Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 17 de marzo de 2002
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Política

Rolando Cordera Campos

Camino de Monterrey

Con malos augurios para el corto plazo, la Conferencia In-ternacional sobre la Financia-ción para el Desarrollo, de Naciones Unidas, encontrará en Monterrey un escenario adecuado. Riqueza concentrada y presumida, pobreza extendida y, por lo menos durante los próximos días, contenida y sometida al control policiaco y militar.

Regodeo en la opulencia, que de vez en vez recibe el rescate del Estado al que deturpa pero ahora busca ocupar y copar, junto con la búsqueda incesante de una sobrevivencia digna por medio de la migración y el trabajo a cualquier costo. Eso y más es la ciudad que "venció al desierto" y que en los próximos días se volverá efímera capital del Gran Dinero.

Malos augurios: ni Bush ni la Unión Europea parecen dispuestos a comprometer en serio sus recursos para que se alcance la meta propuesta para la ayuda oficial al desarrollo; América Latina seguirá estancada este año y México crecerá con celeridad... pero por debajo del crecimiento demográfico. Los recortes de ayer, sugiere el despistado subsecretario de Presupuesto, se enlazarán con los de mañana, si así lo manda el veleidoso petróleo; mientras tanto, diputados y senadores, junto con sus flamantes directivas partidistas, se aprestan para otra jornada legislativa de autismo consumado, dejando las reformas estructurales para un después sin fecha.

Malas nuevas y viejas certezas: el mundo, y con él nosotros, se mueve al filo de la sierra, al borde del desastre ecológico o social, y de agudas exigencias a unas democracias frágiles, acosadas por la corrupción y la fuga hacia adelante de políticos sin adjetivos pero llenos de objetivos personales inconfesables.

Con diáfana claridad, la representante de la OCDE en nuestro país definió la situación: "Poseer uno, dos o tres grados de inversión no significa que el país ya se graduó en desarrollo económico... existen importantes rezagos estructurales y problemas de dualidad que no corresponden a los países miembros (de la OCDE), como el inaceptable nivel de pobreza que tiene la población rural y un alto índice de mexicanos en zonas urbanas" ("La pobreza mantiene a México como una economía emergente", entrevista a Gabriela Ramos por Yolanda Morales Quiroga, El Econo-mista, 12/03/02, p.12).

Por su parte, la secretaria de Desarrollo Social advierte: "lo social no puede esperar a que lo económico termine de resolverse... La política económica y la social son lo mismo... esta falsa dicotomía de insistir en separar y creer que todo lo social tiene que ver con demagogia, manipulación... ha sido uno de los peores obstáculos que no hemos sabido vencer en América Latina y que en el caso de México nos han atrapado en una discusión que nos ha llevado muchos años de trabajo... la visión de nosotros, concluye la secretaria Vázquez Mota, es que cada decisión de política económica sea una decisión de política social" (La Jornada, Juan Manuel Venegas y Carolina Gómez, 15/03/02, p. 9)

Estos deberían ser los ejes de la reflexión para un efectivo y duradero consenso internacional, pero distan de serlo. Monterrey podría ser un primer paso para intentar un giro y redescubrir la sociedad, global pero inmensamente pobre. Podría presumirse entonces que el mundo empezó a ponerse sobre sus pies y que la globalización empezó a su vez a adquirir un rostro humano, para dejar de ser parábola imperial y, como ha sido hasta la fecha, credo único, neoliberal. Lo más probable es que ocurra tal por ahora, y que nosotros seguiremos empeñados en seguir la suerte de los que mandan, resignados a mantenernos en la cola.

Ser "país frontera", entre riqueza y pobreza, como bien lo resume Monterrey con su orgullo laboral y la prepotencia de sus plutócratas, no nos ha llevado a profundizar el entendimiento sobre esta realidad vergonzosa que se reproduce sin permiso de nadie, sino más bien a cultivar con esmero la posposición, el soslayo, de ese encuentro obligado entre economía y sociedad, que por ahora sólo se ha dado para empeorar a la segunda.

El presidente Fox se queja de que nadie recoge sus cifras de aliento en el empleo. No resulta fácil hacerlo, entre otras cosas porque las que sobresalen son otras, que van en sentido contrario del cálculo presidencial. Quizás, a la vuelta de la Sultana del Norte, gobierno y Congreso vuelvan los ojos a la realidad más cercana y se pongan a discutir en serio sobre el estado real de la economía.

De hacerlo, tendrán que convenir en que no se puede seguir con esta feria de cifras a la orden, ni dejar la política económica al amparo de los temores y el mal humor de los cancerberos de Hacienda. Entonces, sólo entonces, los números dejarán de oler a manipulación y la conducción económica podrá buscar otra empatía con la política social. Hasta hoy, han sido lo mismo, pero no para bien, porque la que carga con todo es la segunda, para mal

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