Opinión
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Lucio Cabañas, a 40 años
Octavio Rodríguez Araujo
E

l 2 de diciembre de 1974 murió Lucio Cabañas Barrientos en un enfrentamiento con el Ejército Mexicano en El Otatal, Guerrero (al sureste de Iguala). Iba a cumplir 36 años el 15 de diciembre.

Lucio fue estudiante de la Normal Rural de Ayotzinapa y también dirigente de la Federación de Estudiantes y Campesinos Socialistas de México (FECSM), creada en 1935, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. Genaro Vázquez Rojas, otro guerrillero siete años mayor que Lucio, fue también estudiante de la misma normal rural.

El 18 de mayo de 1967 hubo un mitin en la escuela de Atoyac de Álvarez en contra de la directora. En ese mitin policías judiciales dispararon contra los ahí reunidos, matando a varios e hiriendo a muchos más. De ahí Lucio Cabañas logró escapar y se fue a la sierra, donde fundó el Partido de los Pobres (PDLP) y la Brigada Campesina de Ajusticiamiento (BCA), su brazo armado contra los enemigos del pueblo. La brigada era el grupo guerrillero y el PDLP una organización amplia de índole política (no electoral). Se habló entonces de una revolución de los pobres. Se dijo que cuando Cabañas se fue a la sierra declaró: Compañeros: esto es una prueba más de que por las buenas nunca habrá justicia para los pobres; por eso siempre habíamos dicho que nos alistáramos para tomar las armas en cualquier momento, y ese momento ya llegó; aquí empieza la revolución, vamos a agarrar las armas para vengar a los compañeros caídos y acabar con la clase explotadora. El ideario era el pobrismo, no el socialismo propiamente dicho, del que sí hablaba Genaro Vázquez Rojas.

“Para los habitantes de la sierra guerrerense –escribió alguna vez Carlos Montemayor– nada significaban los conceptos más comunes del marxismo-leninismo, ni las lecciones de Mao, Stalin, Ho Chi Minh o el Che Guevara. En la mente de este pueblo maravilloso, heredero por generaciones de costumbres y enseñanzas rebeldes, únicamente había lugar para comprender las diferencias entre clase rica y clase pobre, las injusticias que se derivaban de semejante división social y el papel redentor que había asumido Lucio Cabañas.”

En 1973 la BCA y el PDLP sí mencionaron el socialismo, la revolución socialista y la destrucción del sistema capitalista. “Pero se sabe –señaló Lucio Rangel Hernández en su tesis doctoral– que [este nuevo ideario] fue redactado por Carmelo Cortés Castro, en ausencia de Lucio Cabañas, quien durante algunos meses dejó el campamento de la BCA para atenderse de problemas de salud y realizar una gira política clandestina por varias partes del país. A su retorno –se dijo–, se confrontó con su lugarteniente y los enviados de la Liga Comunista 23 de Septiembre que intentaban una alianza con él y su grupo, terminando con la expulsión de estos últimos y con la suspensión temporal de Carmelo, el cual decidió por su cuenta separarse y crear las Fuerzas Armadas Revolucionarias [FAR]”.

La guerrilla de Cabañas fue de las más importantes de finales de los años 60 y principios de la década siguiente y, a diferencia de otras surgidas después del movimiento estudiantil de 1968, fue rural y no urbana, como la de Genaro Vázquez también en Guerrero (muerto en 1972) y la del Grupo Popular Guerrillero en Chihuahua, comandada por Arturo Gámiz y Pablo Gómez Ramírez (muertos el 23 de septiembre de 1965).

José de Jesús Morales Hernández escribió en su libro Memorias de un guerrillero que Cuando se cancelan todas las opciones para quienes tienen un proyecto de transformación social y de justicia, para los grupos desamparados del país como el que nosotros tuvimos, entonces el futuro es violento. Pero no fuimos nosotros los que impusimos la violencia en este país. Y en 2005 Rosa Albina Garavito, quien también fue guerrillera y herida gravemente, escribió en un artículo titulado Primeros vientos que los canales para la participación política abierta y pacífica estaban cerrados, así que no había otro camino que la lucha armada.

Lucio Cabañas y su guerrilla fueron perseguidos, detenidos, torturados, desaparecidos y asesinados por militares, policías secretos de la Dirección Federal de Seguridad y por los policías comandados por Arturo Acosta Chaparro durante el gobierno de Luis Echeverría. Acosta Chaparro, por cierto, pasó a ser el jefe de seguridad del gobernador guerrerense Rubén Figueroa, el mismo que durante su campaña electoral en 1974 había sido secuestrado por el Partido de los Pobres y la Brigada Campesina de Ajusticiamiento, acción en la que participó Francisco Fierro Loza. Fierro fue uno de los cuatro fundadores del PDLP y de los 13 primeros miembros de la BCA. En su biografía se dice que después de la caída de Lucio Cabañas permaneció en la clandestinidad hasta el 27 de marzo de 1982, en que fue amnistiado por el gobierno. Integrado al trabajo legal, pasó a residir en Chilpancingo como funcionario de extensión universitaria de la Universidad Autónoma de Guerrero. Murió en 1984.

La justicia por la que luchaban aquellos guerrilleros, estemos o no de acuerdo con sus métodos, se le sigue negando a la mayoría del pueblo mexicano y al de las entidades más pobres del país, entre ellas Guerrero. Después de décadas de persecución a quienes tuvieron el valor de enfrentar a las fuerzas militares y policiacas, las cosas en México no han mejorado mucho y en algunos casos quizá estén peor. Pero los gobiernos no oyen, mucho menos atienden y resuelven los problemas de los mexicanos. Bueno sería que revisaran nuestra historia.

rodriguezaraujo.unam.mx