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Héctor Bonilla presentará Yo soy mi propia esposa en el Rafael Solana desde el 3 de enero

Un actor es mejor si toca más géneros y sus personajes son distintos entre sí

Considera que esa puesta en escena es su mayor reto, pues interpreta 35 papeles

Es imprescindible el teatro panfletario, pero no todo debe ser así, comenta en entrevista

 
Periódico La Jornada
Jueves 31 de diciembre de 2009, p. 6

La vida y obra del actor Héctor Bonilla Rebentun (México, DF, 13 de marzo de 1939) está ligada a la historia del teatro, el cine y la televisión mexicanos por medio de producciones marcadas por el profesionalismo. A los 70 años de edad presentará el que considera su mayor reto histriónico: una pieza teatral en la que actúa 35 personajes, todos ellos diferentes en la voz, ademanes y personalidad. Ha cosechado aplausos en los diversos foros en los que la ha presentado.

El pretexto de la charla con Héctor Bonilla es su puesta Yo soy mi propia esposa, que se escenificará en el teatro Rafael Solana del Centro Cultural, a partir del próximo 3 de enero.

“Para mí, la actuación fue una tabla de salvación. Soy el menor de seis hijos, todos los demás profesionales brillantes, pero yo era un niño muy inseguro por mi incapacidad para las matemáticas, la física y la química; estaba literalmente negado para esas materias. En tercero de secundaria, la maestra de lengua y literatura españolas me subió al escenario del auditorio de la Escuela Albert Einstein (Secundaria número 15) para hacer un paso de Lope de Rueda ¡y se abrió ante mi un mundo!, porque me di cuenta de que la gente se reía o callaba cuando yo quería… Eso fue en 1954.

Soy un ser dicotómico, lleno de contradicciones, y cuando llegué a la universidad, me iba a estudiar teatro después de jugar futbol americano.

Forma de comunicación

–¿Qué es la actuación?

–Es mi modus vivendi, mi entretenimiento; es mi forma de expresión y de comunicarme. Creo que desde antes de esgrimir un juicio ético sobre cómo debe ser un actor, asunto en el que podemos caer en falacias verdaderamente patéticas, hay que ver como se ejerce el oficio de la actuación.

Bonilla ha destacado como director e innovador de las telenovelas en México, pero es el teatro el que marca su trabajo. “Desde aquí se ve en que se puede ejercer mejor un oficio; creo que no debes prejuiciarte; por ejemplo, es imprescindible el teatro panfletario, pero no todo el teatro debe ser panfletario. ¡Eso es demagogia! Lo fundamental es que lo hagamos bien. El problema de los mexicanos es que no hacemos bien las cosas ¡Lo hecho en México no está bien hecho! Entonces, lo que tenemos que hacer es ejercer nuestro oficio con solvencia.

Y también falla el ambicioso y pretencioso teatro intelectual. Muchas veces creen que con este barniz se tiene derecho a no hacer las cosas bien, a hacer unos ensayos de dos años y realizar una temporada de dos semanas, engañándose a sí mismos y engañando a la gente. Nunca me ha gustado el dinero, la fama ni la inmortalidad; el éxito es que lo que planeas se parezca a lo que resulta. Esto es, que no hagan el teatro que a uno le gusta no implica que se deba despreciar, porque el abanico es enorme. Un actor será mejor mientras más géneros toque, y sus personajes sean diferentes entre sí. ¡Eso es caracterizar!, ¡eso es actuar!

En relación con el público, dijo: No creo en la cuarta pared, no creo en las vivencias emocionales aplicadas a la representación, que son utilizables en el taller o en el ensayo, pero la cuarta pared no existe y la verdadera emoción que tiene el actor está en el terreno de lo artístico y de lo lúdico. Yo juego para que el espectador se involucre jugando también y se dé permiso de creer la mentira que le digo. Resulta que hay públicos diferentes; por ejemplo, el del domingo en la tarde es lerdo; viene de comer chicharrón y de tomarse un tequila. Las personas mayores se duermen a pesar de que he hecho comedias musicales muy estridentes, pero el deber del actor es que se lleven la misma puesta en escena que planeó.

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Para mí, la actuación fue una tabla de salvación, expresa BonillaFoto Carlos Ramos Mamahua

–¿Cómo enfoca lo profesional y lo comercial?

–Hay dos conceptos que se confunden y que son totalmente distintos: la fama y el prestigio. ¿Quién es más famoso que Zhenli Ye Gon y el mocha orejas en cinco minutos? ¡Nadie! Este es el trillado y absurdo camino que siguen muchas personas, no les quiero decir compañeros, porque no pertenecen a mi profesión. Esas carnes de las revistas, que se dicen del corazón, pero que son revistas de la cola, aspiran a la fama. Al único actor que admiro es al Santo, porque no lo conoce nadie. ¡Mi intimidad les vale madre! La intimidad se prostituye cuando se hace pública. A un egregio periodista, que me harto porque me preguntaba cosas que luego en us notas tergiversaba, un día le dije: a quién me cojo y que me meto te vale madre; soy un actor que se caracteriza y representa. Ahora bien, como ser político, el compromiso de manifestarme en la sociedad como ciudadano es ineludible.

Es un privilegio poder soñar con elegir tu trabajo esto no es fácil. Es más fácil en el teatro discriminar lo que no quieres hacer, pero en el monstruoso medio de comunicación que es la televisión es más difícil y yo lo logro en cierto sentido, pues me he negado sistemáticamente a firmar un contrato de exclusividad, ya que no quiero ser empleado de una empresa.

En la televisión, Bonilla tiene logros importantes. “No he bajado los brazos para hacer una mejor televisión en el área de ficción. En 1985 diseñé un sistema para hacer tv, el cual apliqué en La gloria y el infierno, que fue la primera telenovela que se hizo sin pisar un foro, todo se realizó en escenarios naturales de México. Eliminé el apuntador electrónico, llamé a un director de cine para tener un punto de vista detrás de cámara y el reparto íntegro era de actores de extracción cinematográfica o teatral. Fue otro nivel, sin duda, pero no tuvo rating, misteriosamente”.

Un negocio mejor que el petróleo

En relación con el cine, Bonilla dijo: Tengo el problema de que mantengo a mucha gente y el cine mexicano lamentablemente no tiene dinero; se retrasa no dos meses, sino dos años. He dejado de hacer muchas películas. No se ponen a pensar en una industria fílmica, que sería un negocio mejor que el petróleo.

Un tema que le apasiona es el de las telenovelas. Abundó: “Recordemos la lacerante frase de Emilio Azcárraga Milmo: ‘Las telenovelas son el Disneylandia de los jodidos’, con lo cual considera imbécil al pueblo. El público agradecerá que se le dé un producto excelente”.

–¿Quién debe administrar la cultura?

–Debe ser alguien que entienda lo que pasa, así como la cultura; alguien con vocación de servicio, en lugar de ir a ver cómo se reparte la lana.

Yo soy mi propia esposa, se escenificará desde el próximo domingo en el teatro Rafael Solana, ubicado en Miguel Ángel de Quevedo 687, colonia Coyoacán. Teléfono 5554-1633.