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Es una cuestión de suerte, trabajo, energía y... ser un poco paciente, decía

Murió Marc Riboud, fotógrafo francés cuyas imágenes son íconos del siglo XX

No soy siempre bueno, pero lo intento, era como explicaba su singularidad y talento

Foto
Muchacha con flor, imagen de Marc Riboud que dio vuelta al mundo y se volvió insignia de la oposición a la guerra de VietnamFoto tomada de Internet
 
Periódico La Jornada
Jueves 1º de septiembre de 2016, p. 9

París.

Quienes ignoran su nombre conocen sus fotos: el francés Marc Riboud, fallecido el martes a los 93 años, formaba parte del grupo de fotógrafos cuyas imágenes son mundialmente conocidas, como Fille à la fleur (Muchacha con flor), que muestra a una militante contra la guerra de Vietnam enfrentada a las bayonetas de los soldados.

Él se decía un paseante, fotógrafo más que fotoperiodista, y le gustaba tomarse su tiempo para capturar, en blanco y negro, momentos cruciales de un mundo en constante cambio. Su mirada, inusual, era capaz de captar mágicos instantes de gracia, como en su Peintre de la Tour Eiffel (Pintor de la Torre Eiffel), donde un hombre parece danzar en medio de las viguetas metálicas por encima de París, pincel en mano. Una foto convertida en ícono de la capital francesa.

Se diría que se mantiene en equilibrio gracias a su pincel. Yo no tengo ningún mérito, salvo el de haber subido a pie las escaleras de caracol de la torre, comentaba en 2009.

Fue tras vender el negativo de esta foto a la revista estadounidense Life, en 1953, que este joven ingeniero, entonces treintañero, procedente de una familia de la burguesía de Lyon, será ordenado fotógrafo y se encontrará con Henri Cartier-Bresson y Robert Capa, quienes lo invitaron a integrarse a la prestigiosa agencia Magnum. En 60 años de carrera, sus fotografías fueron publicadas en numerosas revistas, como Life, Geo, National Geographic, Paris Match o Stern. La mayor parte del tiempo, miro, me paseo, he paseado mucho, resumía.

Luciendo melena blanca y de talante bromista, defendía su singularidad. Yo no soy un fotoperiodista, tampoco un artista, soy fotógrafo, eso es todo, repetía. Añadiendo, no soy siempre bueno, pero lo intento.

Nacido el 24 de junio de 1923 cerca de Lyon en una familia de siete hijos, hermano de Antoine, fundador y presidente del gigante del sector agroalimentario Danone, y de Jean, que presidió Schlumberger (empresa de servicios petroleros), Marc Riboud comenzó a hacer fotos a los 14 años, con una cámara Vest Pocket negra utilizada por su padre en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial.

Un compás en el ojo

Durante la guerra contra los nazis, se unió a la resistencia francesa cerca de Vercors, y tras la contienda, decidió dedicarse plenamente a la fotografía. Nacido topógrafo, un compás en el ojo, dijo de él su mentor Cartier-Bresson, haciendo alusión a su capacidad extraordinaria para encuadrar y capturar las imágenes. Después de más de medio siglo de dedicación, Riboud, quien siempre llevaba una cámara consigo, continuó insaciablemente fotografiando el mundo. Eso sí, siempre con una cámara tradicional. Probé la cámara digital, una tarde, una vez, recordaba.

Con 85 años viajó a Estados Unidos para inmortalizar la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca.

Vendí reportajes fotográficos porque la prensa era el único medio para vivir, pero pocas veces he ido en búsqueda de la actualidad, de la noticia, confesó.

La foto es una cuestión de suerte, solía decir. También hay trabajo, energía y... ser un poco paciente.