Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 14 de febrero de 2002
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El amor y la amistad en el Bull Pen

Carlos Martinez Rentería

EN EL DIA del "amor y la amistad", una opción para fracturar la inercia melosamente mercantilista sería visitar el Bull Pen, un lugar que no tiene nada que ver con la referencia beisbolera del "calentadero" para los brazos certeros de los pítchers; es simplemente la evocación amorosa de un antro tabasqueño que persistió en la memoria de su fundador, Rubén (que no se llama Rubén), mecánico egresado del Poli e incipiente pintor quien inició su aventura cantinera con dos mesas y dos cartones de chelas. Hoy, el Bull es el espacio de las intensidades efímeras de las noches más largas del nuevo milenio.
bull pen-2
LLEGAR ES MUY fácil, el dilema es cuándo salir. El lugar se ubica a un costado de los fantasmagóricos Condominios Insurgentes, entre Querétaro, Insurgentes, Medellín y Monterrey. Le llaman el Triángulo de las Bermudas, será porque la perdición puede ser para siempre.

EN ALGUN LUGAR del mural orgiástico plasmado en todo el contorno del "breve espacio" del Bull por el precoz pintor Esteban Arévalo (hijo del gran maestro Javier del mismo apellido), aparece la fecha de 1995, fue por ese entonces cuando Rubén decidió abrir el bar.

CUENTA EL PROPIETARIO que primero fue una tienda de abarrotes, pero le robaron y se quedó sin nada. Luego llegó el pintor Arévalo con ocho noveles ayudantes y llenaron las paredes con bailarinas cachondas y música en vivos colores. Después se montó el bar, pero durante un par de años nadie llegaba y Rubén (cuyo nombre verdadero es Juan Manuel Bucio, pues lo de Rubén fue un error bautismal), junto con su cuate Jorge de Anda y su leal mesera Lulú, se quedaban las tardes a beber solos.

FUE DURANTE LOS últimos años de los noventa cuando poco a poco aparecieron los primeros clientes; las crónicas en los periódicos decían que era un lugar diferente, que no tenía comparación. Rubén aventura que el secreto está en dejar que cada persona proponga su concepto, por eso la roja sinfonola rompe los géneros y se puede escuchar desde Luismi, el Buki, Juanga, José José, Javier Solís, Paquita la del Bario, Pedro Infante, Chente Fernández, hasta Creedence, Doors, el Tri, Elvis y las Ultrasónicas.

LAS MESAS SON de lámina, las cubetas de chelas son de a cincuenta pesos, los asistentes son una fauna indescifrable, estudiantes, oficinistas, poetas, escritores, periodistas, fotógrafos, obreros, gángsters, travestis, lesbianas, gays, machos calados y los híbridos necesarios de siempre.

HAY QUE DECIR que Lulú, la entrañable mesera con 30 años de experiencia, está muy molesta, pues en el número más reciente de la revista Arcana (febrero de 2002), se publica un buen texto de la escritora Marta Lamas sobre el mercado sexual, pero ilustrado con una foto descontextualizada del Bull Pen, en la que aparece la mismísima Lulú, quien asegura que su única culpa ha sido meserear y no sabe cómo hacer una protesta ante el abuso de su imagen.

EN EL BULL Pen hay también una tele siempre encendida en cualquier canal, algunas fotografías donadas por parroquianos, un altar a la "Santa Muerte", los miércoles hay sesiones de diyéis aficionados (que convoca Javo, el creador de la revista underground Fakir), los fines de semana hay una orquesta afroantillana que casi no cabe en el lugar, algunas perturbadoras travestis y muchos alucinados por la noche.

DICE RUBEN (CUYO parecido con el cómico Tin Tan es asombroso) que ocasionalmente llegan al Bull personajes de la farándula y de la intelectualidad, entre ellos recuerda a Juan José Gurrola, Adal Ramones, Sergio González Rodríguez, Daniel Giménez Cacho, Carolina Luna, Héctor García y Guillermo Fadanelli, entre otros.

HACE UNOS DIAS, el Bull Pen creció un poco más, se sacrificó parte del mural de Arévalo (asegura Rubén que lo van a recuperar íntegramente) y se adjuntó el local de al lado. ¡Qué bueno!, porque los fines de semana parece una lata de sardinas borrachas, suele ser incómodo y no han faltado las madrizas de antología; pero pase lo que pase nadie se va hasta el amanecer.

MAS ALLA DE cualquier cuestionamiento, que también los hay, el Bull Pen resulta un oasis de libertad en medio del esquizofrénico panorama de prohibiciones nocturnas, que en nada se asemejan al espíritu libertario que debería identificar a un gobierno de izquierda.

EL ALUCINADO Y memorioso Fermín Sada, frecuente comensal, define al Bull Pen como "incunable congal de cuarto pelo" y así podrían seguir las interpretaciones. Otras delicatessen de este entrañable tugurio son inconfesables, pero por todo esto y mucho más, es recomendable el Bull Pen para todos aquellos desencantados del artificio comercial del 14 de febrero.

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