Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 29 de mayo de 2002
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  La Jornada de Oriente
  Correo Electrónico
  Busquedas
  >

Mundo

Manuel Vázquez Montalbán

De la euroizquierda a la euroderecha

De vez en cuando tenemos la sensación de que Europa sigue siendo sólo un mercado no del todo avenido y un amplísimo aeropuerto para los aviones de guerra estadunidenses. Tal vez la impresión se deba a que el objetivo del consenso económico europeo ya casi se ha cumplido y en cambio la realidad europea se percibe llena de contradicciones, marcada por una división norte-sur interior, así como por la inexistencia de una Europa política y social.

Se ha creado la frágil conciencia de que Europa es necesaria si aporta un modelo de desarrollo y de globalización alternativo al diseñado por los centros de poder económico y de ingeniería financiera. Lamentablemente en la década de los años 90 del siglo XX se produjo la primera ocasión en que la euroizquierda estuvo en el poder en casi toda Europa, el suficiente tiempo para demostrar que se parecía demasiado a la euroderecha. Para vencer la resistencia de los izquierdistas occidentales frente a la llamada Europa de los mercaderes, Berlinguer y Brandt aparecían como el posible eje vertebrador de una Europa de izquierdas capaz de ofrecer ese desarrollismo global alternativo del capitalista y razonaban su propuesta en el sustrato cultural dejado por una Europa durante siglos combativa por y germinadora de ideales y fuerzas de emancipación.

Del eje Brandt-Berlinguer hemos pasado al de Fortyun-Berlusconi y Le Pen está condicionando la oferta de derechas en las próximas elecciones legislativas francesas, mientras a Schroeder sólo le salvó la crisis de Khöl y sus corrupciones y Blair ha dado la razón a su amigo Giddens: es como Margaret Thatcher, pero con sonrisa y sin bolso. Yo añadiría que Blair también carece de la permanente que exhibía la novia de Pinochet, aquella permanente incorrupta de la Thatcher que tanta competencia le hizo a la principal reliquia española, el no menos incorrupto brazo de Santa Teresa. Que la euroizquierda soñada hace 30 años haya dado paso a una euroderecha en la que participan posfascismos, prefascismos, parafascismos y oportunismos varios, no se explica por los valores específicos de la oferta neoderechista, sino por el desconcierto promovido por una izquierda que todavía no ha dado respuesta propia al desorden nacional e internacional consecuencia del final de la guerra fría. Hemos asistido, todavía asistimos, a la ceremonia de la confusión voluntariamente creada por las izquierdas establecidas, ceremonia en la que oficia mister Blair, topo neoliberal diríase que diseñado por Le Carré.

Si en algún pliegue de la memoria quedaron las imágenes de los jefes de gobierno asistentes a la celebración del 50 aniversario de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), acompañados de sus respectivas esposas, convertido el acto, pues, en un desfile de modelos representativos del gusto y de la ética, veremos que en cierto sentido fue la plasmación de esa ceremonia de la confusión que en Europa ha desencantado el voto de izquierdas. Mientras los políticos se solazaban con los festejos que siempre acompañan este tipo de colaboraciones y precisamente por eso habían llevado a sus parejas, desde el criterio un tanto involucionista de que las mujeres lucen más, brigadas de trabajadores rescataban de entre los escombros de la televisión serbia trozos de cadáveres de profesionales de la información aplastados por las bombas de la OTAN. El garden party oceánico se celebró sin que ni siquiera a alguien se le ocurriera, en representación de la euroizquierda, por ejemplo, pedir un minuto de silencio en memoria de las víctimas de una guerra no declarada, ritual que se respeta hasta en los campos de futbol cuando se ha muerto la suegra del presidente del club.

Si las pautas de conducta de izquierdas y derechas son a veces iguales, igualdad incluso consensuada, mientras la crítica de la globalizacion la detenta una izquierda extramuros del sistema, es lógico que el consumidor de propuestas políticas quede en libertad de escoger otros estuches en el supermercado, por si lavan más blanco o le devuelven a la placenta nacional a salvo de los peligros de la invasión de los bárbaros, es decir, los inmigrantes. Ese consumidor de nuevas derechas se convierte en corresponsable de los efectos de la conjura de los cínicos contra la conjura de los necios. La nueva derecha, como la vieja, como la de siempre, propone retornar a un supuesto orden sagrado relacionado con las leyes naturales del individuo y la sociedad, y las izquierdas residuales van a remolque de la política necesaria que le dictan los sondeos de opinión.

De Brandt-Berlinguer a Fortyun-Berlusconi, unos 30 años de miseria intelectual y estratégica de la izquierda establecida nos contemplan.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año