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Lo carnal y lo místico, amaridados
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Periódico La Jornada
Sábado 5 de noviembre de 2011, p. a16

Las efemérides musicales de 2011 han estado dominadas por la consolidación popular de Gustav Mahler, en ocasión de su centenario. En segundo lugar y reducido al ámbito del pianismo, titila el bicentenario de Franz Liszt.

Mientras las principales orquestas del planeta se volcaron a las obras completas del autor austriaco, los pianistas lo hicieron sobre la literatura formidable del autor húngaro.

Entre las ediciones especiales dedicadas a Liszt destacamos dos ejemplos sin menoscabo de otros plenos de fulgor.

El emblemático sello amarillo Deutsche Grammophon apostó por una recopilación en álbum doble bajo el título wild and crazy, en alusión a los tonos de personalidad del mítico personaje.

Entre los aciertos, incluye partituras que por primera vez se graban en disco compacto, por increíble que parezca en tratándose de un autor muy popular pero, como acontece en todo aquello que recibe el terminajo mediático a manera de adjetivo, sucede que se trata de esas figuras conocidas más de nombre que de obra. Se estrena entonces, en cd, la célebre La góndola fúnebre, número1.

Por cierto, esa obra figura en el programa que está anunciado para este domingo en Bellas Artes a cargo del coreano Kun Woo Paik, uno de los gigantes del pianismo contemporáneo, quien dedicará el programa entero a obras de Liszt. Todo un acontecimiento, ciertamente.

Gigantes aún mayores desfilan en el álbum doble que ahora nos ocupa: Vladimir Ashkenazy, Daniel Barenboim, Martha Argerich, Wilhelm Kempff, Vladimir Horowitz, Jorge Bolet, Géza Anda, entre otros.

Pendula el repertorio desde los ya mencionados estrenos discográficos hasta las piezas más conocidas, como las Rapsodias húngaras, el inefable Liebestraum No. 3, la impresionante Danza de la muerte (Totentanz), pasando por obras maestras, piedras de toque de la cultura occidental, como el track inicial: el Vals de Mefisto No. 1 y el final: Consolation No. 1.

La serie completa de Consolaciones (Seis) se incluye en el álbum reciente del maestro brasileño Nelson Freire, que tituló sabiamente Harmonies du soir (Armonías de la noche), por la obra que a su vez nombró como tal su autor, Franz Liszt, y con la que termina este brillante álbum entre cuyas joyas figura el Soneto 104 de Petrarca y el Valse oubliée.

Franz Liszt apenas está en proceso de redescubrimiento y se encamina a recuperar su condición de rock star que prefiguró en vida, tema que alentó la imaginación delirante del cineasta Ken Russell, cuyo filme Lisztomania, de 1975, hizo subir el promedio de ventas de discos con música de Liszt, por su audacia formal y temática, además que al húngaro lo personificó en el filme el actor y cantante de The Who, Roger Daltrey y la banda sonora fue realizada por Rick Wakeman, quien también actúa en la película y tiene amplia experiencia en resolver versiones roqueras de partituras de música de concierto.

Liszt es un autor que consolidó la intensidad dramática en un impacto singular: puso lo carnal y lo místico en el mismo grado de importancia y trascendencia.

Larga vida al joven disipado y luego anciano cura don Franz Liszt.

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