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El estante de lo insólito

Chanoc. El intrépido héroe de mar y selva

“Pero de la manera como están ustedes destruyendo los fondos marinos, lo único que podremos sacar del mar será… arena”.
Diálogo de Chanoc en Camaroneros piratas . Número 644. 11 de febrero de 1972.

Cómic de culto

E

n el pueblo de Ixtac, que puede ubicarse en cualquier región costeña de México, sus habitantes viven de la pesca, departen en cantina con la bebida original Cañabar, no ven fuera de lo común que haya dos bobos merodeadores caníbales (Puk y Suk, usualmente responsables de momentos cómicos), es común encontrarse tiburones y pulpos mientras se labora en el oleaje incesante de su costa, y comulgan con una pasión futbolera que los hace recibir a leyendas del deporte del balompié, con la misma familiaridad con que se comen tamales en Día de Muertos.

Su glorioso campo futbolero tiene duelos de gallardía contra los mejores, desde los héroes del momento en selección mexicana hasta, digamos, la Selección Resto del Mundo. Como no hay pueblo (o ciudad pequeña, ya que muta con las distintas narraciones y épocas de su producción editorial) sin héroe propio, Ixtac tiene a su gallo; un atlético galán que no pierde pleito a puño limpio, bracea en aguas profundas como campeón olímpico, bucea con equipo de imersión submarina con destreza, despacha a tiburones (makos, tigres, alecrines, blancos…) cuerpo a cuerpo, enfrenta a contrabandistas, robots (¡hubo alguno llamado Sócrates!), mafiosos extranjeros y lo que se pueda ocurrir en varias décadas de ediciones para un cómic de culto: Chanoc.

Inventiva e industria

Creado por el dibujante tabasqueño Ángel Mora y el escritor español Martín de Lucenay en octubre de1959, Chanoc mostró originalidad y encanto en sus historias y personajes, con un trazo ágil aunque sencillo, por momentose evocando los bocetos del diseño en carboncillo (aunque en color), por la estética de musculación de ligero sombreado y los fondos difusos. El personaje encantó a los lectores cautivos en el mercado de historieta mexicana de entonces, principalmente por destacar los elementos de lo propio, lo mexicano, sin que el entorno agreste y selvático restara una presencia atractiva y elaborada del protagonista como un ser propositivo, pensante y de acciones calculadas.

Lamentablemente, Lucenay falleció tras la publicación de una veintena de números pero, para fortuna de Chanoc y del medio historietístico mexicano, le sucedió un argumentista de gran talento: Pedro Zapiain, quien cumplió con el reto de entregar argumentos atractivos luchando por evadir la gran trampa de la repetición, lo que suele ocurrir con los años de agotadoras entregas periódicas. Hay que pensar en la clase de reto que implica una nueva historia (aunque siguiera patrones modélicos de drama y acción) que mantuviera el interés de los lectores, con cifras industriales de impresión que demandaban cuidadosos trabajos de todo un equipo de producción. Con tirajes fenomenales y aceptación en todos los círculos sociales, la historieta cruzó por diferentes editoriales, como PH Publicaciones Herrerías o Editorial Novaro (que editaría por primera vez en México cómics famosos de Estados Unidos), Editorial Enigma y Novedades Editores.

La edición del cómic Cha noc, incluía una mezcla de ficción con temas de actualidad y personajes conocidos del deporte, la cultura, el espectáculo o hasta personajes famosos de la literatura y otras historietas. Carlos Monsiváis apareció como El Sabio Monsi, mote que sería retomado por Jis y Trino en diferentes tiras y en la propia saga de El Santos.

La edición ya alertaba sobre los problemas de la contaminación marina, el tráfico de especies y la corrupción en su entorno. Los personajes sólo enfrentaban animales como defensa y se insistía en la importancia del aprendizaje, los buenos modos y hasta la práctica deportiva.

Mora dibujó sagas muy importantes como Alma Grande (co-creada con Pedro Zapiain) y El Payo que, junto con Chanoc, alcanzaron la pantalla cinematográfica en adaptaciones de variado calibre. En diversos episodios varió sus leyendas de venta, pero en esencia, la publicación se vendió como Chanoc. Aventuras de mar y selva.

Y en el set de palmeras y bestias...

Como ocurrió con diferentes personajes del cómic nacional, Chanoc fue lanzado al estrellato fílmico con todo el impulso del medio. La taquilla fue favorable y las aventuras se sostuvieron en las corridas comerciales y funcionaron siempre en televisión. Aunque con buenos momentos, ninguna película alcanzó los matices que eran divertidos entre gags curiosos y chistes velados de los personajes entre páginas. El héroe tuvo inquietantes escenas de acción bajo el agua (normalmente el legendario Ramón Bravo hizo la fotografía submarina), y no faltaron efectos especiales o felinos (tigres, panteras, jaguares…) acechantes para aderezar los rodajes, aunque estanques dotados de vegetación desigual en los Estudios Churubusco y limitaciones presupuestales, no permitieron hacer gigante en el formato de 35 milímetros lo que era épica y buen humor en tamaño carta, donde además había un romance permanente con la bella Maley, lo que tampoco fue un aspecto importante en el relato cinematográfico.

Foto
Ilustración Manjarrez

Andrés García fue el primero en hacer al personaje de Chanoc (Rogelio A. González, 1967; con guion del director de culto nacional Carlos Enrique Taboada), y le seguirían actores del mismo tipo como Gregorio Casal. El rostro de García funcionó como guía de trazo y delineado para la imagen de muchas historietas del orgullo de Ixtac, cuidando detalles del estereotipo gráfico, con musculatura no excesiva, colmillo de tiburón al pecho, y las playeras rojas ceñidas al físico modelado en el trabajo de la pesca y la natación en mar abierto. El otro gran personaje era el viejo mitómano Tsekub Baloyán, a quien le gustaba ubicar sus anécdotas como protagonista de hechos históricos en lugares que jamás pisó (desde las pirámides de Egipto, hasta exóticos frentes de guerra), se escudaba en Chanoc para salvar sus torpezas continuas, aunque enteraba al mundo que su cachorro era lo que era gracias a la mirada estricta de sus enseñanzas.

Tsekub tampoco careció de intérpretes esforzados y cumplidores, como el cineasta y actor Chano Urueta o Arturo Cobo, Cobitos, aunque fueron los hermanos Valdés quienes lo llevaron a la médula chabacana y divertida de la historieta. Tin Tan, fue pródigo en los excesos que le agenciaron el aprecio de otros personajes de su carrera, y Ramón, mucho más mesurado, ofreció un tono de mucho gozo. Es de trivia que Chanoc, el tema musical de la primera cinta, es una composición del actor Jorge Zamora, Zamorita, rostro de gran trayectoria en el cine y la televisión mexicanas, y quien también es parte del reparto de la película.

Por las cintas desfiló una lista notable de creadores y técnicos, en títulos que ya dicen mucho de las ensaladas sicodélicas que nacían en el cómic y se cocinaban frente a la lente: Chanoc en las garras de las fieras (Gilberto Martínez Solares, 1970); Chanoc contra El Tigre y El Vampiro (Gilberto Martínez Solares, 1971); Chanoc y las tarántulas (Gilberto Martínez Solares, 1973); Chanoc en el foso de las serpientes (Gilberto Martínez Solares, 1974); Chanoc en la isla de los muertos (Rafael Pérez Grovas, 1977); y así hasta llegar a la impresentable Chanoc y El Hijo del Santo VS los vampiros asesinos (Rafael Pérez Grovas, 1981); donde además de lanzar patadas de artes marciales resulta que Chanoc (Nelson Velásquez) canta.

En Chanoc en el Circo Unión (Rafael Pérez Grovas, 1978) aparece Miguel Gurza como el guía Bagre. Él es uno de los famosos hermanos Gurza que manejaban casi todos los animales para las filmaciones en México. Humberto, su hermano, estelarizó varios filmes en el papel de Chanoc. La filmografía de Miguel como jefe de animales en acción incluyó producciones internacionales, como Conan El Bárbaro (John Millius, 1982).

Pedro Zapiain murió y dejó un legado extraordinario tras 15 años como argumentista de Chanoc. Mora se despidió del mundo en 2017 y su escuela (desde los dibujantes que lo acompañaron haciendo portadas o retocando fondos) es ahora materia de coleccionistas, ya que el sentido industrial de la historieta no existe en México. Los autores (dibujantes, guionistas) hacen siempre una aportación en la línea maravillosa pero rígida del trabajo autoral, es decir, personal y único. Bob Kane creó a Batman pero le han seguido decenas de artistas para mantener la continuidad de una saga que comercialmente es demoledora. Chanoc ya despidió a sus creadores y, casi como elogio sensible de su epitafio, se queda en la relectura y memoria de sus aventuras pretéritas, no habrá más. Acaso ediciones compilatorias o conmemorativas, algún inédito terminado en la actualidad, una aportación especial, y será todo. Chanoc, como Pepín, Memín, Kalimán, El Payo, Águila Solitaria, Balam, Los Súper Sabios, La Familia Burrón, Los Agachados y tantos más, es un sueño que puede ser largo, pero que en terrenos de eternidad se apega a lo que fue. Y fue mucho y fue grande, para evocarlo con Cañabar, mientras el balón rueda en el campo futbolero de Ixtac, y el mar rompiente habla desde su cercana y fabulosa corriente submarina, tan llena de peligros.

Twitter: @nes