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Hacer historia: crear belleza
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Periódico La Jornada
Sábado 7 de enero de 2017, p. a16

La terra trema.

El título del filme de Visconti viene a mente en el instante de la epifanía: todo se cimbra bajo nuestros pies durante los microsegundos/macroeternidades que median entre el rumor de espera, antes de que suene la música, que se convierte, a punto de ignición, en un tropel de bisontes en celo de la multitud y el intersticio, el compás se rompe en el instante mágico y poderoso de las primeras notas de un concierto de los Rolling Stones en vivo.

¡Leidis enyentlemen… derrolinstonssss! Se escucha en los altavoces y el estruendo del decibel rebota en la epidermis de poros abiertos, la piel chinita de un millón de personas en delirio pleno.

“Coñooo!!!
Los Rolling”

Reza así, en inequívoco modismo cubano, un letrero en una bandera blanca cuyo emblema es la frase anterior. Y esa bandera blanca pendula bajo la bandera de Cuba.

Ondea así el emblema como un ave poderosa entre la multitud, rostros de una oscura, húmeda rama, como diría Ezra Pound.

Porque estamos en La Habana, es la noche del 25 de marzo de 2016, mientras se escribe la historia.

Antes de morir, Fidel Castro presenció, con ese don de brujo que consiste en estar sin estar, su última obra maestra: articular el todo para que de la nada surgiera un hecho histórico: la mejor banda de rock del mundo, la que cambió al mundo, por vez primera en un lugar insospechado, que cambió también al mundo y que seguirá haciendo historia, porque así lo planeó el de las barbas y traje verde olivo.

Tan estaba todo tan aceitado que ese genio egresado de la London School of Economics, sir Michael Philip Jagger, se dio el lujo de decirle al presidente del país más poderoso del planeta: pase, usted primero, señor Obama, realice usted la primera visita de un presidente de Estados Unidos a Cuba después del triunfo de la revolución. Para entonces parafrasear sin hacerlo a alguien (porque esta capacidad de dictar agenda no la tiene ni Obama) y postergar un poco, un poquito más el concierto de todos tan sabido: los Rolling Stones en La Habana.

Ah, como las casualidades no existen, sir Michael Philip nació un 26 de julio, fecha casi esotérica para la revolución cubana. Y antes del amanecer de un 26 de marzo se dirigió de la siguiente manera (transcribo lo que escuché, tal cual) al millón de personas reunidas en la Ciudad Deportiva de La Habana: sabemosss que años atrrrás era dificíl escucharrr nuestrrrra musicá en Cuuuba (redoble de tambor a cargo de Charlie Watts), perrro aquí estamos ¿ah? tocando parrra ustedes en su linda terríaa ¿ah? Pienso que finalmente los tiempos están cambiando ¿es verrrdad, no?

La noche histórica del 25 de marzo de 2015, con todo y esa cita del poeta Robert Zimmerman (The times they are a-changin’) a cargo de sir Michael Philip, fue registrada con rigor y belleza, es decir como se debe, por el cineasta inglés Paul Dugdale, especialista en filmes con música, y es la novedad discográfica que hoy nos ocupa: Havana Moon, un álbum triple con el audio, en dos cedés y en el tercer volumen esa película, en todo su esplendor.

Debo decir que se me salieron las lágrimas de felicidad ante tanta belleza en varios momentos del filme, y el instante sublime, la epifanía, ocurrió mientras Ronnie Wood flotaba en medio de las notas vaporosas de un coro femenino de Cuba y él, Ronnie, hacía musitar a la sirena: su guitarra, perfeccionada en el arte de crear belleza, para convertir una aporía en una bella realidad: You Can’t always get what you want, título de la pieza que sonaba en ese instante, cuyos versos epifánicos dicen así:

but if you try sometime
you must find
you get what you need

¡Ah, la poesía! Una vez que la Academia Sueca hizo notar al mundo, al premiar a Robert Zimmerman, que la poesía es un ente insospechado y siempre vivo, resultará más evidente aún la rotunda sencillez de la poesía de los autores que firman así: Jagger and Richards

I miss you, baby
Everywhere I look
I see your eyes

y que han creado un sistema bello por sencillo donde, inspirados en la cultura madre sembrada por africanos secuestrados, esclavizados, espoliados, pero poetas al fin y al cabo, Jagger and Richards han desarrollado un estilo que ya es impronta.

Sir Michael Philip, por ejemplo, abreva de la manera en que los grandes maestros del blues han creado una forma cifrada de habla, canto y escritura, y a su vez ha creado, Jagger, su propio sistema de habla, canto y escritura. Y es así que en lugar de neitiur (nature) , dice nicha; en vez de beibi (baby) dice bive, así como berrea crui-se en vez de creisi (crazy).

Brown sugar
¿how can you taste so good?
Just like a young girl should

y he aquí que hemos llegado entonces al quid del asunto, a la develación del misterio, por ellos mismos revelado en el filme Havana Moon: tocamos como nunca lo habíamos hecho en nuestra vida, dijo Keith Richards, mientras Ron Wood añadió: Keith es un loco apasionado, busca la perfección. Ya terminó nuestra jornada de trabajo, pero él sigue necio con su guitarra, buscando la nota correcta, el acorde perfecto.

Ese percatarse es consecuencia de un hecho innegable: tres meses antes de sus dos conciertos en la ciudad de México y un tercero en La Habana, que consistieron en los mejores conciertos en vivo de su historia, grabaron en tan sólo tres días de trabajo el mejor disco de toda su carrera: Blue and Lonesome. Lograron, por fin, lo que habían perseguido toda su vida: tocar blues como los negros del delta del Mississippi.

Por eso el Disquero cometió la audacia de decretar: el mejor disco de los Rolling Stones:

goo.gl/fx3hYs

y no se trata de una cuestión de gustos, como elegir mi canción favorita o mi álbum favorito, sino por cuestiones estrictamente musicales.

El nuevo disco de los Rolling Stones, Havana Moon, resiste el rigor del análisis musicológico. Su calidad estética es tan elevada que deja atrás las nociones caducas del rock como una música de prendidez, para ubicarse junto a los mejores ejemplos del jazz (Bill Evans, Miles Davis) y la música de concierto.

Porque hay que escuchar con atención, y la calidad de la grabación de estos tres discos ayuda mucho, los diferentes estratos de sonido, los relieves, tensiones/relajaciones, cantos/contracantos, ritmos quebrados, signos de gran complejidad, pero resueltos con sencillez y maestría, para concluir que tenemos la evolución musical frente a nuestros ojos y nuestros oídos.

Hacer historia no es juntar a más de un millón de personas en un concierto. Pasar a la historia no consiste en trivias ni numeralias. Trascender estéticamente consiste, en cambio, en que las guitarras de Richards y Wood suenan a arias de ópera donde dos sopranos sacan lágrimas de entre el público, porque lo hacen ascender a lo sublime. Hacer historia consiste en marcar los tiempos de manera tan seria y contundente y tan creativa como solamente Charlie Watts sabe domar a los tambores. Pasar a la historia es entonar el shout, el moanin’, las cantinelas, embrujos y melopeas que solamente los negros eran capaces de hacer, hasta que Mick Jagger lo logró, en este par de discos por los que el Disquero apuesta ahora.

Por eso, porque de pronto Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ron Wood parecen flotar en medio de una bruma de encanto y embrujamiento en el instante en el que lo único que producen es belleza, por eso es que a quien escucha con atención y el corazón abierto se le salen las lágrimas. De la puritita felicidad.