Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 11 de abril de 2002
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Cultura

Entre buenas voces y muchos nervios la cultura retornó al remozado recinto

Zarzuela y glamur protagonizaron la reapertura del Teatro de la Ciudad

Templo de asombros y cofre de remembranzas

Plácido Domingo fue el director concertador

ANGEL VARGAS

Noche de nostalgias y filigrana. De incredulidad, por verse de nueva cuenta en un México que ya se creía extinto, el de la zarzuela y su glamur. La reapertura del remozado Teatro de la Ciudad es la ocasión.

Las calles aledañas ven trastocada su cotidianidad, con el incesante trajín de lujosos automóviles, guaruras, elegantes caballeros y emperifolladas damas. Contraste de fragancias: finas, de París, y fétidas, de las alcantarillas.

Vallas fuera del edificio, majestuoso en su fachada amarilla y en los terminados y decorado interiores. Templo de asombros, cofre de remembranzas. Despliegue de seguridad por los trajeados oficiales del Estado Mayor; chícharo a la oreja, guoquitoqui en mano y mirada expectante. Algunos transeúntes, curiosos, se detienen para ver de qué se trata.

María Bonita, petición anónima

Son las 19:40 horas del martes y llega el embajador estadunidense Jeffrey Davidow, como también lo hace el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, y otros políticos, funcionarios, artistas e intelectuales. Los convidados especiales, el presidente Vicente Fox y su esposa arribarán más tarde, antes del intermedio.

Ya en el interior del inmueble, una vez franqueados el detector de metales y la revisión de seguridad, el selecto público se acomoda entre las mil 300 butacas, aún con olor a nuevo, como reciente es también el aroma de la pintura de paredes y de alfombras.

Treinta y siete millones de pesos y dos años de trabajo se requirieron, según cifras oficiales, para que el teatro, construido por Esperanza Iris en 1918, reabriera sus puertas. Equipos nuevos, desde la mecánica teatral hasta sistemas de iluminación y sonido.

El espectáculo comienza con media hora de retraso. Es una ocasión especial no sólo para las autoridades capitalinas: ver consumada la reapertura del teatro y con ello el inicio de uno de sus proyectos culturales más impozarzuela_teatro_l9ertantes. Lo es también para Plácido Domingo. Así lo haría saber de manera pública al final, cuando interpreta fragmentos de la jota Aragón la más famosa y no María Bonita, como se lo había pedido un grito anónimo de entre el público.

El tenor, quien fue invitado como director concertador, explica que su negativa para interpretar el tema del Flaco de Oro se debe a que la voz podría rompérsele en llanto por tantas emociones vividas en un solo día:

El nacimiento oficial de un grupo artístico con el nombre de sus padres, la Compañía Mexicana de Zarzuela Domingo-Embil; compartir función con su nieto Dominic y su sobrina Maite y, sobre todo, estar de nuevo en un teatro donde experimentó alegrías de infancia y, prácticamente, donde decidió dedicar su vida a la música.

Plácido Domingo suelta un largo y profundo do de pecho, a dúo con el tenor Rolando Villazón; los bailarines del Cuadro de Danza del Real Club España, vistosamente ataviados, de hinojos hacen una reverencia; la Filarmónica de la Ciudad culmina el último compás y el público estalla en pirotecnia de aplausos y bravos. Más de dos horas de función han terminado.

La gala Viva la zarzuela ofreció un recorrido por confines de España y por el recuerdo de los tiempos que se creían idos y que hoy se busca recuperar.

El Teatro de la Ciudad volvió a brillar y a tener en su cartel, aunque en fragmentos, a Luisa Fernanda, Las Leandras, La revoltosa, La verbena de la Paloma y La leyenda del beso, entre otros títulos. Noche de nostalgia, filigrana, ceceos, baile, castañuelas y grandes voces en cuerpos jóvenes.

Generosidad del tenor, con un compás atrás

Se percibió la vuelta a la era del ceceo

PABLO ESPINOSA

Buenas voces, muchos nervios, hartísimo glamur

Durante la reinauguración del Teatro de la Ciudad, la noche del martes, fueron evidentes muchas cosas, entre ellas que la cultura sigue siendo rara avis que lo mismo adorna que hace lucir que palia muchas cosas. Era chistoso ver encopetadas y elegantos trepando la gallera en pos de la butaca de cortesía -''invitados de honor"- hasta casi el techo del teatro. Mientras, en lugares preferenciales, personas mayores de edad agradecían con aplausos al jefe del Gobierno capitalino que hubiera repartido cortesías entre ellos, mezcladas con las obligadas invitaciones a patronos, políticos y funcionarios. En el escenario, mientras, mucho rollo y retórica a cargo de los maestros de ceremonia, muchos errores, tropezones, pifias de comparsas y bailarines, pero eso sí, excelentes voces mexicanas. Esplendor.

En el foso, el excelente tenor Plácido Domingo iba por lo menos un compás atrás de la orquesta. Si para muchos es polémico que el cantante tome la batuta, aquí la justificación es clara: abrió un brevísimo paréntesis en su agenda para apadrinar un noble proyecto cultural que de rebote beneficia, a diferencia de experiencias semejantes como ocurre con el gobierno foxista, al gobierno perredista, como resultado de la convivencia de distintas filiaciones políticas en el mismo territorio. La generosidad de tal apresuramiento impidió tiempo de ensayo al tenor en la batuta, lo cual puede explicar en parte su desempeño en el podio. El final fue muy feliz, empero.

En cuanto a la zarzuela de nuevo quedó demostrado que se trata de un género caduco. Su raigambre ''popular" es sedimentada: siempre ha sido diversión de las ''clases acomodadas", mientras que el populacho chifla o rumia las canciones de rebote, pues al menos que, como en esta ocasión sucedió, les regalen los boletos, las clases populares no tienen acceso a los eventos de cultura, que el destino manifiesto orienta a los altopudientes.

Esplendor del baile español

La función de antenoche por lo pronto fue un retroceso de la historia, teatralmente volvimos a la era del ceceo. Además de caro, las opciones de cultivo artístico son limitadas. Por lo menos las hijas de familias ricas podrán aspirar a bailar en teatros formales cuando sus papis las hagan tomar clases de ''flamenco" porque eso es náis.

Sin embargo, la bondad de todo proyecto cultural queda de manifiesto en este caso en la apertura de fuentes de empleo y oportunidades para las extraordinarias voces operísticas mexicanas que surgen de manera entusiasta.

Apenas en proyecto, la posibilidad de hacer resurgir la zarzuela en México aparece como un punto posible de claridad en la vida cultural del país, donde lo único claro es la falta de proyecto de cultura.

De la noche del martes quedó algo también muy claro en escena, al ver el esplendor del baile español en acción: que olé, olé, olé, y sigue oliendo.

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