Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 19 de mayo de 2002
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Política
BAJO LA LUPA

Alfredo Jalife Rahme

El presidente George W. Bush ¡sí sabía!

NO ES UN TITULO del periódico Granma de Cuba ni del Babel de Bagdad: Bush "¡sí sabía!", fue el encabezado demoledor de The New York Post, un rotativo (curiosamente ligado al Partido Republicano) que se publica donde ocurrieron los atentados del 11 de septiembre que pudieron, quizá (¿chi lo sá?), ser prevenidos, como se trasluce de los informes puntuales de la FBI y la CIA, que advirtieron desde hace ocho años (el pitazo de Filipinas), pasando por el luminoso reporte La sociología y sicología del terrorismo (de septiembre de 1999 y disponible en la Biblioteca del Congreso), y del memorándum de un agente de la FBI en Phoenix, Arizona (que leyó Bush sin inmutarse el 6 de agosto pasado), en que afloran escenarios probables de los atentados, con sus coreografías. El informe del 6 de agosto, 36 días antes, es determinante porque enfoca los ataques a la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA (en otro informe queda claro que el World Trade Center era también objetivo, como lo había sido antes), sin que se hayan tomado las mínimas precauciones de seguridad (al menos, no se notaron en los cielos ni en las fronteras).

LA SENADORA POR NUEVA YORK, ex primera dama y probable candidata presidencial Hillary Rodham Clinton fustigó la impericia del presidente Bush. No se trata de que el equipo Bush lance a su jauría (des)informativa global (tales sus Fernández de Castro y Ana María Salazar) para persuadirnos a los crédulos tercermundistas, que siempre creemos a pie juntillas la propaganda de Washington, sino de que ahora pueda convencer a sus propios ciudadanos y, en especial, a los citadinos de Nueva York, donde cunde la furia contra el "comandante supremo de las fuerzas armadas".

BUSH NO TIENE SALIDA: en el mejor de los casos, exhibió su legendaria ineptitud negligente cuando el país peligraba, mientras se tomaba unas larguísimas vacaciones en su rancho de Crawford, Texas, y/o, en el peor de los casos, fue atrapado en su presunto encubrimiento diabólico con fines aviesos (como ha sido acusado por la representante Cynthia McKinney, una demócrata de Georgia, de que el 11 de septiembre, por sus consecuencias, había favorecido los negocios del Grupo Carlyle). O los dos.

EL 11 DE SEPTIEMBRE encumbró a Bush de un mediocre desempeño, con menos de 50 por ciento de aceptación nacional después de la elección bananera de Florida, a un asombroso 90 por ciento como "comandante supremo de las fuerzas armadas" en guerra contra afganos islámicos del paleolítico (que el mismo Estados Unidos había armado). Ahora el 11 de septiembre puede ser el Waterloo de Bush, quien se juega toda su credibilidad y vuelve a ver puesta en tela de juicio su legitimidad. Hasta su esposa, Laura, desde Hungría tuvo que salir en defensa del atribulado presidente a quien la opinión pública culpa de negligencia (¿criminal?).

EL VICEPRESIDENTE CHENEY ha salido de su escondite (dicho literalmente) a amenazar a media humanidad y, en particular, a acosar, y a acusar entre líneas, a los "demócratas", de "traición a la patria" (lo cual en Estados Unidos es perseguido penalmente; y los tribunales militares, sin derecho a defensa ni apelación, se encuentran instalados para cualquier eventualidad). ¿Qué datos comprometedores ocultaría la dupla Bush-Cheney, para estar tan nerviosa?

LOS LIDERES del Partido Demócrata, como en los grandes tiempos de crisis, olieron sangre y capitalizan el desplome de la invencibilidad del presidente Bush y su mercadotecnia primitivamente patriotera. Una pregunta que enmudeció a Condoleezza Rice, la amazónica asesora de Seguridad Nacional, durante una sesión a puerta cerrada con los senadores demócratas: ¿por qué el procurador Ashcroft dejó de viajar en vuelos comerciales antes del 11 de septiembre? A propósito, ¿por qué los satélites de Estados Unidos no detectan a Osama Bin Laden, el jerarca de Al Qaeda, ni al mullah Omar, el líder de los talibanes? En una entrevista concedida en estos días al periódico árabe As-Sharq Al-Awsat, de Londres, el mullah Omar reiteró que Osama se encontraba estupendamente bien y negó que haya sido el autor del 11 de septiembre. ¿Por fin? ¿A quién creer, entre Omar y Bush?

DESDE EL 5 DE OCTUBRE del año pasado, Jane's, la agencia militar estratégica británica, planteó la sospecha que acosa (¿y acusa?) a la dupla Bush-Cheney: "Desde marzo la misión permanente de Rusia en la ONU sometió al Consejo de Seguridad un reporte detallado sin precedentes sobre la infraestructura terrorista de Al Qaeda en Afganistán, pero el gobierno de Estados Unidos optó por no actuar". ¿Por qué? ¿Por la geopolítica del gas y el petróleo?

El 11 de septiembre como negocio



NO ESTAMOS ALEGANDO de ninguna manera que el equipo Bush se encuentre diabólicamente detrás de los atentados del 11 de septiembre (ni siquiera se nos ocurriría semejante monstruosidad), como muchos sectores entre los enemigos globales de Bush habían empezado a cuestionar (por ejemplo la hipótesis de "atentados triangulados" para sacar a Estados Unidos de la recesión y de su grave crisis financiera: un laisser faire, laisser passer monetarista; algo así como unas chicuelinas neoliberales). Tampoco abordaremos las especulaciones sobre la reciente detención muy extraña de dos israelíes ilegales con explosivos en el estado de Washington, reportada por Fox News de Estados Unidos (no las "Noticias Fox" de México y sus lorocutores), ni el arresto de otros 60 israelíes en diciembre pasado bajo sospecha de espionaje y de ocultar información relacionada con el 11 de septiembre. Hasta ahora, el "irrefutable" autor del 11 de septiembre, según las aseveraciones de la FBI ("evidencias" que desecharía hasta un juez penal de rancho guanajuatense), que parecen más bien un montaje hollywoodense, es el yemenita-saudita Osama Bin Laden, un "ex" (¿?) agente de la CIA y "ex" (¿?) aliado comercial/petrolero del nepotismo dinástico de la familia Bush, y "punto.com".

NOS REFERIMOS MAS BIEN a otros tipos de "negocios" que han surgido entre los más de 3 mil cadáveres y los escombros de las Torres Gemelas de Nueva York, como la recaudación electoral en una reciente noche de gala en la que gracias a la presencia del "comandante supremo de las fuerzas armadas", el Partido Republicano recaudó 30 millones de dólares de las grandes corporaciones. Además, por 150 dólares de aportación mínima se tenía derecho a compartir una foto montada a bordo del avión presidencial Air Force One, compartiendo la charla entre el presidente Bush y el vicepresidente Cheney durante los momentos trágicos del 11 de septiembre.

POR LO VISTO, las catástrofes arrojan fuertes dividendos en la etapa bushiana y las corporaciones donantes con un mínimo de 250 mil dólares fueron: la petrolera Chevron (donde Condoleezza Rice, la asesora en Seguridad Nacional, fue ejecutiva), la tabacalera Philip Morris (de no muy buena fama que se diga), Microsoft, Union Pacific (no podía faltar la compañía de Zedillo en la foto de la deshonra), El Paso Corporation (que despedazó junto con Enron la economía de California), la aseguradora AIG (American International Group, que ya se repuso sicológicamente ocho meses después de que dos empleados y 24 familiares de otros trabajadores perdieron la vida en el WTC, y pese a pérdidas por 820 millones de dólares producto del siniestro), y otras empresas farmacéuticas y del complejo militar-industrial. La mancillada empresa contable Ernst & Young solamente pudo contribuir con 100 mil dólares (son tiempos de crisis para las descalificadas empresas contables globales, a raíz del caso Enron).

SIN CONTAR EL GRAN NEGOCIO petrolero de la guerra de Afganistán y el vigoroso repunte bursátil de las empresas vinculadas al complejo militar-industrial, posteriores al 11 de septiembre, nada se asemeja a las suculentas ganancias, de acuerdo con una pulcra investigación de Walter Pincus, de The Washington Post (14 de mayo), que ha obtenido la empresa de inversiones con sede en Washington, el Grupo Carlyle, que concentra a ex secretarios como Frank Carlucci y al texano James Baker III, muy ligados al nepotismo dinástico de la familia Bush.

Inminente citatorio del Congreso a Bush (por el caso Enron)


EL COMITE SENATORIAL de Asuntos de Gobierno, encabezado por el controvertido senador demócrata Joseph Lieberman, quien por cierto se encontraba también en la nómina de la gasera texana Enron, amagó con emitir un citatorio judicial para hacer declarar a la Casa Blanca por sus "contactos" con la quebrada Enron (¿para contrarrestar las amenazas subliminales de Cheney contra Hillary?). El senador Lieberman, un judío ultraortodoxo, quien fuera candidato a la vicepresidencia junto a Al Gore, ha manifestado sus intenciones de competir en la elección presidencial de 2004, que ya se adelantó a todas luces, en medio de las próximas elecciones cruciales de noviembre de este año. El presidente Bush puede ser atrapado bajo el fuego cruzado del 11 de septiembre y el 2 de diciembre (fecha histórica de la quiebra de la gasera texana Enron). Los demócratas presienten que el nepotismo dinástico de la familia Bush repetirá su maldición de no poder nunca relegirse ni en la Casa Blanca ni en Florida.

¿A quién le conviene la guerra nuclear India-Pakistán?


EN UN REPORTE DE Bruce Riedel, un allegado al ex presidente Clinton en el Consejo de Seguridad Nacional, se revela que Pakistán estuvo a punto de emplear armas nucleares en 1999 durante su conflicto fronterizo con India. En estos momentos, las dos potencias medianamente nucleares del subcontinente indio, la región más densamente poblada del planeta, se encuentran al borde de la guerra por los atentados en Cachemira, infiltrada por los jihadistas de Al Qaeda. Para el londinense The Times, el "eje de inestabilidad" abarca Afganistán, la frontera de India con Pakistán, y Nepal (donde se ha recrudecido la lucha entre la monarquía proestadunidense y la guerrilla maoísta). Pues en ese "eje de inestabilidad" interconectada habitan más de mil 200 millones de seres "fracasados", según la doble cosmogonía del "choque de las civilizaciones" del racista Samuel Huntington y el "nuevo imperio" de Robert Cooper. De acuerdo con las estadísticas del Banco Mundial, en el subcontinente indio se concentra la mitad de los pobres del planeta. Como no podemos perder de vista el contexto bushiano del laisser faire, laisser passer monetarista, ¿una guerra nuclear neomalthusiana entre India y Pakistán mejoraría notablemente las estadísticas de la globalización financiera, para felicidad de Zedillo y el Banco Mundial?

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
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