Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 17 de septiembre de 2002
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Política
Suspendida, participación de la fuerza aérea; miembros del gabinete desairaron el acto

Desangelado desfile militar en el Zócalo capitalino

ROSA ELVIRA VARGAS Y PATRICIA MUÑOZ

Con una ceremonia encabezada por Vicente Fox, en la que sólo se escuchó el sentir de una estudiante de secundaria, porque el gobierno federal una vez más no consideró suficiente la conmemoración de la gesta de Independencia para la oratoria oficial, la fecha más importante del calendario cívico mexicano tuvo primero el desaire de un buen número de integrantes del gabinete y, más tarde, un desfile sin aviones.

De ese modo y definido por varios asistentes como totalmente "desangelado", el acto ante la columna de la Independencia vivió el trámite de desahogar sin dilación la entrega de premios para los alumnos y planteles ganadores de los concursos de interpretación del Himno Nacional y de expresión literaria sobre los símbolos patrios. Se escuchó a la estudiante de secundaria Gloria Karina Blando Ramírez, de Pachuca; luego se pasó a la firma por el titular del Ejecutivo del libro de honor al pie del Angel, con un tres veces escrito "Viva México'', y de ahí el traslado a Palacio Nacional.

Con todo, la pieza de Gloria Karina fue sentida: "Aquí estamos, somos la juventud rebelde, el trabajo comprometido y el corazón ardiente de la patria; somos México'', dijo parafraseando quizá sin saberlo un conocido texto del subcomandante Marcos, y esa misma idea la extendió hacia los padres de familia que trabajan y luchan por educación, alimento y techo digno para sus hijos; a los ancianos que están dispuestos a construir el país y a los niños y los hombres de la patria.

Observando desde el sillerío -que tampoco alcanzó a llenarse, por lo que, presurosos, elementos del Estado Mayor Presidencial conminaron sin éxito a los reporteros a ocupar los lugares vacíos, aunque "no eran para prensa"- era palmaria la inasistencia de funcionarios del gabinete y la necesidad que hubo, también ahí, de ocupar las sillas vacías en el presídium con, por ejemplo, el secretario particular del Presidente, Alfonso Durazo, y con el coordinador de Imagen de Los Pinos, Francisco Ortiz.

¿Los ausentes? Francisco Gil, de Hacienda; Javier Usabiaga, de Agricultura; Luis Ernesto Derbez, de Economía; Jorge G. Castañeda, de Relaciones Exteriores; Pedro Cerisola, de Comunicaciones y Transportes; María Teresa Herrera Tello, de Reforma Agraria; Luis Ernesto Martens, de Energía, y el procurador general Rafael Macedo de la Concha.

Se preguntó a funcionarios de prensa si los citados funcionarios habían recibido otras comisiones que justificaran su falta, como haber llevado la representación presidencial, por ejemplo, a otros lares dentro o fuera del país, y la respuesta fue que al parecer no había tal, pues también la presencia en la llamada noche del Grito resultó muy menguada.

Siempre sonriente

Como fuese, es de suponer que al presidente Fox no le preocupó este hecho, pues lucía sonriente y dispuesto. Tanto, que tal vez porque se quedó con ganas de escucharlos de nuevo, cuando se dirigió a los alumnos que habían entonado, como ganadores, el Himno Nacional, les preguntó: "¿Van a cantar?" Y a coro, aquéllos respondieron: "ya cantamos".

Sin detener entonces su largo paso, el mandatario se dirigió al autobús que lo trasladaría a Palacio Nacional, seguido por los representantes de los poderes Judicial, Genaro David Góngora, y Legislativo, Enrique Jackson, por el Senado, y Beatriz Paredes por la Cámara de Diputados.

Ellos mismos, más el jefe del gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador, y Marta Sahagún de Fox, lo acompañarían más tarde en el balcón central de Palacio Nacional.

En la plancha del Zócalo y sin elemento alguno que alterara la tradición, Fox pasó revista a las tropas que momentos más tarde participarían en la tradicional parada militar. Con todo, a diferencia del año pasado, cuando se reanudó, luego de seis años, la presencia de las naves de la Fuerza Aérea Mexicana, esta vez brillaron por su ausencia y muchos se quedaron con ganas de admirar su veloz surcar el cielo capitalino.

Tampoco para esto hubo explicación oficial, y al finalizar el parte rendido por el comandante de la primera región militar, el general Rigoberto Rivera Hernández, dio cuenta de que frente al balcón central de palacio desfilaron, por parte del Ejército, 47 banderas y estandartes; 25 generales, 135 jefes, 860 oficiales, 5 mil 434 cadetes y alumnos, 12 mil 337 elementos de tropa y del Servicio Militar Nacional (SMN), 225 damas voluntarias del SMN, 80 cuerudos, 240 zacapoaxtlas y xochiapulcos, 56 canes, 198 caballos, 284 vehículos blindados, 534 vehículos no blindados y 6 lanchas.

Por parte de la Armada de México, el contingente se integró por 15 banderas, tres almirantes, 934 cadetes y alumnos, mil 831 elementos de clases y marinería, 38 vehículos y 12 lanchas. También estuvo la Asociación de Charros, con 22 mil 597 elementos.

"Los agrupamientos -y todo el día oficial dedicado a la Independencia- podría decirse que pasaron sin novedad."


Con un "Vivan la unidad nacional y la paz" Fox Quesada puso fin al festejo

En menos de 30 minutos el Presidente y la clase política pasaron del fervor patrio a la verbena

Los dirigentes de PRD y PRI, ausentes en la ceremonia oficial del Grito

ALONSO URRUTIA

Un año después, el presidente Vicente Fox Quesada volvió con su grito sugestivo y vehemente: "¡Vivan la unidad nacional y la paz!" Con esa frase finiquitó su arenga con ocasión del 192 aniversario de la gesta independentista. Desde la copada Plaza de la Constitución, la masa respondía puntualmente a coro cuantos "vivas" lanzaba el mandatario, mientras parte de la clase política se disponía a contemplar el estruendoso espectáculo pirotécnico.

Así, con el tañer de la campana de Palacio Nacional, Fox vitoreaba a los tantas veces aludidos "héroes que nos dieron patria", citaba a los caudillos y remataba repitiendo la arenga de su primer año de gobierno: "¡Viva la democracia!"

Esta vez la ceremonia del Grito de Independencia fue presenciada por los representantes de la prensa nacional a distancia, desde un improvisado templete colocado en la calle. Sorprendidos unos, indignados otros, los reporteros adivinaban a distancia quiénes gritaban los "vivas", quiénes entonaban el Himno Nacional o se imaginaban las charlas que sostenían los representantes del poder en los balcones.

Ahí estaba la presidenta de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, Beatriz Paredes, platicando largamente con el director del Instituto Mexicano del Seguro Social, Santiago Levy.

Al Presidente se le veía muy sonriente, podría decirse que feliz, acompañado por su esposa Marta Sahagún y sus hijos. Una y otra vez saludaba a la muchedumbre reunida. Llena la plaza, había presenciado el espectáculo de decenas de intérpretes, cortesía del Gobierno del Distrito Federal, cuya actuación se dio por concluida media hora antes del comienzo de la ceremonia. "Es así como llevamos hasta ustedes este espectáculo por cortesía del gobierno de la ciudad, un gobierno que sí cumple."

Así, comercial de por medio, entraron la banda del Ejército y el coro de la Marina, antes del tradicional Grito. No más de 30 minutos de llevar el fervor patrio hasta el extremo, antes de pasar a la verbena, así nomás, dentro del Palacio Nacional.

Allí se encontraba reunido el poder político y económico en pleno: dirigentes empresariales, que convivían con la clase política, el gabinete y hasta el clero católico compartían pambazos, tamales, tostadas, sopes de chorizo, vinos y aguas, entre otras cosas.

El obispo Onésimo Cepeda platicó casi toda la noche con el líder del priísmo en el Senado de la República, Enrique Jackson; el secretario de Gobernación, Santiago Creel, conversaba con corresponsales extranjeros, quienes tuvieron acceso al Palacio Nacional desde el comienzo de la ceremonia; el cuestionado contralor, Francisco Barrio, quien se niega a hablar.

Hubo políticos de todos los partidos, pero ni a Roberto Madrazo ni a la amiga del Presidente Elba Esther Gordillo se les vio. Tampoco llegó la dirigente nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Rosario Robles, que apenas unas horas antes había encabezado una multitudinaria manifestación contra el proyecto foxista de reforma eléctrica.

Llegaron también los representantes de la administración capitalina, esta vez encabezados por el propio jefe de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador, quien, aunque brevemente, estuvo presente en la ceremonia del Grito de Independencia, acompañado por su secretario de Gobierno, José Agustín Ortiz Pinchetti, y el subsecretario Alejandro Encinas.

Los actores Gonzalo Vega, María Victoria y Marco Antonio Muñiz estuvieron entre los selectos comensales que compartieron ayer la exclusiva verbena en el patio central del Palacio Nacional. Un breve recorrido del Presidente con el fondo musical del mariachi Lucero de la Mañana, y nada más.

Mera convivencia, pues esta vez no hubo discursos ni entrevistas.

Afuera, la desbandada popular, después de horas de euforia, huevos de harina, trompetas, buñuelos y tamales, todo aquello que tenga referente nacional. Cohetes que estallan aquí y allá. La vendimia en pleno y la seguridad compartida entre el Estado Mayor Presidencial y la Secretaría de Seguridad Pública, que garantizaron un saldo blanco.

Corren los primeros minutos de la madrugada del 16 de septiembre y el personal de limpieza toma por asalto la explanada del Zócalo. Se inicia la carrera contra el tiempo para dar paso al desfile militar.

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