Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 17 de mayo de 2002
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Exhuman un crimen para volver a enterrarlo

Preparan en Puebla el carpetazo al expediente de Joel Arriaga, comunista asesinado en la guerra sucia

BLANCHE PETRICH ENVIADA

Puebla. Con una tardanza de casi 30 años, la Procuraduría de Justicia de Puebla citó finalmente a declarar al ex gobernador Gonzalo Bautista O'Farril respecto al asesinato del maestro Joel Arriaga, miembro del Partido Comunista Mexicano, ocurrido en 1972. En ese momento, el ahora octogenario político había sido señalado como responsable del crimen por los familiares y compañeros del catedrático.

Fue en enero de este año cuando el anciano finalmente dio su versión de los hechos. Y en pocas líneas revivió el fantasma de la cruenta lucha que tres décadas atrás libraron los sectores de ultraderecha que él encabezó y el movi- miento estudiantil de la Universidad Autónoma de Puebla, controlado en aquella época por el Partido Comunista.

arriaga_joel_ksxDel asesinato de Arriaga y otro profesor, Enrique Cabrera, ocurrido cinco meses después, el ex mandatario acusó ''al grupo que capitaneaba'' el rector (de la UAP) Sergio Flores; es decir, a los propios correligionarios de la víctima. También acusó al rector comunista de exigir a los estudiantes que pretendían estudiar en la UAP ''presentar credencial del PCM, pagar 200 pesos, entregar 200 cartuchos y una pistola de cualquier calibre". Y finalmente reconoció que el procurador federal enviado por el entonces presidente Luis Echeverría para tomar las riendas de la investigación, David Franco Rodríguez, despachó y residió durante un mes en la casa del propio Ejecutivo estatal.

La declaración de Bautista fue la última diligencia que realizó la agente del Ministerio Público Gema del Rocío Montero en torno al caso Arriaga, uno de los crímenes emblemáticos de la represión en los años 70 en este estado.

Un año antes, temiendo que el delito estuviera próximo a prescribir, la viuda Judith García había demandado la reapertura de la investigación. Y en efecto, la procuraduría estatal accedió a reactivar el caso, sólo para declararse poco después incapaz de continuar la investigación por lo "disperso" de las líneas de investigación y lo "discrepante" de las declaraciones de los testigos. Ahora se prepara para enterrar definitivamente el expediente.

Desde luego, Judith García de Arriaga, sobreviviente de la emboscada que mató a su marido, ha brincado al recibir el oficio del MP en el que le informan que el expediente en cuestión será remitido "al archivo de reserva". Denuncia: "Quieren darle carpetazo, en buen mexicano. En 29 años hicieron como que hacían y no hicieron nada. ƑA qué tienen miedo? ƑA que de repente me acuerde de la cara de los asesinos?"

En la ampliación de sus declaraciones, Judith García reiteró, como lo hizo en 1972, que el ex gobernador Gonzalo Bautista O'Farril tuvo responsabilidad en el asesinato. La agente del MP quiso precisiones: "ƑVio usted al acusado balear a su esposo?"

La familia Arriaga, catedráticos y representantes de sectores de la sociedad poblana se alistan a contrarrestar la maniobra. En breve se presentará denuncia ante la fiscalía especial que creó el gobierno federal para investigar los asesinatos ocurridos en aquellas décadas y se presentará el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

"ƑPor qué, si la tendencia aquí es aclarar los hechos de la guerra sucia, si en América Latina cada vez se ventilan más facetas de lo que fue la Operación Cóndor, en Puebla quieren asegurar bien la tapadera?", se pregunta Judith.

Treinta años atrás, en Puebla...

El asesinato de Arriaga -21 de julio de 1972- ocurrió en el marco de la embestida de sectores patronales, religiosos y agrupaciones de ultraderecha que proclamaban la acción directa contra los ateos y comunistas del Partido Comunista y el movimiento estudiantil que entonces pugnaban por controlar la Universidad Autónoma de Puebla y desplazar resabios de aquel conservadurismo católico "a la poblana".

La emboscada contra el maestro de 35 años, que manejaba un Opel gris en las calles del centro de Puebla, fue el detonador de una oleada violenta que en poco menos de 10 meses produjo siete asesinatos más y el asalto armado al edificio Carolino de la UAP.

Fue, aquella, una guerra sucia unilateral, ya que a diferencia de otros estados como Nuevo León, Guerrero o Jalisco, donde había organizaciones guerrilleras que disparaban y devolvían disparos, en el escenario poblano se reprimía a un Partido Comunista desarmado, incluso antiguerrillerista, empeñado en irradiar su ideología desde la universidad hacia el campo y las fábricas.

El país vivía los tiempos de Luis Echeverría, un político diestro en dar golpes de efecto que aparentaran apertura política y en tender, a su vez, gruesos mantos de impunidad sobre las acciones de los cuerpos armados que liquidaron, antes, durante y después de su sexenio, a centenares de opositores.

Puebla vivía los tiempos del gobernador Gonzalo Bautista O'Farril, priísta sui géneris, hombre fuerte muy hecho a la medida de la rancia derecha poblana que había apostado, junto con su contraparte en Monterrey, a realizar el viejo sueño prepanista de llevar a la silla presidencial a uno de los suyos. Conservador a ultranza con su dosis de pragmatismo, Bautista O'Farril, al parecer, era el indicado. El obispo y la Confederación de Trabajadores de México (CTM) estaban de acuerdo.

Recién nombrado gobernador interino en 1971, Bautista O'Farril fue agasajado por la cúpula del empresariado poblano con un banquete en el restaurante El Merendero. A los postres, el orador principal advertía al mandatario estatal que "la juventud engañada puede hundirnos en la anarquía", y lo alentaba a ejercer la mano dura: "Deber del gobierno es mantener la paz y el orden. Las medidas que en cumplimiento de esta alta misión debe usted emplear tienen por anticipado el aplauso de la comunidad poblana".

Otro episodio como Canoa

La lección de San Miguel Canoa no había calado en ese medio. Tres años antes, envenenados por la prédica anticomunista de la época, los pobladores de esa comunidad en las faldas de La Malinche habían linchado a un grupo de trabajadores de la UAP, arengados por el párroco que los había tildado de comunistas. Eran simples excursionistas, católicos también, sin activismo político alguno.

En la capital del país habían entrado en acción los halcones, en la represión del Jueves de Corpus. Pero algunos empresarios ultraconservadores confiaban más en los grupos secretos de ultraderecha que, como el Muro o los Boinas Rojas de Nezahualcóyotl, preferían la "acción directa" y las operaciones abiertamente terroristas para "acabar con el comunismo" con la bendición de la cúpula eclesial. En la UNAM y el Politécnico grupos de porros atacaban los intentos de reagrupamiento, después del 68 y el 71.

Puebla era un gran semillero de estos grupos. Actuaban, al amparo del arzobispado, grupos como la Frente Universitario Anticomunista -en el que militó el actual alcalde poblano, Luis Eduardo del Sagrado Corazón de Jesús Paredes Moctezuma- y Nueva Juventud. Junto con los Caballeros de Colón, la Junta de Mejoras de la Ciudad de Puebla y algunas secciones de la CTM, solían formar un grupo ecléctico de abajofirmantes de los desplegados que salían de la mano del arzobispo Octaviano Márquez y Toriz. Eran católicos y franquistas. Agredían -ni el ex presidente Echeverría se salvó de esos dardos- a quienes simpatizaron con el presidente Salvador Allende. Después fueron pinochetistas y desde luego anticastristas. Activistas contra el satanismo, el erotismo y el comunismo. Gente decente, pues.

Por la noche, se sembraban en los pilares de los portales las semillas del clima de linchamiento contra los universitarios. Pintas y volantes. Uno de ellos: "Madre de familia: si quieres que tus hijas sean unas prostitutas, mándalas al Carolino". Amenazas de muerte. Los nombres de Arriaga y Cabrera estaban incluidos.

Eran tiempos aquellos en los que desde las columnas periodísticas de Manuel Buendía y el suplemento cultural de la revista Siempre! se documentaba el día a día de ese enfrentamiento entre la izquierda "realmente existente" y "la falange poblana".

Cuenta la viuda Judith de Arriaga: "Un día, sería en el 80, me llamó Buendía por teléfono. Me dijo: 'estoy empapándome de los acontecimientos en Puebla en los setenta; quiero escribir algo de usted, quiero conocerla. Dentro de poco voy a ir a Puebla ƑPodré verla?' Semanas después oí de su asesinato."

Ya no tuvo tiempo el columnista. Pocas semanas después, en mayo, fue asesinado.

ƑQuién fue Arriaga?

Era arquitecto graduado del Poli y desde muy joven militante del PCM. "Todo el trabajo de Joel era legal -recuerda Judith, su esposa-, pero, claro, los comunistas estaban proscritos y eso significaba vivir semiclandestino." En el 68 el acoso contra él se cerraba y la dirección de su partido decidió enviarlo unos días a un festival cultural en Bulgaria. Por eso no estuvo en Tlatelolco el 2 de octubre. Pero recién llegado fue detenido y desaparecido, como tantos otros. Del Campo Marte pasó a Lecumberri acusado de instigar a la violencia y asociación delictuosa. Cinco años después salió.

En Puebla empezó como director de la Librería Universitaria; impulsó la creación de la Facultad de Economía (carrera que estaba a punto de terminar) y fue nombrado director de la preparatoria nocturna Benito Juárez. Por sus dotes de buen arquitecto era apreciado en círculos de gente con dinero. Tenía tres hijas pequeñas.

Uno de sus discípulos hoy sostiene que las de Joel y el maestro Enrique Cabrera fueron ejecuciones selectivas. "Tenían visión y proyecto a largo plazo y un gran carisma, un gran arrastre entre los universitarios." Los círculos de estudio de Arriaga eran concurridísimos, con estudiantes que se agolpaban incluso en los patios, escuchando reverentemente. Con Cabrera se organizaron brigadas de trabajo político en la sierra poblana.

A los seguidores del arzobispo no se les había escapado la importancia de estos dos formadores de cuadros. En los portales del Zócalo aparecieron, a mediados de 1972, libelos en los que amenazaban de muerte a estos "autores de conjuras ateas" y "servidores de la URSS, su madre adoptiva", y "esclavos del eje ruso-cubano-chileno".

La noche del día 12, saliendo de la universidad, Arriaga acudió con varios profesores y funcionarios más a la cafetería Ritz, en los portales de Puebla. Ahí lo alcanzó su esposa Judith. Cenaron, se despidieron y abordaron el auto familiar, rumbo a su casa. Los esposos hablaban de las frecuentes fiebres y recaídas de la hija mediana. Joel comentaba que quizá sería

necesario operar de las anginas a la pequeña. Sobre la calle 24, aún en el centro, se detuvieron frente a un bache recién abierto. Arriaga maniobró hacia la izquierda para esquivarlo. Un auto amarillo grande -recientemente le facilitarían a la viuda un catálogo automovilístico para identificar la marca; era un Valiant- los rebasó. De la ventanilla derecha salieron decenas de disparos de dos armas distintas, de calibre igual. Una penetró en el cráneo del conductor del Opel. Tres más en el tórax.

Instantes después de la balacera, la esposa, aterrada, bajó del coche y pidió auxilio al conductor de un Volkswagen azul que estaba detenido detrás de ellos. "Sí, ya vi", expresó el conductor y no hizo más. A contracorriente se había detenido una patrulla de la Policía Federal de Caminos. Judith García entonces corrió hacia sus ocupantes. Ninguno de ellos se movió. Por el contrario, cerraron el paso de la calle transversal por donde el auto amarillo escapaba.

Unas vecinas que vieron lo sucedido desde su ventana llamaron a la Cruz Roja. A pocos minutos de llegar al Hospital Latinoamericano Arriaga había muerto.

Al día siguiente, un enorme cortejo fúnebre -se calcularon seis mil personas- recorrió 12 kilómetros desde el Edificio Carolino hasta el cementerio local exigiendo justicia, entonando La Internacional y reclamando al gobernador Bautista y al arzobispo Márquez no encubrir a los asesinos.

Una radicalización irreversible

En el siguiente número de Siempre! Heberto Castillo escribió: "El asesinato de Joel Arriaga es un eslabón de la cadena que quiere ahogar los impulsos renovadores en las universidades, no es un caso aislado y suena a escarmiento, a advertencia". Carlos Monsiváis, en su artículo en la misma revista, advertía sobre la "radicalización irreversible" que marcaba el momento político en el país.

En efecto, en los meses siguientes las calles de la ciudad señorial se convirtieron en escenario de marchas de protesta del movimiento estudiantil y contramarchas de amenaza de lo que Buendía llamó "la falange", que culminaron el 18 de agosto con una demostración de fuerza de Bautista. Convocados por un conservadurismo ecléctico, que igual daba cabida a los Caballeros de Colón y a los Comités Juveniles Marianos que al grupo neofascista Nueva Juventud (contraparte de Muro, que ya operaba en la capital) o a las bases de la CTM y la CROM, a las cámaras de comercio y de la industria, a la banca y al propio arzobispo Octaviano Márquez y Toriz, importante protagonista de su época, el gobernador logró generar una de las concentraciones más numerosas que en esa época hubieran tenido lugar. Se habla de 100 mil personas coreando y apoyando la mano dura del gobernador.

Ahí se dieron expresiones como la de Gerardo Pellico, presidente del Comité Coordinador de la Ciudadanía Poblana, que ofrecía la toma "a sangre y fuego" de la UAP. "Solo esperamos una orden de usted, señor gobernador."

En diciembre de 1972 moría asesinado otro profesor, Enrique Cabrera. Y el primero de mayo de 1973 se escenificaba en el Edificio Carolino una masacre tipo Tlatelolco y Jueves de Corpus. Cinco estudiantes fueron abatidos por francotiradores.

Bautista había colmado la copa. Echeverría dispuso su caída días después.

El despido de Bautista fue saludado por los estudiantes con bailes en las calles cercanas a la UAP y con paros patronales y cierres de comercios por parte de las cámaras empresariales. El Partido Acción Nacional lamentó la salida del gobernador priísta que tanto se había acercado a su credo. Asumió la gubernatura Melitón Morales; los presos políticos, que ya sumaban decenas, no salieron de la cárcel sino mucho tiempo después; los grupos de ultraderecha se fueron extinguiendo con el cambio de aires y el arzobispo Márquez y Toriz permaneció firme en su púlpito, con su misma prédica, hasta que falleció.

Ninguno de los 10 asesinatos en la cuenta de Bautista O'Farril fueron aclarados.

En aquella época se decía, como ahora, que las investigaciones de los delitos "irían al fondo, cayera quien cayera". Y, como ahora, nada se investigaba.

Preocupado por la repercusión nacional de la ejecución del maestro, Echeverría envió a su procurador federal a tomar personalmente las riendas. Sin guardar ni la más mínima forma para aparentar imparcialidad, el abogado de la nación, David Franco, se instaló en casa del gobernador Bautista -señalado como autor intelectual- y desde ahí despachó un largo y moroso mes.

A los pocos días ya habían brotado 60 líneas de investigación. Recuerda Judith, la viuda: "En un momento me quisieron culpar a mí de haber matado a Joel, porque tenía su sangre en mi vestido. En otro momento sacaron la idea de que había sido un soldado enamorado de mí que por celos lo había matado. Culparon a sus amigos, al rector Sergio Flores. šLo que no inventaron, por Dios!"

Al poco tiempo la amenaza viró contra la viuda. Una noche, saliendo de una gasolinera, a bordo del Opel de su difunto marido, un auto la embistió por detrás y prensó su coche contra un camión que delante de ella había frenado bruscamente. El viejo carrito de la familia Arriaga quedó como acordeón, pero Judith sobrevivió. Sobreviviría a otro atentado, años después. "Le he de caer bien al güerito Chuy", dice, siempre risueña a pesar de la adversidad.

La averiguación previa del homicidio de Joel Arriaga durmió en los cajones de los ministerios públicos federal y estatal durante 29 años. El año pasado, previendo una próxima fecha de prescripción del delito, la viuda pidió que se reactivara la investigación. La PJE aceptó desempolvar el viejo expediente sólo con la idea de volverlo a enterrar, esta vez definitivamente.

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