Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 27 de febrero de 2002
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Economía

Alejandro nadal

Conacyt: la carreta y los caballos

Es casi un lugar común afirmar que la inversión en ciencia y tecnología es motor del crecimiento económico. Se dice que si el país invierte en investigación científica y desarrollo experimental crecerá más, aumentará su competitividad, se promoverá el desarrollo social y hasta elevará la protección del medio ambiente.

El gobierno afirma lo anterior en su iniciativa para la nueva ley del Conacyt, presentada al Congreso, pero la realidad es mucho más compleja.

La inversión en investigación y desarrollo experimental (IDE) depende de las condiciones económicas de un país. Esto es cierto para los sectores público y privado. En general, si una economía mantiene fuerte ritmo de crecimiento, el gasto en ciencia y tecnología tiende a aumentar. Si la economía se encuentra en recesión crónica o atraviesa por periodos de aceleración y freno, la inversión en IDE tiende a decrecer o al menos a permanecer estancada.

Numerosos estudios en Europa, Estados Unidos y Japón muestran que el crecimiento del producto interno bruto (PIB) es determinante en el comportamiento del gasto en ciencia y tecnología. Por ejemplo, un estudio sobre 17 países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), en 1999, reveló que la elasticidad del gasto en IDE con respecto al crecimiento del PIB es de 1.2. Otro estudio para países industrializados estimó ese coeficiente entre 1.7 y 2. Esto quiere decir que la tasa de crecimiento del gasto en IDE es de entre 1.7 y 2 veces más alta que la tasa de crecimiento del PIB.

Por eso es crucial analizar la relación entre el marco macroeconómico y la inversión en investigación científica y tecnológica. La economía mexicana no tiene por qué ser una excepción. El estancamiento del producto interno bruto durante 20 años, la incertidumbre, la volatilidad, la política monetaria restrictiva y los recortes presupuestales son factores clave que determinan el comportamiento del gasto público y privado en IDE.

Las reducciones en el gasto público afectan directamente el esfuerzo científico y tecnológico públicos. Por eso el gasto federal en ciencia y tecnología permanece estancado: en 1990 era .3 por ciento del PIB y 12 años después apenas llega a .4 por ciento.

En el gasto privado, el efecto directo más importante se debe al alto costo del crédito. Pero el tipo de cambio sobrevaluado (utilizado como ancla del sistema de precios relativos para contener la inflación) también tiene un efecto importante.

Pero las empresas del sector privado también sufren un efecto indirecto por medio del bajo crecimiento, la demanda castigada y las expectativas negativas derivadas de la incertidumbre. Además, en el sector privado hay presiones para privilegiar la rentabilidad de corto plazo, con lo cual se afecta negativamente la capacidad de invertir en IDE.

ƑCómo evoluciona en México el gasto en IDE?

Conacyt sólo dispone de datos para el periodo 1994-1999. Entre esos años el gasto total en IDE aumentó (a pesos de 1993) de 3 mil 880 a 6 mil 537 millones de pesos. Es decir, el gasto en IDE se incrementó 1.7 veces.

El Conacyt en repetidas ocasiones ha afirmado que el sector privado contribuye con 24 por ciento del gasto total en IDE. Esto forma parte de un discurso en el cual la apertura comercial y la competencia que genera impulsan a la empresa privada a realizar mayor esfuerzo en desarrollo científico y tecnológico.

Pero el Conacyt no puede afirmar lo anterior. La razón es sencilla: no es posible aislar la contribución del sector privado a la IDE total. Los datos sobre el gasto en IDE privado no están desagregados y se presentan junto con el de las empresas paraestatales bajo el rubro denominado "sector productivo".

En resumen, a tres décadas de su fundación, el Conacyt todavía no sabe cuál es la contribución del sector privado a la investigación científica y tecnológica en México.

Hace 50 años, el análisis clásico de Jacob Schmookler mostró que las ventas eran más importantes que las patentes como determinante del gasto en IDE. No es el gasto en investigación científica y tecnológica lo que determina el dinamismo de la actividad económica.

A pesar de lo anterior, el Conacyt cree que la carreta va adelante de los caballos.

La iniciativa de ley del nuevo Conacyt se basa en un diagnóstico equivocado. La inversión en ciencia y tecnología es la variable dependiente, no el motor autónomo del crecimiento. En México, lo más probable es que la apertura comercial y financiera, así como el entorno macroeconómico, han frenado la inversión en ciencia y tecnología. Mientras se mantenga la actual estrategia económica marcada por el estancamiento, el gasto en IDE no aumentará como lo espera Conacyt.

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