Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 3 de enero de 2002
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Política
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Martí Batres Guadarrama

Lágrimas de cocodrilo

Los grandes capitanes de la oligarquía están de luto. El tiro les salió por la culata.

Todo el año 2001 invirtieron tiempo, dinero y esfuerzo para promover impuestos a los alimentos, las medicinas, las pensiones, las prestaciones sociales. Es decir, para apoyar más impuestos a los pobres como pedía el gobierno federal.

La Cámara de Diputados se resistió desde el principio a imponer el IVA a medicinas y alimentos, y los más poderosos grupos de interés emprendieron una campaña vulgar contra los legisladores. La mentira, la descalificación, la presión cotidiana se enderezaron contra la cámara. Se inventaron errores y omisiones de todo tipo y se buscó estigmatizar a los diputados.

"¿¡Cuándo habrá reforma fiscal!?", exigían estos señores. Una y otra vez lo demandaban. La cámara discutió otros temas y los grupos de presión decían: la cámara no hace nada.

Bajas calificaciones, campañas en medios, linchamiento y chantaje. Si los legisladores aprobaban la obligatoriedad de la educación prescolar, la autonomía política del Distrito Federal, la ampliación de las pensiones del IMSS, las reformas ambientalistas, eso no importaba. El pecado de la cámara era el rechazo del impuesto al valor agregado en alimentos y medicinas, y la posposición continua de la reforma fiscal.

La cámara tuvo entonces la doble y poderosa presión de una sociedad que exigía: ¡No al IVA! Y por otra parte, de los grupos de interés que gritaban: "Reforma fiscal, ya". El peligro de un nuevo golpe contra el pueblo existió hasta el último momento.

La doble presión se resolvió con un doble compromiso. La Cámara de Diputados dio a los gobiernos federal y estatales mayores recursos y al pueblo le respondió positivamente dejando en el archivo muerto la propuesta gubernamental inicial de gravar alimentos, medicinas, libros, colegiaturas, prestaciones, pensiones, transporte, servicios educativos, propuesta que hicieron suya, también desde el principio, los grandes grupos económicos, hoy decepcionados y tristes. Lloran su desgracia y derraman lágrimas de cocodrilo.

La reforma fiscal aprobada finalmente por el Congreso de la Unión pone en el centro el impuesto sobre la renta, tal como lo proponía el PRD, y no el IVA como pedían el gobierno federal y sus aliados empresariales. Se grava más a quien más tiene y se protege a quienes son más pobres. El punto fundamental de la disputa se resolvió: no hay impuesto al valor agregado en alimentos y medicinas ni impuestos al consumo básico; sí hay en cambio una reforma fiscal socialmente mucho más justa.

No fue fácil. Las presiones fueron durísimas y complejas. Aun en las filas de oposición de izquierda hubo que resistir y rechazar dudas y debilidades, mantenerse firmes, no aceptar trampas ni disfraces o engaños. Los cantos de sirena de la exención o el pequeñito IVA de 3 por ciento en alimentos o el IVA adicional trasladado a los estados. Nada de eso pasó.

Al final la resistencia popular obligó a todos a mantenerse firmes: al PRD a no doblarse; al PRI a rectificar su error del 95 y al PAN a reconocer la realidad social.

Lo dijimos en un principio: el dilema no era "sí o no" a la reforma fiscal. El asunto consistía en responder: ¿quién pagará la reforma fiscal? Y la Cámara de Diputados resolvió bien el dilema.

Ahora los grandes capitanes de la oligarquía lloran la desgracia. Querían reforma fiscal. Y la tuvieron. No es la que pedían, no es la que esperaban. Su presión desmedida, interesada y hasta grosera en contra de una Cámara de Diputados asediada y cercada se les convirtió en un bumerán que les regresó su reclamo en forma de nuevas obligaciones para los grandes ricos.

Mientras tanto, el PRD puede celebrar su capacidad para obtener logros programáticos, alcanzar más recursos para las entidades que gobierna, adicionar el gasto social en más de 70 mil millones de pesos destinados a lo más sensible: la educación, la seguridad social, el campo, las pensiones, el combate a la pobreza y la inversión productiva. Y todo ello, sin sacrificar principios. Lo dijimos y lo confirmamos: el PRD es factor de mayoría. Y otros se empiezan a dar cuenta de que ellos pasaron a la oposición.

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