Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 17 de septiembre de 2002
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Capital
Festejos independentistas en las 16 delegaciones

Hace el comercio su agosto con el fervor patrio de capitalinos

Los del Zócalo y Coyoacán, los más concurridos

AGUSTIN SALGADO

Noche de festejo que empezó por la tarde; grito que se alargó hasta la madrugada y tercer año consecutivo en que no hubo ley seca en la ciudad de México. Celebración del 192 aniversario del inicio de la guerra de Independencia que como siempre tuvo eco en las 16 explanadas delegacionales del Distrito Federal.

aniv  indepen zocDía de asueto para la mayoría, a excepción de los elementos de la Secretaría de Seguridad Pública, restauranteros, personal de Protección Civil, comerciantes ambulantes e integrantes del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM), que iniciaron su faena desde temprano.

Doña Mary se instaló desde las dos de la tarde en la esquina de Miramontes y Taxqueña, ofreció cornetas tricolores a los automovilistas y para las seis había vendido poco: "apenas llevo 15; ojalá, a medida que pase el tiempo, pueda venderlas todas. Yo no me regreso a mi casa hasta que saque toda la mercancía; si es necesario me voy a Coyoacán, yo creo que ahí me va a ir mejor".

Con mejor suerte, decenas de franeleros se apropiaron de la avenida Miguel Angel de Quevedo, acomodaron cientos de vehículos y la cuota que establecieron por cada uno fue de 40 pesos: "Tiene que ser ahorita, seguro me va a ver usted cuando regrese, aquí su coche está seguro, pero entiéndame que tenemos que darle su cuota a los de las grúas", explicó uno de ellos.

Antes de que dieran las siete de la noche, para acceder al jardín Centenario de Coyoacán había que evitar la espuma artificial, que en botes de espray ofrecían los comerciantes ambulantes por 20 pesos; había que cuidarse de la harina y el confeti que se ocultaban en cascarones de huevo.

Se podían comprar todo tipo de antojitos mexicanos: memelas, pozole, buñuelos y dulces cristalizados se consumían rápidamente. Los gritos de ¡Viva México, cabrones! se escuchaaban de vez en vez y el sonido emitido por las cornetas elaboradas con cartón no pararon hasta las primeras horas del 16.

Fuentes de la Secretaría de Seguridad Pública informaron que Coyoacán fue el segundo punto en donde se congregó el mayor número de personas para celebrar el 15 de septiembre, únicamente detrás del Zócalo capitalino.

Cerca de las ocho de la noche, un grupo de danza folclórica comenzó su presentación en el templete instalado a un costado de la iglesia de San Juan Bautista. Acompañados de mariachi los artistas bailaron por espacio de hora y media y los piropos para las bailarinas no se hicieron esperar: "cómo no le voy a chiflar, nada más vela, está muy guapa y además baila bonito", explicó un adolescente que con el rostro cubierto de harina observaba la presentación.

A las nueve, los microbuses circulaban por Tlalpan con banderas nacionales en sus cofres, algunos taxistas portaban el lábaro patrio en sus ventanillas y no faltaba el automovilista que pitaba su claxon repetidamente.

Unas 80 mil personas se congregaron en el Zócalo capitalino para cumplir con el ritual de cada año. Ataviados con pelucas, bigotes postizos, sombreros de paja, rebozos y cualquier prenda alusiva al país, corearon el nombre de los "héroes que nos dieron patria".

Una hora antes de la ceremonia del Grito, la avenida 5 de Mayo representaba una buena opción para acceder a la plancha del Zócalo capitalino. En la cantina La Opera, repleta de comensales, uno de sus meseros aseguraba que en estas fechas es cuando mayores propinas gana: "claro que para mí el 15 de septiembre es importante y también me gustaría estar con mi familia en este día, pero la verdad lo que ganas en este día no se compara con ningún otro... Como que los clientes son más dadivosos, menos agarrados".

Los retenes policiacos eran sumamente fáciles de superar: una botella de tequila oculta entre la ropa podía llegar hasta unos cuantos metros de la puerta principal de Palacio Nacional y varias latas de cervezas terminaron en el atrio de la Catedral Metropolitana.

Puntual, como cada año, a las once de la noche, el titular del Poder Ejecutivo apareció en el balcón presidencial para cumplir con el ritual y después de pronunciar los vivas respectivos, los juegos pirotécnicos aparecieron en escena.

Para los asistentes al Zócalo ésta fue la parte más emotiva. Familias enteras dirigieron su mirada al cielo y los más pequeños emitieron expresiones de asombro.

Ya después vendría un ejército de limpia: decenas de trabajadores con uniforme naranja que en menos de una hora levantarían toda la basura dejada por los asistentes.

Todo tenía que estar listo para el desfile militar del día siguiente.

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