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Toros

Fermín Rivera, ante el peor de los mansos de Marcos Garfias, cuajó meritoria faena

Tres orejas y doble cornada a Uriel Moreno El Zapata, quien deslumbró con banderillas

Diego Ventura ofreció un excelente espectáculo circense, pero no le dijo nada a nadie

Foto
Uriel Moreno El Zapata resultó cornado la tarde de este domingo en la MéxicoFoto Notimex
 
Periódico La Jornada
Lunes 27 de febrero de 2012, p. a42

Muy creativo en los tres tercios de los dos mansos de Marcos Garfias que le tocaron en suerte, Uriel Moreno El Zapata triunfó en la decimaoctava de la temporada 2011-2012, pero se llevó una cornada en la cara interna del muslo izquierdo. Pese al dolor que lo atormentaba, volvió a la cara del bicharrajo para redondear la faena y matarlo de volapié, tirándose a matar de frente y dando el pecho.

Al becerro de dos años, engordado con hormonas, incapaz de soportar su propio peso y que salió del segundo cajón, le bordó un emotivo quite por imposibles. Lo mejor de la corrida sucedió a renglón seguido, cuando El Zapata cogió tres pares de banderillas, dos con la mano izquierda y otro con la derecha, y clavó el primero al quiebre y al estilo de Calafia.

Sin irse de la cara, colocó el segundo ejecutando la suerte del violín y luego puso el tercero al cuarteo, por el lado derecho. Sorprendidos y emocionados por lo que acababan de ver en menos de un minuto, los espectadores, que ocupaban la mitad del tendido de sombra y un tercio de sol, aplaudieron estruendosamente, por lo que El Zapata dio una triunfal vuelta al ruedo.

Con la muleta, plantado en los medios, hizo otra vez el imposible en tres ocasiones, pero entonces al cuadrúpedo le pesaron la altura de la ciudad de México, su lamentable condición física y su acusada falta de bravura y se quedó parado... como todos los toros de todos los domingos en los carteles que Rafael Herrerías ofrece para alejar al público y favorecer la consolidación fiscal (o lavado de impuestos) en beneficio de las empresas de Miguel Alemán Magnani.

No obstante, sabiendo que tenía a la gente en el bolsillo, a pesar de que nada pudo en el tercer tercio, El Zapata mató bien y recibió una oreja, que muchos pitaron y él se escondió en el chaleco para dar otra vuelta al ruedo sin molestar a nadie, pues la verdad es que no la merecía, o por lo menos no se la habrían dado en una plaza menos tonta, frívola y corrupta.

Al quinto de la tarde lo recibió de rodillas al hilo de las tablas con tres faroles ceñidos y templados. Luego le dibujó unas hermosas verónicas y lo condujo por mandiles al caballo, donde la res apenas recibió un picotazo.

Una vez más, tomó los reguiletes y volvió a lucirse clavando a una mano y de poder a poder, para salir galleando entre aplausos. Aunque embestía con claridad, el animal desarrolló sentido antes que El Zapata se enterara y de pronto, cuando se frenó a la mitad de una tanda de derechazos, Uriel Moreno intentó pasárselo por detrás, pero el viento lo descubrió y el pitón derecho lo prendió por el muslo izquierdo, lo envió al aire y allí volvió a apuñalarlo.

Muy dolido, permitió que lo llevaran al callejón, pero ahí se sobrepuso, regresó cojeando y culminó la faena con sentidos molinetes y trincherazos, porque la pierna ya no le daba para más, y mató entregándose y saliendo trompicado, de modo que se apoyó en el brazo de Fermín Rivera hasta que el manso rodó sin puntilla y nadie discutió las dos orejas que le concedió el del biombo.

Diego Ventura estuvo por debajo de sus magníficos caballos y de los alegres toros de La Estancia, mientras el sobrino de Curro Rivera confirmó sus enormes dotes, pero se quedó con las ganas de cortarle un apéndice al último de la tarde, un manso perdido al que obligó a pasar y pasar en redondo por la derecha hasta cuajarle una larga y meritoria faena que sin embargo echó a perder con la espada y escuchó un aviso bajo un chipi chipi de cojines.