Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 19 de mayo de 2002
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Deportes
Christian Patiño y Adolfo Ríos, las figuras de unas Aguilas enrachadas y con suerte

América rompió sequía de 11 años; ganó 2-1 a Pumas y clasificó a la final

Autogol de Miguel España, el único sobreviviente de los universitarios campeones en 90-91

 MARLENE SANTOS A.

Once años tuvieron que pasar para paladear la dulce venganza. El llanto feliz y los gritos de júbilo de la minoría de aficionados águilas estallaron con fuerza en medio del silencio espectral de los auriazules, que tras el pitazo final permanecían en su lugar enmudecidos e incrédulos, ayer en el abarrotado estadio México 68, donde América venció 2-1 a Pumas.

Sin dar un gran partido, pero enrachados, de buena vena y, sobre todo, con el gran momento de Christian Patiño, pudo más la juventud águila que la auriazul.

La suerte tomó partido desde el minuto siete, cuando el veterano de mil batallas, el hombre de experiencia, Miguel España, cometió un error garrafal al dar dirección a un centro de Pável Pardo e hizo autogol.

El 1-0 daba el pase a los de Coapa y el técnico de Pumas, Hugo Sánchez, saltó de su banca con evidente preocupación; comenzó a pasearse nerviosamente por su área. Sus pupilos se lanzaron al ataque, se adueñaron del esférico y del juego, y remitieron al América a su propio predio.

Víctor Müller se hizo presente en el área visitante, pero se topó con otro americanista inspirado, el portero Adolfo Ríos, que salvó varias veces su meta y sacó a relucir el colmillo al consumir tiempo, hasta que lo amonestó el silbante Felipe Ramos Rizo, quien este martes partirá al Mundial.

Pero América, equipo que ya hizo del contragolpe su mejor arte, apeló a ese recurso y al minuto 36 estuvo a punto de aumentar su ventaja y sólo un providencial despeje de Gerardo Galindo sobre la línea de meta, evitó el tanto.

Empero, el equipo con mayor pujanza siguió siendo la UNAM y al minuto 43 obtuvo la anhelada recompensa.

Galindo desbordó por la derecha, sacó centro que remató con la cabeza el Karusha Müller, el cual no pudo contener Adolfo Ríos. El 1-1 provocó el estallido festivo en las gradas, las goyas surgieron por doquier, las banderas ondearon y el humo teñido en amarillo y oro pintó el aire. De nuevo los auriazules acariciaban el boleto.

Pero Hugo Sánchez olvidó que la mejor defensa es el ataque y sembró el desconcierto entre sus pupilos al ordenar el repliegue de filas. Plantó un irreconocible Pumas defensivo que aguardaba con titubeos los avances del rival.

A un costado, en la banca visitante, Manuel Lapuente comenzó a echar mano de sus hombres. Ingresó al desencanchado Bam-Bam Zamorano, y con mejor acierto a Manuel Ríos.

Al minuto 16 del segundo tiempo, Ramos Rizo, en polémica acción no marcó lo que parecía penal cometido por Jesús Mendoza sobre el Parejita López.

El joven Ríos no tardó en mostrar su eficacia, ya que al minuto 67 dio certero pase a segundo poste, donde Christian Patiño sólo tuvo que darle un toque suave al esférico para vencer a Esdras Rangel.

Eufórico, Patiño emprendió loca carrera de festejo, sacó el pecho para ponderar la imagen de la Guadalupana y poco caso hizo a las felicitaciones de sus compañeros.

Hugo metió al Gonzo González, a Rafael Márquez y más tarde a Rodrigo Lemos, pero ahí enfrente estaba el América como pez en agua, defendiéndose, destruyendo avances, disparando el esférico a cualquier punto del graderío.

Lapuente siguió echando mano de su pléyade juvenil, relevó a Manuel Ríos, quien apenas jugó 11 minutos, por Carlos Sánchez. En su banca ya todos estaban de pie, nerviosos, ansiosos, esperando el silbatazo final.

En la banca local Miguel España ?que había dejado su lugar al Gonzo?, era el único jugador presente de aquel Pumas campeón en 90-91; tenía el rostro desencajado, todo lo contrario de hace 11 años, cuando la derrota fue americanista.

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