Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 27 de mayo de 2002
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  La Jornada de Oriente
  Correo Electrónico
  Busquedas
  

Economía
León Bendesky

Crecimiento

ssegún la versión oficial la recesión económica ya habría tocado fondo y empezaría a revertirse el registro todavía negativo de la producción del primer trimestre del año, sumamente desfavorable en particular para el sector de la industria manufacturera y el comercio. El dato esencial de esta postura es que las exportaciones crecieron a ritmo favorable en abril después de varios meses de retroceso y, como se sabe, la dinámica de la producción está totalmente ligada a lo que pasa con la demanda en Estados Unidos. En todo caso, aun las más optimistas proyecciones de crecimiento lo sitúan alrededor de 1.8 por ciento para el año, cifra muy baja en cuanto a las necesidades sociales del país y, también, de las expectativas fijadas al inicio del gobierno. Con ello durante este sexenio se podría esperar, siempre que las condiciones sean favorables, una expansión productiva promedio del orden de 4 a 5 por ciento.

En donde las cosas son más firmes es en el control de la inflación, que este año estima el Banco de México en 4.5 por ciento y confirma su pronóstico de llegar a 3 por ciento en 2003. La política monetaria se ha beneficiado mucho del régimen cambiario, es decir, de la flexibilidad del valor del peso frente al dólar, así ha sido posible reducir la tasa de interés al tiempo que se aprecia el peso y baja el ritmo de crecimiento de los precios. En condiciones de no intervención de las autoridades en la fijación del tipo de cambio, la afluencia de dólares, principalmente por la vía de la inversión extranjera directa, ha abaratado esa moneda y, con ello, el costo de las importaciones, lo cual abate los precios internos.

Mientras haya bastantes dólares la política antinflacionaria podrá seguir dando resultados positivos. Para que esa oferta siga creciendo se necesitan atraer suficientes flujos de inversión y, sobre todo, mantener las corrientes de exportaciones de manufacturas y esperar que los precios del petróleo se sostengan en un nivel alto. De otra manera sólo le quedará al gobierno aceptar todavía más bajas tasas de crecimiento para evitar que se provoque un desequilibrio en las cuentas externas que genere una nueva crisis financiera. Los flujos de la inversión extranjera directa han sido menores a los esperados y los campos que la atraían no son ahora los más rentables, por ello se seguirá insistiendo en la apertura del sector energético y en la venta de lo que queda al gobierno, como ha sido el caso de Aseguradora Hidalgo y lo que falta de las líneas aéreas.

La pregunta básica es si este modelo de crecimiento que funcionó de manera razonable entre 1996 y 2000 -en un circuito virtuoso del dólar- puede recrearse y, sobre todo, mantenerse como fuente de expansión. Al respecto se aprecia que una de las fuentes de ese crecimiento eran las maquiladoras de exportación, sector que más castigado salió con la caída de la demanda externa desde 2001, y eso que al final ni siquiera hubo una recesión en la economía estadunidense. Ello muestra la patología de nuestra economía y la insuficiencia de las políticas de estímulo al crecimiento que se imponen no sólo con criterios técnicos muy estrechos de gestión, sino con bastante poca imaginación. El esquema maquilador está agotado por razones de mercado y por la falta de capacidad de atracción de México frente a las ventajas salariales que ofrecen otros países, sobre todo en Asia, y conviene que en el gobierno se convenzan de que por ahí ya no va ningún proyecto productivo y de generación de empleos.

El proceso de crecimiento con baja inflación tiene límites en el terreno productivo que están ligados con la productividad, que es, finalmente, la única base de la competitividad en mercados abiertos. Por ello debe considerarse el asunto de los salarios. No sólo se necesita una corriente constante de dólares para ir bajando la inflación, sino que el esquema exige un entorno de bajos salarios que no saquen de la competencia "global" a los que producen en México, sean nacionales o extranjeros. Aun aceptando que la depreciación del peso no generaría ventajas competitivas duraderas, como se sostiene ahora, el hecho es que no hay margen para una elevación sostenida del salario.

Los salarios deberían fijarse en relación con la productividad, pero hoy se dice que no están suficientemente en línea con las expectativas de la inflación. Cada vez que se firma un contrato de trabajo por encima de la meta de inflación oficial se provoca una presión adicional sobre los precios. Ahí es donde entra el tema de la productividad, primero para reconocer en el salario los aumentos efectivos que se registran en varios sectores, y luego para poner en evidencia que en la economía mexicana no existen las condiciones ni los estímulos para el incremento de la productividad por la vía de la mayor inversión. Una economía con crecimiento y baja inflación necesita de un cimiento en la productividad, que se expresa en la eficiencia general del sistema económico. Ese aspecto de la política de desarrollo está aún sofocado en México.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año