Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 14 de febrero de 2002
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Editorial
 
TIEMPO DE DESLINDE

sol.jpgConforme el gobierno estadunidense acentúa la unilateralidad, la violencia y la irracionalidad de sus estrategias antiterroristas, diversos aliados de Washington han tomado distancia y han expresado sus reservas, o sus críticas abiertas, al renovado belicismo del país vecino. La semana pasada el canciller francés, Hubert Vedrine, hablando en nombre de las naciones europeas, deploró el simplismo de Geor-ge W. Bush ante la amenaza terrorista y en su política hacia Medio Oriente.

A principios de esta semana, el presidente ruso Vladimir Putin rechazó las cada vez más delineadas intenciones de la Casa Blanca de lanzar un ataque militar en gran escala contra Irak. Ayer fue el turno del jefe de la diplomacia alemana Joschka Fischer, quien advirtió que su país no va a comportarse como un satélite de Estados Unidos en la presente circunstancia y criticó la pretensión de Washington de "guiar, por sí solo, a seis mil millones de personas hacia un futuro mejor".

De este lado del Atlántico, el gobierno estadunidense ha acusado recibo de estas expresiones de desacuerdo, ante una percepción del mundo que merece ser calificada de delirante. Prueba de ello es que, ayer mismo, el secretario de Estado, Colin Powell, pidió a los europeos que "respeten el liderazgo" de Washington, en lo que constituye más una expresión de debilidad que de fuerza.

Paradójicamente, el principal responsable de las crecientes fracturas en occidente ha sido el propio Bush, quien suscitó los disensos de sus aliados al esgrimir el espantajo de un "eje del mal", a todas luces inexistente, conformado supuestamente por Irak, Irán y Corea del Norte.

Para colmo, el mandatario amenazó con emprender acciones bélicas contra esos países que, independientemente del juicio que merezcan sus respectivos gobiernos, carecen de los atributos requeridos para erigirse en amenazas serias a la seguridad de la máxima potencia bélica del planeta.

Los distanciamientos mencionados obligan a voltear la vista hacia México y a preguntarse los motivos por los cuales el gobierno de Vicente Fox no ha actuado en consecuencia frente al vecino del norte. Por el contrario, las autoridades nacionales han reiterado una creciente integración con aquel país en todos los terrenos, relación que podría justificarse en el ámbito económico pero que, en materias como la política exterior, el control migratorio y el manejo energético, linda con una inaceptable sumisión.

En la circunstancia mundial presente, cuando el belicismo unilateral estadunidense representa una grave amenaza para la paz mundial, México tendría que retomar los principios tradicionales de su política exterior y erigirse en factor de moderación y sensatez, en defensor de la paz y promotor de la negociación, el diálogo, la no intervención y el respeto a las soberanías.

Ciertamente, resultaba pertinente --y hasta obligado-- solidarizarse con el país vecino y condenar los atentados atroces y criminales del 11 de septiembre; en cambio, la adhesión ciega, acrítica e incondicional a la peligrosa cruzada de Bush contra enemigos mundiales inciertos, si no es que inexistentes, es contraria a los intereses nacionales y representa un atropello a los principios rectores de nuestra política exterior, principios que no corresponden al presente gobierno, sino a una tradición histórica y a la nación en su conjunto.
 

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