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Talleres de oficios dan a jóvenes reos las herramientas para su inserción

El Centro de Tratamiento Especializado para Adolescentes abre más de 10 cursos

La meta es capacitarlos para que hallen trabajo cuando salgan, indica el director

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En el Centro de Tratamiento Especializado para Adolescentes San Fernando, los internos pueden aprender hojalatería, literatura, carpintería, computación y gastronomía, entre otros oficiosFoto Víctor Camacho
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Los 238 jóvenes presos reciben un programa de actividades con horarios para estudiar, tomar algún curso y practicar deportes, señalan las autoridadesFoto Víctor Camacho
 
Periódico La Jornada
Sábado 21 de febrero de 2015, p. 31

Cuatro jóvenes lijan con ahínco la pintura de la abollada puerta de un automóvil. Tienen dos metas: restaurar el Ford Galaxie 500 modelo 1964 y aprender el oficio de hojalatero, que es uno de los más de 10 talleres que se imparten en el Centro de Tratamiento Especializado para Adolescentes San Fernando.

Es bonito aprender algo que nos permita conseguir un trabajo, comenta Juan, de 19 años, cuando se le pregunta por qué eligió este taller. A lo mejor podemos poner un taller o, ¿por qué no?, arreglar nuestro carro, tercia Manuel, de 17.

Al hacer un recorrido por los talleres, su director Jorge Apaez Godoy, explica que la prioridad de esta administración es capacitarlos para que cuando salgan del centro tengan una herramienta que les permita incorporarse a la sociedad, una vez que hayan purgado sus condenas, principalmente por robo.

La mayoría proviene de familias con graves problemas de desintegración, en muchos casos, la madre asumió la responsabilidad de sacarlos adelante; para ellos es normal que una fiesta termine con peleas, describe.

Axel, del taller de literatura, define la violencia en un poema:

La violencia se crea en el alma, nace por sólo un segundo, significa la crueldad, el amor. Sólo tarda un segundo, un segundo basta....

Apaez Godoy y el marchista Martín Bermúdez –quien desde hace unos meses colabora en este proyecto– refieren que durante una reunión con el director general de Tratamiento para Adolescentes, Víctor Manuel Mora, los jóvenes le dijeron que querían aprender a arreglar un auto o una moto.

Petición que el director les cumplió. Se dieron a la tarea de limpiar una bodega, la cual se transformó en un taller de hojalatería, y se abrió espacio en otro salón donde se enseña carpintería y tapicería para el de mecánica. En octubre del año pasado se inauguraron los talleres de hojalatería y mecánica, y un mes después los de hidroponía y huerto.

Mi mamá tiene una estética, ahí cultivaba orquídeas, recuerda Ricardo, mientras explica cada uno de los pasos que se deben seguir para lograr que una semilla germine. Además del taller de hidroponía, acude a los de carpintería y computación.

Ellos están dispuestos a aprender, hay que darles la oportunidad de contar con elementos para abrirse paso al regresar a su casa. Como cualquier adolescente, una de sus áreas preferidas es el gimnasio al aire libre, ahí se concentran, conviven. Buscamos instalar pesas y hacer convenios con algunas federaciones para que puedan practicar otros deportes, además del futbol americano y soccer, agrega Martín Bermúdez.

José Vidal, responsable de los talleres, y Apaez Godoy detallan que cuando un joven llega al centro está acostumbrado a levantarse tarde, a andar en la calle, a no ir a la escuela. Comenta que los primeros días tienen que ir al dormitorio por el adolescente. “Al llegar les hacemos una entrevista para saber cuáles son sus habilidades y de acuerdo con el tiempo que van a estar se les hace su programa de actividades, con horarios para estudiar, asistir a los talleres y practicar un deporte.

Aclara que para integrarlos a un taller no basta con que ellos lo pida, sino que se toma en cuenta una serie de cosas, entre ellas si consumían drogas. Si es así no los mandas a alguno donde tengan contacto con solventes, acota Vidal.

Es difícil, pero sí se puede tener amigos aquí, asegura Pedro, mientras rasca las cuerdas de la guitarra, la cual dice terminó de aprender a tocar ahí.

En la actualidad, hay 238 internos, de los cuales 123 estudian preparatoria, 86 secundaria, 23 primaria, tres cursan una licenciatura y dos aprenden a leer y escribir. Cuentan con maestros para ayudarlos a resolver dudas y prepararlos para los exámenes.

Otros de los talleres que se les imparten son: artes plásticas, encuadernación –gran parte del material que se utiliza en el centro lo hacen ahí–, gastronomía, ortografía, panadería y música.