa. Tres millones de personas -750 mil sólo en el DF- votaron en contra. Siete meses más tarde, en marzo de 1999, el EZLN volvió a usar la fórmula del plebiscito, en esta ocasión para medir el apoyo ciudadano a los acuerdos de San Andrés. El resultado, numéricamente, fue el mismo: 3 millones se inclinaron por el sí y, una vez más, 750 mil lo hicieron en el DF. Esta ha sido, pues, en términos estadísticos, la afluencia plebiscitaria en la capital.
 
 

Año Participantes Incremento
1981 300 mil
1995 500 mil 65%
1998 750 mil 50%
1999 750 mil 0%

 

Para que los resultados de mañana sean obligatorios, y el GDF no tenga más remedio que construir el segundo piso en los viaductos y periféricos por mandato del pueblo, la participación ciudadana deberá crecer a una tasa mínima de 300 por ciento.

Semejanzas y diferencias

Síntomas de la profunda insatisfacción democrática de una sociedad que estaba harta de vivir bajo las reglas no escritas del sistema de partido de Estado, los cuatro plebiscitos anteriores al de mañana compartieron los siguientes rasgos: no tuvieron reconocimiento ni validez oficial, no contaron con un padrón de electores, no fueron publicitados por los medios electrónicos ni gozaron de una importante propaganda callejera. En cambio, todos sin excepción, produjeron resultados unánimes, de 97 por ciento en promedio, en favor de las demandas apoyadas por sus organizadores.

El ejercicio de mañana, por el contrario, será auspiciado por una institución legalmente reconocida (el Instituto Electoral del Distrito Federal), dispondrá de un padrón electoral confiable y actualizado, ha sido promovido por la radio y la televisión y, aunque tampoco generó una importante propaganda urbana, se resolverá mediante una votación claramente dividida, en la que habrá de prevalecer, sin embargo, con amplia ventaja, la postura de quienes se inclinen por el Sí.

¿Quiénes votarán a favor de acuerdo con las previsiones más razonables? En primer lugar, aquellos sectores de la población que se han visto favorecidos por la política social del gobierno citadino y que no vacilarán en expresar su agradecimiento a López Obrador. Después, las bases organizadas del PRD, seguidas por los desempleados que ven en la magna obra del segundo piso la oportunidad de obtener un empleo fijo durante el resto del sexenio. Por último, se sumarán los automovilistas que desean mayores espacios de vías rápidas para circular por la ciudad.

En contra, segun esto, se manifestará la izquierda fiel a las viejas demandas de transporte público moderno y eficiente, que tenga como estructura básica un Metro bien ramificado, capaz de sustituir tanto el uso del automóvil como de las infernales redes de peseros y microbuses. A este bloque se agregarán los ecologistas, enemigos de la contaminación provocada por los motores de gasolina, así como los vecinos de zonas residenciales contiguas al Periférico, temerosos de ser desplazados de sus casas, o perder sus jardines, o quedar debajo de una autopista elevada que arrojará gases y ruidos en forma ininterrumpida sobre sus propiedades.

Pero con base en las estadísticas y, habida cuenta de la actitud fantasmagórica del gobierno capitalino, que en ningún momento se ha esforzado por entusiasmar a nadie con un proyecto del que nadie sabe media palabra, podemos apostar, doble contra sencillo, a que el abstencionismo triunfará con amplísima ventaja y la concurrencia no igualará siquiera la marca récord de 750 mil votos establecida por las consultas de 1998 y 1999.

De la bola de cristal

Imaginemos: antes de iniciar las obras, el GDF deberá expropiar largas franjas de barrios y colonias contiguas a la traza actual de los viaductos y periféricos para construir las bajadas del segundo piso. Los casatenientes afectados por esta medida entablarán miles de juicios de amparo contra López Obrador y los pleitos legales retrasarán sin duda el calendario de los ingenieros. Mientras tanto, en aquellos tramos donde la gente no tenga motivos para protestar, comenzarán los trabajos de excavación y con éstos los embotellamientos.

Usted deberá levantarse más temprano para llegar al trabajo, tardará más de lo acostumbrado para regresar a su domicilio, dejará y lo dejarán plantado involuntariamente, una y otra vez, a causa del tráfico, y la ciudad se volverá aún más hostil, dado el elevado incremento de pobres del campo que se mudarán a la mancha urbana ansiosos de conseguir un puesto de trabajo como albañiles. Serán cuatro años de trastornos sin cuento y si, a la postre, la Corte da la razón a quienes solicitaron amparos contra el GDF, éste se verá obligado a dejar la cosa trunca.

¿Beneficios politicos para López Obrador? Hacia mediados de 2005, la gente no se habría cansado aún de maldecirlo en virtud de la irritación general provocada por los embotellamientos de tránsito y las molestias colaterales, su popularidad mostraría una franca tendencia a la baja y el propio Ricardo Monreal lo pensaría dos veces antes de invitarlo a trabajar como su coordinador de campaña.

Como quiera que sea, el segundo piso estaría terminado, en el mejor de los casos, al final del sexenio, pero la consecuencia práctica de esta obra ya la vivimos: moría la administración de López Portillo cuando Hank González inauguró los ejes viales, que agilizaron el flujo y elevaron las ventas de automóviles en el breve lapso de unos muy pocos años, antes que las nuevas vías rápidas se saturaran otra vez y Manuel Camacho inventara el programa Hoy no circula, que a estas alturas tampoco nos sirve ya de mucho. Votar por el Si equivaldría a repetir el mismo proceso.

Hace tiempo que no hablo con López Obrador, pero tengo una sospecha: el silencio que ha mantenido al respecto desde que echó a rodar la idea del segundo piso en viaductos y periféricos revela que si algo no quiere es meterse en un problema de este calibre, que no le augura nada bueno ni le redituará ninguna ganancia política. ¿Quiere usted ayudarlo, mostrándole su aprecio y su respaldo? No lo dude: vote en contra. Pero cuando lo vea reclámele, por favor, la absurda decisión que desde anoche impuso la ley seca sobre la ciudad hasta el primer minuto del próximo lunes.

El viernes, al Zócalo

Mientras Fox, el PRI y el PAN continúan atrapados sin salida, buscando la forma de evitar la huelga en Pemex y vender la industria eléctrica a Enron, el Sindicato Mexicano de Electricistas estará en el Zócalo, el viernes próximo, en el centro de un mitin que dará a conocer el número de firmas que el pueblo de México ha entregado hasta el momento para patentizar su repudio a la privatización... El sábado anterior, esta columna dedujo que si Estados Unidos invade a Irak, destruyendo la legalidad internacional, George WC Bush se transformará en el Adolfo Hitler del siglo XXI. Anteayer, durante una reunión privada, la ministra de Justicia del gobierno alemán, Herta Daeubler Gmelin, influida tal vez por Desfiladero, comparó al asqueroso texano con el jefe del III Reich. Jorge G. Castañeda, en cambio, adelantó a los senadores del PRD que México apoyará al marrano de la Casa Blanca para mayor gloria de Fox.

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