Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 29 de agosto de 2002
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Contra

Blanquean la historia del traidor Mejía

Busca el PAN queretano que los restos del incondicional de Maximiliano reposen junto a los de La Corregidora

ROSA ELVIRA VARGAS Y MARIANA CHAVEZ

Del Cerro de las Campanas al Panteón de los Queretanos Ilustres. Tomás Mejía, aquel indígena y militar conservador que fue fusilado con Miguel Miramón y Maximiliano de Hasburgo el 19 de junio de 1867, vive hoy un proceso de blanqueo de su registro histórico para transformar su impronta de traidor a la patria por una de ''lealtad innegable'' y, por esa vía, llevar sus restos del panteón de San Fernando, en el Distrito Federal, a un nicho en la capital queretana, donde quedaría nada menos que al lado de La Corregidora, Josefa Ortiz de Domínguez.

En esa compulsión que tiene la derecha por rescribir la historia, el panismo del ayuntamiento de Querétaro ha acogido la idea y pretende conseguir que, junto a otros ciudadanos dignos de ser considerados eminentes, egregios, insignes, excelsos, preclaros y demás sinónimos de grandeza, figure también Tomás Mejía.

De acuerdo con la solicitud fechada el 11 de febrero por el cronista de la ciudad, Eduardo Loarca Castillo, además del militar entrarían al ilustre sepulcro otros 11 personajes, entre músicos, médicos, clérigos y hasta un ''funcionario público de enormes méritos y virtud'', don Ricardo Rangel Cabrera.

Con la mera definición de Mejía como un ''valiente queretano de lealtad innegable'', el promotor de su traslado borra de un plumazo toda la trayectoria de un hombre que fue definido en 1856 por el ministro de Guerra del entonces presidente Ignacio Comonfort como un ''constante conspirador contra todas las administraciones, sin principios políticos y sin fe''.

Y ahí no paraba la descripción del nacido en Pinal de Amoles, elaborada incluso años antes de que Mejía tomara causa abierta por el imperio. Se le caracterizaba como un hombre ''capaz de implorar la protección del gobierno cuando se halla impotente, sin dejar por esto de maquinar hasta ponerse en estado de volver a sublevarse, burlando sus más sagrados compromisos y traicionando a los que han seguido su suerte'', según se lee en el libro Los gobernantes de Querétaro (1823-1987), de James R. Fortson.

A partir de que se hizo pública la intención de llevar al Panteón de los Queretanos Ilustres al general que, en los convulsos años de la Reforma, siempre pactó y combatió al lado del bando conservador, las reacciones surgieron de inmediato.

Los encargados de preservar la mmaxiemoria queretana y del país, entre ellos Modesto Cervantes, coordinador de extensión académica de la Facultad de Historia de la Universidad Autónoma de Querétaro, rechazaron la idea porque con ello se violarían las disposiciones legales y jurídicas que han permanecido en la Constitución desde 1857 en cuanto al delito de traición a la patria.

Mejía, subrayó Cervantes, se alió a la invasión extranjera para matar mexicanos, ''y eso no puede ser recompensado''.

En su registro biográfico se indica que en marzo de 1862 ''Mejía decidió colaborar con los franceses'', y que en noviembre del año siguiente atacó la ciudad de Querétaro (como ya lo había hecho varias veces antes para combatir a los liberales) con el objeto de abrir paso a los imperialistas... ''Posteriormente conquistó varios triunfos y en noviembre de 1864, tras tomar la ciudad de Matamoros, recibió la felicitación del emperador Maximiliano, quien por sus méritos lo nombró comandante militar de Tamaulipas''.

Durante el tiempo que duró el imperio del archiduque enviado por los franceses a gobernar México, los servicios de Mejía se volvieron inapreciables, incondicionales y eficientes, al grado de ser nombrado jefe del tercer cuerpo del ejército. A principios de marzo de 1867, las tropas liberales se lanzaron contra Querétaro, y Mejía, aunque destacó en el combate, no pudo evitar que la ciudad quedara rodeada y se iniciara el sitio.

"... la situación de los sitiados no tardó en volverse desesperada. Mejía intentó obtener la colaboración de los queretanos, mas muy pocos acudieron a su llamado." Cuando finalmente la ciudad sucumbe ante el avance de los liberales, los jefes imperialistas no alcanzaron a huir y todos ellos fueron hechos prisioneros.

Entonces, como se ve, en algún momento, y no obstante que en los albores de su carrera militar había sido muy querido entre sus paisanos (de hecho fue fugaz gobernador del estado tres veces y había tomado por las armas la ciudad en tres ocasiones), ante la disyuntiva de apoyar a uno de los soportes del imperio, la población queretana le dio la espalda y tras su aprehensión fue testigo del juicio de dos días en que se dictó la suerte de Maximiliano, Mejía y Miguel Miramón: el fusilamiento.

Frente al pelotón de fusilamiento, dice la historia, "Maximiliano hizo votos porque su sangre sirviera a la independencia y a la libertad de México; Miramón leyó un largo discurso en el que rechazaba el cargo de traidor; Mejía murió sin decir nada, tras besar un crucifijo..."

De este modo, siglo y medio después, en medio de una campaña por reivindicar a ciertas figuras, hace mucho juzgadas, del pasado mexicano, por reinterpretar las aportaciones de símbolos de la nacionalidad como Benito Juárez, o de plano por borrar del calendario cívico a personajes como Pancho Villa, hoy le corresponde el turno a Tomás Mejía.

El debate en el municipio de Querétaro ante la propuesta es encabezado por los regidores Eduardo León Chaín, del PRD, y Joaquín Hernández Peña, del PRI, quienes han acusado a su colega panista Natalia Carrillo de ser responsable de la propuesta del traslado. Ella lo ha negado, aunque no acepta dar la cara.

Y no obstante que hace ya varios meses que el tema ocupa a muchas personas, no ha podido darse la última palabra, y el traslado de los restos del paisano sigue en suspenso porque el Consejo Consultivo para el Panteón de los Queretanos Ilustres carece de un reglamento que precise cuáles son las características que deben tener los candidatos a tan honroso sitial.

Un borrador de ese ordenamiento está siendo analizado en este momento por el área jurídica de la presidencia municipal, en que por cierto también se han deslindado del proyecto y sólo afirman que fueron "familiares", "ciudadanos", los que presentaron la solicitud al cronista Loarca Castillo. Sin embargo, el cabildo tiene mayoría panista y será ahí donde se tome la decisión.

Pero con todo, un reglamento como el que ahora se esgrime para analizar el caso de Tomás Mejía no fue necesario para trasladar al sepulcro de los ilustres a queretanos como Miguel Domínguez, esposo de la Corregidora; al arquitecto Ignacio Mariano de las Casas; a la benefactora Josefa Vergara y Hernández; al impulsor del desarrollo de Querétaro, Epigmenio González, o al mismo fundador de la ciudad, Félix Osores Sotomayor.

Algo pues saldrá, y pronto, sobre tan inopinado impulso por redimir a Mejía. Las opiniones de un lado y otro actúan en sus diversos planos. Dígalo si no el hecho de que a principios de julio, y en una actitud absolutamente inédita, un grupo de personas solicitó permiso en el panteón de San Fernando para montar una guardia de honor ante la tumba de Mejía. Así lo hicieron, y al salir de una rápida ceremonia, una corona quedó adornando la cripta.

Por otro lado, en el afán de abrir una discusión académica que lleve a conclusiones sobre si el general queretano fue héroe o villano, sobre cuál fue el papel que desempeñaron liberales y conservadores en el siglo XIX, la Universidad Autónoma de Querétaro anuncia, para el próximo día 30, un foro de discusión en el que participarán los historiadores José María Villalpando y Alejandro Rosas. Están por confirmar su asistencia el poeta Hugo Gutiérrez Vega y el escritor Carlos Monsiváis.

Queda entonces la expectativa de si la figura de Tomás Mejía permanecerá en su sitio o tendrá uno nuevo.

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