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La obra maestra de Michael Nyman
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El compositorFoto Fernando Aceves
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La Michael Nyman Band
 
Periódico La Jornada
Sábado 23 de abril de 2016, p. a12

He aquí la obra maestra de Michael Nyman: War Work: Eight Songs with Film (MN Records). Es lo mejor que ha escrito el compositor británico en su larga, contundente, siempre magnífica cosecha.

Se estrenó en diciembre, en Londres, y llega apenas ahora al alcance de los melómanos de México.

En el cuadernillo de notas al programa está la explicación que otorga el propio autor: se trata, esencialmente, de un ciclo de canciones presentado en dos grupos de cuatro, precedidas y separadas por música instrumental.

Los textos fueron escritos por poetas prácticamente desconocidos que murieron durante la Primera Guerra Mundial, con excepción del pintor y poeta inglés David Bomberg.

El punto de partida, explica Michael, es el título de un poema de Gaston de Ruyter: Chansons vieilles sur d’autres airs (Canciones antiguas montadas en otras melodías), con lo cual estructura un andamiaje fascinante: las canciones antiguas pertenecen a poemas de escritores británicos, franceses, alemanes y un húngaro, mientras las otras melodías fueron seleccionadas por Nyman de entre obras de Rossini, Beethoven, Gibbons, Schubert, Bull, Chopin y Franck.

Y así entrelaza su música (vestida de canciones antiguas) con otros aires. El resultado es fascinante, como sucede en el track 18, el momento más intenso, bello, magistral de todo el disco: Abschied, a partir de un poema de Alfred Lichtenstein y el movimiento lento de la Sonata póstuma de Schubert.

¿Cómo una música tan triste puede ser tan bella? Porque alcanza lo sublime. ¿Cómo una música cuyo tema es el horror de la guerra, puede ser sublime? Porque otorga respuesta contundente al horror con el antídoto ideal: la belleza. En esta obra, la de Michael Nyman es música de una belleza suprema.

Abschied (despedida, en alemán) plasma el dolor de una despedida y extiende su sentido hacia lo metafísico, lo metafórico y lo simbólico. Es una música de gran intensidad poética. Es, sencillamente, genial.

No solamente por el título, sino también por su alta calidad estética, recuerda de manera inevitable el Abschied de Gustav Mahler en Das Lied von der Erde, pero en el caso de Nyman la verosimilitud dramatúrgica resulta superior, sin rosar el melodrama mahleriano, sin perder, en cambio, el espíritu poético. Todo el disco es un gran poema en música.

Todo este trabajo está concebido, de acuerdo con su subtítulo, para convivir con imágenes en movimiento. Conozco varios pasajes del filme y puedo decir que efectivamente se potencia el efecto estético de manera fabulosa. Y observo que el valor artístico de esta gran obra, War Work, es tan elevado y tan logrado que la pura materia acusmática es suficiente para consagrar al autor. La música por sí misma, sin la imagen, tiene un poder devastador, monumental. Conmueve, emociona, eleva, enaltece, de una manera como solamente lo logra la poesía verdadera. Así, Michael Nyman pasa a la historia como un gran compositor, de dimensiones colosales.

Y este disco está poblado de demostraciones contundentes de este aserto, por ejemplo el track 3, donde la música de Nyman dialoga (como lo hace en las ocho canciones con distintos compositores) con la obra de Orlando Gibbons (1583-1625), ese gran maestro renacentista, el más importante del siglo XVII en Inglaterra. Y el resultado es sencillamente sublime y demuestra cómo Nyman es el eslabón más reciente de la reciedumbre de la música británica. Ese puente Gibbons/Nyman es una prueba contundente del valor histórico de este gran trabajo logrado en el disco más reciente de un autor, Michael Nyman, que ha aportado elementos distintivos a la evolución del lenguaje musical.

Uno de esos elementos distintivos está patente en el bello track 4, que parece una invocación, un himno, una plegaria, un coro bellísimo en instrumentos de alientos-maderas y metales. Magia pura. Es magia pura este rejuego de saxos, con especial encanto en el sax barítono, trompeta, corno francés, trombón y magia, mucha magia.

Como el uno es todo y el todo es uno, el sistema de vasos comunicantes que tiende War Work nos lleva a atisbos, deslumbramientos y rendijas a, por ejemplo, la Entartete Musik de Kurt Weil y Hans Eisler (esos grandes precursores de la música para escena y cine) y en el lindo juguetito instrumental que es el track 13, The Mechanical Horse, otra vez el paisaje distintivo de las obras de Nyman, universales por locales: pintan el paisaje sonoro inglés y se extienden por el cosmos y encuentran guiños tales como el jugueteo rítmico de Silvestre Revueltas.

Las ocho canciones son interpretadas por la contralto Hilary Summers, quien realiza un tour de force impresionante, pues su tesitura se extiende en todo su rango, borrando incluso la frontera hacia el territorio mezzosoprano y conviviendo todo el tiempo con la potencia sonora de toda la Michael Nyman Band, con sus metales atronadores.

War Work también es un ejercicio magistral de prosodia, patente todo el tiempo pero asombrosa en momentos determinados: los tracks 5, 8, 18 y 19. En el primero de ellos, Urtod (muerte primigenia) el juego prosódico se entabla con un poema de August Stramm, ese gran precursor del expresionismo alemán.

Michael Nyman al piano dialoga con la contralto, sobre un manto sonoro plantado por la orquesta, en torno a vocablos en alemán que entretejen un discurso prosódico prodigioso: raum, zeit, wegen, regen, richter, dehren, würgen, wirbelm (habitación, tiempo, revólver, juez, tramo, estrangulación, remolino) en un flujo asombroso de aliteraciones, bloques ascendentes y descendentes en las palabras que con un simple cambio de una letra adquieren sonidos brutales en sonido y significado.

La tersura de la voz humana, entre mezzosoprano y contralto, produce magia, que crece cuando la voz se va hacia los tonos graves de contralto. La intensidad poética permanente a lo largo de todo el ciclo. La variedad de los materiales musicales. La poesía, esa hermosa dama, que habita en este disco.

Toda esa suma de elementos hacen de este disco, War Work, una verdadera obra maestra.

La obra maestra de Michael Nyman.

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