Opinión
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American Curios

Sombra y luz

E

l sábado fue el día más oscuro del año –el solsticio invernal– justo antes de que en varias culturas se celebre la promesa del retorno de la luz. Todo va oscureciendo cada día más hasta el 21 de diciembre, y a partir de ahí, el milagro de que empieza a regresar cada vez más luz con el paso de los días. Pero eso depende en parte de la gran batalla entre sombra y luz.

Ha sido un año en que el negocio de las sombras empezó a ser revelado. Las dimensiones casi surrealistas de las operaciones de vigilancia clandestina del gobierno continúan siendo expuestas a la luz del día casi diario, llevando a un juez federal a caracterizarlas como algo “casi orweliano” y probablemente inconstitucional.

El ex profesor de derecho constitucional de Harvard y Chicago Barack Obama insiste en que no ha habido ningún abuso, sólo el potencial para ello, y que lo importante es que el pueblo confíe en que todo esto es por su propio bien. Pero toda persona consciente sabe que lo último que uno puede hacer es confiar en el poder; de hecho, la Constitución se basa en esa noción, afirma que el pueblo es el poder en una democracia y que goza de derechos y libertades inviolables por parte de sus autoridades. Eso dice.

El hecho es que las actividades de comunicación entre los estadunidenses por teléfono e Internet (ni hablar del resto del planeta) son registradas por espías del gobierno. Dicen que eso es necesario para combatir al enemigo del día: el terrorismo (como antes lo fue el comunismo), pero cada vez hay más elementos para concluir que el enemigo, para ellos, es el propio pueblo, o por lo menos es sospechoso de serlo.

Las implicaciones de esto son obvias y el gran debate que las revelaciones de Edward Snowden ha detonado aquí y en todo el mundo lo demuestran. Y es que las mismas herramientas para la comunicación, esa función tan esencial para la civilización humana, se han convertido en instrumentos para controlar esa función. En nuestra era cibernética, las computadoras, los celulares, las redes, las nubes, todo, se usa no sólo para la comunicación entre seres humanos, sino para vigilarlos y controlarlos.

Hay consecuencias más allá de las más visibles: la persecución de filtradores como Chelsea Manning, ahora Edward Snowden y otros seis ex funcionarios que se atrevieron a denunciar lo que consideran abusos, asimismo entidades como Wikileaks y hackers activistas.

Un sondeo reciente de la asociación nacional de escritores PEN encontró que sus miembros están cada vez más intimidados por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) y hasta han empezado a censurar su propio trabajo; 88 por ciento de sus miembros en este país expresó preocupaciones por la vigilancia estatal, 28 por ciento ha limitado su uso de medios sociales y 24 por ciento evita abordar ciertos temas en sus comunicaciones. Los escritores expresaron preocupación por discutir asuntos militares, del Medio Oriente, la encarcelación masiva, políticas antinarcóticos, pornografía, críticas al gobierno estadunidense y hasta del movimiento Ocupa Wall Street en sus comunicaciones.

El Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), como se reportó anteriormente, emitió hace unos meses su primer informe sobre la supresión de la libertad de expresión de periodistas por el gobierno en Estados Unidos, donde afirmó que las políticas agresivas de la administración Obama contra filtraciones y control de información oficial son las peores desde los tiempos de Richard Nixon, ponen en duda la promesa del presidente de que encabezaría el gobierno más transparente en la historia del país y dañan la libertad de prensa en Estados Unidos.

Lo bueno es que al crecer la luz hay cada día más denuncia y demandas por un cambio. Además de los defensores de libertades civiles y derechos humanos que han promovido demandas legales y han defendido a los que se atreven a denunciar estos abusos desde adentro, periodistas y ahora escritores están alzando la voz.

Hace poco, más de 500 intelectuales y escritores de unos 80 países, incluidos los premios Nobel Orahn Pamuk, J.M. Coetzee, Günter Grass, Tomas Transtrome y Elfriede Jelinek, así como otros destacados: Umberto Eco, Margaret Atwood, Dave Eggers, Arundhati Roy, Juan Goytisolo e Ian McEwan, firmaron un escrito declarando que el pilar básico de la democracia es la integridad inviolable del individuo. Agregan que la integridad humana se extiende más allá del cuerpo físico. En sus pensamientos y sus ambientes personales y comunicaciones, todo humano tiene el derecho de permanecer no observado y no molestado. Este derecho humano fundamental ha sido anulado mediante el abuso de desarrollos tecnológicos por estados y empresas para propósitos de vigilancia masiva. Acusan que ese tipo de vigilancia viola la esfera privada y limita la libertad de pensamiento y opinión. La vigilancia masiva trata a todo ciudadano como un sospechoso potencial (ver).

El autor estadunidense David Eggers escribió en The Guardian la semana pasada que todo indica que esta situación empeorará si no hay una mayor respuesta pública (lamenta que más de 50 por ciento dice que acepta la necesidad de lo que hace la NSA). Entrevistó a un autor que fue víctima de la cacería anticomunista del macartismo en los años 50, quien consideró que las cosas están peor actualmente, ya que la vigilancia ahora es de todos. Su colega cuenta que con el macartismo por lo menos habían caras de los encargados de la persecución, pero ahora es una agencia clandestina que aparentemente no rinde cuentas a nadie. Justo eso es lo más dañino, afirma Eggers, eso de que nadie sabe a ciencia cierta qué se esta recaudando, grabando, analizando y almacenando; o cómo todo esto será usado en el futuro. El que sobrevivió a McCarthy dice que tiene más miedo ahora más que nunca ante esta situación. Al preguntarle su consejo para escritores hoy día, le respondió todo lo que puedo decir es que necesitas resistir. Resistir, resistir, resistir, resistir.

Tal vez todo esto promete el inicio de días de mayor luz.