Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 7 de mayo de 2002
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Cultura
Máscaras de la ficción, libro sobre el imaginario personal del semiólogo catalán

Alerta Gubern contra la vigencia plena del vampirismo de los medios

Imponen sus puntos de vista a toda la sociedad, nos roban las ideas y la identidad, expresa

Frankenstein es un eco de Prometeo y ahora ronda los laboratorios, opina el investigador

ARTURO GARCIA HERNANDEZ

¿Qué tiene que ver la criatura del doctor Victor Frankenstein con el sexagenario Supermán? ¿Qué comparten el mítico Sherlock Holmes victoriano y el Indiana Jones de la era Reagan? ¿Cuál es la relación entre Lolita, la púber hipersexuada de la novela de Vladimir Nabokov, y el mentiroso Pinocho? La respuesta es que todos los personajes citados representan mitos que han marcado de manera significativa el imaginario popular desde la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX hasta nuestros días de Internet, clonaciones y capitalismo globalizado.

Por eso el semiólogo e investigador catalán Román Gubern (Barcelona, 1934) los ha reunido en su libro más reciente, Máscaras de la ficción (Anagrama), en el que desfilan medio centenar de personajes emblemáticos de la narrativa, el cine y los medios de comunicación masiva en Occidente. Así, nos encontramos también con Raskólnikov, el culpígeno personaje desarrollado por Dostoievski en Crimen y castigo; con la gitana Carmen, fundadora de la estirpe de ''mujeres fatales" que luego saltaron al cine; el justiciero Zorro y el dual ''Dr. Jekyll y Mr. Hyde"; Drácula y Alicia, la del País de las Maravillas.

Ciencia: control ético y social

-¿Qué aprendizaje o conclusión obtuvo de esta revisión exhaustiva y erudita de medio centenar de arquetipos o personajes?

-Hace mucho me propusieron hacer una antología de personajes de ficción. Estaba ocupado y no la hice, pero años después la retomé; hice una lista de nombres y al terminar advertí que había escrito de mis fantasmas personales. Fue una selección subjetiva, arbitraria si se quiere. Ahí está por lo menos parte de mi imaginario. Y aprendí que el hombre necesita soñar, siempre ha necesitado soñar y esos sueños derivan de fantasías arcaicas de la humanidad que vienen desde la era de las cavernas, que sólo cambian de rostro y se acomodan a cada época; cambian su peinado o su vestido, pero son estables y permanentes porque el imaginario humano es muy estable; tiene grandes fantasmas colectivos que nacen de sus carencias, límites, frustraciones, deseos incumplidos. Esos no cambian.

-Por ejemplo, ¿qué le da vigencia a la criatura de Frankenstein si el clima social, cultural y científico no es el mismo que el de la Revolución Industrial?

-El monstruo de Frankenstein es un eco de Prometeo y es evidente que ahora, con el desarrollo de las biotecnologías y el tema de la clonación, anda rondando en los laboratorios. Un eco de Frankenstein ya está en ''Los replicantes" de Blade runner o en Robocop. Prometeo roba el secreto de la vida a Júpiter y es castigado. Eso en la cultura griega pagana, pero llegamos a la Edad Media y vemos que en la cultura hebrea aparece el Golem y en 2001 Odisea en el espacio Kubrick le da a la inteligencia artificial la forma de una supercomputadora, la HAL-9000. Esto es una protofantasía estable de la humanidad, cambian los nombres pero no el concepto.

-¿Cabe leer en Frankenstein una advertencia de orden ético?

-Por supuesto. Existe un debate en Estados Unidos y Europa sobre el futuro de las biotecnologías. Es verdad que la novela de Mary Shelley en ningún momento condena de forma explícita al científico, pero en los hechos queda claro que fracasa cuando quiere copiar, arrogante, el poder de Dios. Me temo que hoy día entre las multinacionales farmacéuticas y las industrias de bioteconología a veces no priva el interés ético y social. En el punto al que llegamos, con la convergencia de las biotecnologías y de la informática, Los Replicantes están a la vuelta de la esquina. El poder que tiene la ciencia es tan grande que si no hay un control ético y social sobre ella, estamos perdidos. Urge hacer un llamado a las responsabilidades científicas, porque la ciencia ha adquirido poder autónomo.

La televisión por encima del cine

¿Y la vigencia de Drácula?

Es el personaje que nos sorbe la sangre, las ideas, la personalidad, la identidad. Es lo que en este momento hacen la publicidad, los medios de comunicación y las cadenas globales de televisión; imponen puntos de vista a toda la sociedad, pues nos roban las ideas y la identidad.

''A Drácula no hay que leerlo literalmente. Por ejemplo, Africa es el paria del mundo global y está muriendo de sida y de hambre. Cuando uno ve que en un país de ese continente hay guerras tribales fratricidas, ¿qué ocurre?; van ahí corriendo unos reporteros de la CNN o de una cadena global, confeccionan la noticia, la crónica, la envían por el aire a todo el mundo y resulta que el sur se ve a sí mismo mediante una versión mal capturada, porque los camarógrafos y reporteros que van ahí están cinco días y han recreado la versión de las guerras tribales africanas. Eso significa despojar de identidad. En ese sentido el vampirismo tiene plena actualidad.''

Usted asevera en su libro que los medios de comunicación masiva degradan los arquetipos en estereotipos.

-Cuando el cine y la televisión manufacturan lo que hacen es poner énfasis en el entretenimiento. Eso ha sido un reduccionismo, una simplificación. Sobre todo de la televisión, que ahora es más influyente que el cine. La principal fuente de ingresos de las majors del cine es la venta de videocasetes y de dvd; la segunda es la transmisión por televisión y la tercera del ingreso en salas públicas; se ha invertido el viejo esquema. El consumo de la televisión generalmente se hace al final de la jornada laboral, cuando se llega cansado a casa, a las siete u ocho de la tarde; se quita los zapatos y busca chicle para los ojos. Aprovechando esta situación objetiva del consumidor, se impone al ley del menor esfuerzo y el menor esfuerzo es chicle para los ojos. Eso tiende a simplificar y, claro, cuando las novelas del siglo XIX pasan a la pantalla, pues son casi versiones de cómic. Eso conduce a que el arquetipo se degrade a la condición de estereotipo.

Librar la batalla cultural

-La última palabra sobre muchos de los personajes que usted menciona en el libro la ha dicho Hollywood. ¿Eso es sano para las culturas nacionales o regionales?

-En Europa, cerca de 80 por ciento de las películas que se exhiben en las pantallas grande y pequeña son de origen estadunidense. Hay todo un debate sobre eso, pero el único país con una política consistente en la defensa de su identidad cultural es Francia. Con la que estoy de acuerdo. España, cuando gobernaban los socialistas, estaba en línea con la política francesa. Ahora que gobierna el Partido Popular, conservador, está en línea con Estados Unidos. Estamos sometidos a un chaparrón de pensamiento homogénico; eso es lo que ocurre en el mundo moderno. Debemos dar una batalla cultural, que es una batalla ideológica, mercantil y básicamente política. Porque el mundo que vemos e interpretamos lo hacemos mediante las imágenes que difunden las cadenas de televisión y las majors.

Román Gubern -autor de El eros electrónico y Del bisonte a la realidad virtual- impartirá desde hoy el seminario King Kong: del Empire State a las Torres Gemelas. Aunque -en sus palabras- todo mito es poliédrico, en este caso abordará desde su ''carácter anticipatorio" del 11 de septiembre de 2001 y su lugar en el imaginario colectivo estadunidense y mundial.

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