Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 6 de enero de 2002
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Mundo
020n1mun ¤ El vendaval privatizador arrasó con todo, hasta las vías de los trenes

Argentina, vaciada, desintegrada y saqueada

¤ El proceso comenzó en la última dictadura militar y lo continuaron peronistas y radicales

STELLA CALLONI

Buenos Aires, 5 de enero. Hace un tiempo regresó a este país el historiador argentino León Pomer, después de años de estar refugiado en una universidad de Brasil. Luego de unos días dijo sin titubear: "Este país ha sido vaciado, desintegrado".

Lo que el intelectual observó fue la última expresión de un proceso que comenzó a partir de la dictadura militar (1976-1983), que intentó acabar y sepultar una lucha persistente durante años.

Es un cita clave para entender que la no-che y la niebla de las desapariciones tenían muchos objetivos. Como señalan todos los que escribieron sobre la dictadura, la "limpieza del país, es decir la matanza, tenía como finalidad abrir las puertas al modelo, que comenzó bien en firme en esos tiempos" y que ahora se desmorona.

Al finalizar el año 2001 comenzó el entierro del modelo, que fue parido en su mayor amplitud en la década de 1990.

Y en este final, todo parece una caricatura de otros tiempos: la dirigencia política sigue sin entender dónde está parada y los sindicalistas -salvo honrosas excepciones- se reacomodan según las circunstancias.

Aun así, como señalan algunos intelectuales, es a esa dirigencia política a la que hoy se debe acudir en acciones desesperadas para que el poder deshabitado no quede vacío ni por una hora.

Esto es lo que existe hoy en el país, cuando crujieron definitivamente las estructuras de los partidos tradicionales, cuyos gobiernos sucesivos en la última década lo llevaron a esta situación sin salida.

Durante el gobierno de Carlos Menem, considerado hoy por muchos como "un traidor a la patria" -al igual que sus ex funcionarios, el ex presidente Fernando de la Rúa y el ministro de Economía de ambos, Domingo Cavallo-, se vivió un vendaval privatizador que coptó la industria, los re-cursos nacionales y los servicios.

Hasta las vías de tren fueron vendidas. Miles de poblados murieron económicamente cuando cerraron los ramales ferroviarios. Esto ocurrió en un país que, gracias a la dictadura, carecía de referentes políticos.

"Los que hubieran sido los mejores (para oponerse a esta situación) están en las listas de los desaparecidos de la última dictadura", asevera Nora Cortiñas, de Madres Fundadoras de Plaza de Mayo.

Y llegó el neoliberalismo al país en su versión más salvaje y primitiva, mientras la historia oficial siguió siendo contada por los vencedores.

"Bordeando el precipicio, Argentina ha tocado fondo", dice Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz 1980, a quien los medios locales han desaparecido de sus páginas. Y él sabe por qué.

Crónica de un final anunciado

argentina_s05reEn 1993 se vivían en este país festejos de pizza y champán, o lo que llamamos desde esta corresponsalía "los espejitos neoliberales", cuya venta daba buenas ganancias en la nación sudamericana.

Eran muchos, quizá demasiados, los que no querían ver lo que se mostraba cotidianamente como el empobrecimiento colectivo, el retroceso social, cultural y político, el razonamiento suplantado por la extrema frivolidad, mientras cada vez más familias perdía sus hogares y vivían en vagones abandonados de ferrocarril.

En 1995, aproximadamente, empezaron también los primeros cortes de rutas de de-sempleados desesperados, realidad cotidiana que se ocultaba con fuegos de artificio.

Cuando llegaron las epidemias de cólera, periodistas descubrieron a niños esclavos trabajando en tabacaleras de Salta, mientras las calles de Buenos Aires se iban poblando por los sin casa, que venían en éxodo desde estados rurales. Era el país bajo la alfombra.

En 1989, durante el gobierno de Raúl Al-fonsín, la hiperinflación precipitó al país a los saqueos y éstos llevaron al apresurado ascenso de Carlos Menem al poder.

Los lobbies en Estados Unidos, los viajes constantes de Cavallo, quien en 1976 había estatizado la deuda privada, tuvieron mucho que ver con el final de Alfonsín.

"La hiperinflación fue usada como herramienta de disciplinamiento social, como advertencia de lo que podría pasar si el Estado intervenía para regular el mercado y racionalizar las privatizaciones ?escribió el analista Luis Bruchstein?. La hiperinflación había castigado a los más pobres y se le usó para seguir castigándolos con el mo-delo que provocó los saqueos de 2001".

En 1989 Menem prometió el salariazo y la revolución productiva, pero "lo que vino fue el sablazo sobre el país ?dice Víctor de Genaro, dirigente de la Central de Trabajadores Argentinos?. Vino la ola más salvaje de privatizaciones, por la cual el país vendió todo por unos 40 mil millones de dólares para, según se dijo, pagar la deuda ex-terna. Sólo los pasivos vendidos sumaban casi mil millones de dólares".

¿Adónde fue el dinero? Como señaló en 1998 el desaparecido dirigente peronista Andrés Framini, "Menem llegó con careta peronista y se dedicó a corromper todo a su paso para instalar el modelo que acabaría con el país. No dejó nada en pie, todo fue rematado; habíamos ya perdido la república y todavía no reaccionábamos".

La promesa menemista era pagar la deuda externa y dar un nuevo comienzo al país, pero aquélla se triplicó y en 1995 el entonces presidente prometió pulverizar el de-sempleo, cuando éste alcanzaba su pico histórico de 18.5 por ciento.

Fue entonces cuando adoptó la convertibilidad, instalada en 1991, de un peso por un dólar totalmente ficticia, como un chantaje para los miles de endeudados en moneda estadunidense.

La falta de credibilidad política en la po-blación que marcó las elecciones de 1994 se debe a que trascendió la existencia de una serie de pactos bajo la mesa entre Al-fonsín y Menem para que este último pu-diera acceder a su relección en 1995.

Esta historia se repitió con otros pactos recientes entre De la Rúa y Menem, que se potenciaron con la exigencia del presidente George W. Bush para que fuera liberado el ex presidente peronista de su arresto domiciliario por la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador, en la que existe involucramiento de Estados Unidos.

También se habla de pactos entre la Unión Cívica Radical, de De la Rúa, y Du-halde para el momento en que se preveía la caída del gobierno del primero.

Cuando Carlos Menem se fue, en el marco de una enorme protesta social que pocos recuerdan ahora, la deuda había aumentado a más de 140 mil millones y el déficit fiscal era de casi 11 mil millones.

La justicia desprestigiada amparaba la co-rrupción más grande de la historia nacional, como había amparado la impunidad militar.

El 10 de diciembre de 1999 llegó De la Rúa al frente de una alianza política que él mismo y su entorno deshicieron.

Había prometido pulverizar la corrupción y terminó pactando con los acusados de corruptos. Prometió cambiar el modelo en su versión más perversa y no hizo sino continuarlo y profundizarlo hasta el derrumbe. Como se dice aquí, "dio la puntada final".

En los saqueos de 1989 que llevaron a la salida rápida de Alfonsín hubo 14 muertos, unos 80 heridos y alrededor de 600 detenidos. Y mano negra.

En los pasados días 19 y 20 de diciembre en Argentina hubo 31 muertos, entre ellos varios niños, cientos de heridos y más de 2 mil detenidos, y un pueblo que estalló en todos su niveles sociales.

"Todos sabíamos que esta pueblada se iba a producir sería caótica y sangrienta si no se la conducía", dice el escritor Mempo Giardinelli, como "la propiciaron los ajustadores mientras se relamían los dinosaurios".

Y se pregunta: "¿Qué tara tenemos los argentinos, pueblo y dirigentes, que permitimos que en todos los turnos de la historia la minoría fascista, nazi, chovinista y xenófoba de este país nos fuerce el presente y obnubile el futuro?"

Retroceso al siglo XIX

Los gobernantes que aparecen en escena son lo que hay aquí. ¿Hay tanto para elegir? Y si se elige, ¿qué puede hacer alguien en ese lugar? Si las medidas que se proyectan, tal como son, se mencionan como peligrosas y hasta revolucionarias por los dueños del poder financiero internacional, ¿quién le pone el cascabel al tigre, no al gato?

Se necesitaría una dirigencia fuerte, creíble y capaz de lograr la confianza popular para resistir semejante presión.

Ya el 7 de diciembre Joaquín Cotttani, in-tegrante en un momento del equipo del ex ministro Cavallo y ahora del Banco de In-versión Lehman Brothers, creía que "el FMI quiere poner a Argentina en la necesidad de hacer default (cesación de pagos) para no seguir usando reservas y eventualmente devaluar".

En esos momentos sostenía que las condiciones que Argentina ofrecía eran más generosas que las que el mismo FMI proponía, "incluso que las que los inversores buitres están esperando".

El 16 de diciembre del 2001 el suplemento Cash, de Página 12, hablaba de alta tensión y señalaba los crujidos del sistema fi-nanciero, la triste realidad de que los bancos extranjeros no demostraron ser un seguro contra fugas de capital ni ofrecieron más seguridad a ahorristas que los nacionales.

"Las casas matrices abandonan a su suerte a sus filiales argentinas, lo que precipita la guerra para capturar plazos fijos de la banca nacional", decía.

Resumía Cash que la extranjerización y concentración de la banca no sirvió para fortalecer el sistema, y que entre el 28 de febrero y el 10 de diciembre de 2001 se re-gistraba una pérdida en los bancos de 19 mil 190 millones de depósitos, que equivalía a 22.4 por ciento del total.

De 5 millones de deudores registrados sólo mil 299 concentraban 48 por ciento del total de préstamos, y "durante años los que defendían la extranjerización del sistema hablaban de que los bancos de afuera eran más seguros, pero no hubo ninguno de los resultados positivos prometidos", como dice Carlos Heller, presidente del Banco Credicop, de las cooperativas.

Desde afuera llegaba la voz de Standard and Poor's advirtiendo que a la economía argentina no le quedaba otro camino que "un incumplimiento abierto hacia fines de enero". Todo se cumplió antes.

Beatriz Sarlo, politóloga local, señaló re-cientemente que el poder ha regresado adonde estaba en el siglo XIX, antes de la organización nacional: "Argentina ha destruido aquella Constitución nacional estatal que le costó esfuerzo, sangre, guerras. Lo que vendrá puede ser entonces un país dividido entre las potencias locales que lo integran o una nación que decide por segunda vez en su historia como Estado. La decadencia final o un largo y difícil camino de reconstrucción republicana, con una democracia igualitaria"

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