Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 14 de mayo de 2002
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Cultura

Teresa del Conde

Alberto Castro Leñero y la forma

Más de 70 obras de Alberto Castro Leñero se exhiben en el Museo de la Ciudad de México y ocupan los espacios del piso superior. Sin duda es una exposición que hay que ver, pero no porque registre los puntos esenciales en su consistente trayectoria, situación que desde mi punto de vista hubiera resultado más interesante, pues sus últimas exposiciones -la del Centro Cultural Olin Yoliztli- ofrecieron selecciones parecidas a la actual. La carencia de catálogo, que hasta donde sé está en proceso de preparación, hace pensar en una premura por exhibir que parece innecesaria.

No es que la selección presentada, a cargo de Guadalupe Alvarez y de un equipo de trabajo, sea deficiente; lo que sucede es que resulta algo forzada porque se eliminaron, salvo contadas excepciones, las obras con referencias figurativas que son las que en mayor medida entregan al pintor. La museografía pudo haber sido más desahogada, aun y cuando los espacios son lo suficientemente generosos para contener lo que se exhibe.

Me parece errónea la inclusión de las cerámicas relativas al proyecto Talavera, porque su colocación va en demérito de la índole misma de la muestra. Será que en esta época me ha perseguido la famosa frase de Mies van der Rohe: menos es más. Creo que la exposición hubiera ganado en solidez si algunas piezas, ya demasiado balconeadas o no tan logradas, se hubiesen suprimido para dar más aire a las otras.

En la primera sala campea el vitral en tonos verdes, realizado en acrílico sobre plexiglas con estructura de acero e iluminado con luz neón por detrás. Si se encontrara en un vano, la iluminación no sería necesaria y por eso hablo de un vitral que enaltecería a cualquier construcción contemporánea, preferentemente religiosa. Cerca se encuentra una escultura pintada a la encáustica, cuya estructura recuerda en demasía una de las columnas de Brancusi, de la primera década del siglo XX, cosa que está lejos de ser un defecto, pues buena parte de las esculturas de esa centuria son deudoras de Brancusi. Esta y la que cierra la exposición están en tónica geométrica.

La pieza en acero Arco, que me recordó las maquetas de Gabriel Macotela, también me trajo por asociación la Rueda de la fortuna, de Gabriel Orozco, que como ésta se presentó anclada en el piso partida por la mitad, con lo que su función de ''fortuna" se desdijo.

Las esculturas en bronce, finamente patinadas tienen como eje partes del cuerpo humano que se convierten en otra cosa. Este proceder tiene raigambre surrealista: Dalí y Tanguy lo exploraron en pintura. El ''nudo" es un falo vuelto sobre sí mismo que me hace evocar las serpientes con las que Laocoonte y sus hijos fueron severamente castigados.

Hay una pintura -de magnífica factura- que es en realidad la representación pictórica de una escultura. Eso tiene que ver con el título de la exhibición y con el sentido que Alberto le ha dado que va como sigue:

''La experimentación plástica lleva al artista a representar algo inmaterial e irreductible a la forma". ƑQué será ese algo no reductible a la forma?, creo que sólo Dios. Pero si algo hay aquí es formas, estallidos, vías lácteas, gestos, hibridaciones, una especie de cosmogonía totalmente formal que me hizo extrañar obras anteriores de este artista que se convirtieron en puntos de referencia. Pienso, por ejemplo, en su serie sobre ''el mar", en las ''victorias" y en las ''fortunas".

El vitral al que antes me referí hace pendant con la pieza más impactante de la muestra, Mandala, justamente colocado de modo tal que el tiro visual potencía su importancia. Un mandala es siempre imagen arquetípica del universo y el tamaño de éste, 350 x 350, acrecienta su condición. Ojalá esa obra encuentre acomodo en alguna colección exigente o en algún contexto de tipo empresarial que ofrezca un tiro visual tan adecuado como este del Museo de la Ciudad de México.

Alberto Castro Leñero tiene seguidores y su incidencia es incuestionable. Si no me resultó del todo lograda la presente selección, no es debido a que las piezas en lo individual carezcan de valía. Pero sucede que las reiteraciones se acentuaron y el ímpetu por plantear equivalencias con el cuerpo, que no el cuerpo mismo, resultó excesivo, porque Ƒcuántos artistas no quisieran manejar cuerpos, árboles o paisajes como lo ha hecho él? Y si de buscar originalidad se trata, recordemos que nada hay nuevo bajo el sol. Resulta paradójico, pero la posible originalidad queda cancelada si es buscada como meta.

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