Usted está aquí: lunes 17 de julio de 2006 Espectáculos Camposanto es un disco que parte del principio de mi sanación: Sibila de Villa

Es un homenaje a su padre y "a lo que nos queda por vivir", señala la saxofonista

Camposanto es un disco que parte del principio de mi sanación: Sibila de Villa

Contiene temas de Armando Manzanero; la acompañan jazzistas como Héctor Infanzón

TANIA MOLINA RAMIREZ

Ampliar la imagen Me siento llena de laberintos, de torbellinos, dice Sibila en entrevista

La saxofonista y flautista Sibila de Villa tiene el valor de mirar la melancolía de frente y sumergirse en ella. De ahí nace su primer disco, Camposanto (PyP producciones): del nado en aguas profundas.

La producción es un homenaje a su padre, que murió hace 20 años, y, al mismo tiempo, "a lo que nos queda por vivir", expresa.

"La melancolía es la felicidad de estar triste", cita Sibila al escritor Víctor Hugo. "La entiendo como un espacio amoroso. No como algo que te paralice, sino como espacio de sanación; un espacio muy noble para escarbar dentro de uno mismo; un espacio para pensar", sigue en entrevista.

El disco lo realizó con músicos que conoce de tiempo atrás, varios de ellos reconocidos artistas: los pianistas Héctor Infanzón, Rosino Serrano, Leonardo Sandoval y Omar Ortiz; Alvaro Bitrán (chelo), Agustín Bernal (contrabajo); Alejandro Campos (saxofón alto y saxofón tenor).

Hay, también, una participación del canadiense Don Thompson, con quien interpretó, en concierto, Bésame mucho.

El disco contiene temas de compositores mexicanos, como Muy a mi pesar (Armando Manzanero), Vete de mí (Homero y Virgilio Expósito) y El último beso (Agustín Lara). Son canciones "atadas a mi historia, me es natural interpretarlas", cuenta Sibila.

Cuando terminó el proceso de creación del disco "fue un respiro profundo; como decir, 'fffffff... Ahí está lo que amorosamente puedo hacer por ti, papá'".

Su padre fue un hombre conservador que estuvo en contra de que ella fuese música. "Quería protegerme, desde su concepción de la realidad."

La reconciliación llegó al final. "Antes de morir, me dijo: 'hasta ahora comprendo tu manera de vivir y está bien'".

Camposanto es un disco fuera de lo común. Las interpretaciones son de una originalidad sorprendente. Por poner un ejemplo, para el tema de Toda una vida (Osvaldo Farrés) grabó a varios cilindreros en las calles de la ciudad de México hasta que escogió el sonido de César Valdéz, de la plaza de Coyoacán. Después, cuenta, "me costó mucho trabajo integrarme al alma de la música del organillero". Lo logró. La canción evoca la melancolía con tal fuerza que parecería materializarla. El cilindrero aparece, fantasmal, lo persigue el saxofón... van uno tras el otro.

Calidad musical con aire artesanal

Camposanto tiene excelente calidad musical y, a la vez, un aire artesanal. Las fotografías en el disco fueron tomadas por la saxofonista: la sierra Tarahumara, las cataratas del Niágara, las termas de Caracala y los bosques de Quebec.

El disco es una coproducción con PyP, que se quedó con la mitad de la producción.

Sibila de Villa recalca la importancia que tiene para ella lo que hace y que sea de manera independiente. Se arriesga a hacer lo que le gusta, lucha por seguir el camino de lo que cree. Esta producción, en particular, "parte del principio de que me sane; si a alguien más le gusta, qué lindo".

Hace poco estuvo en Radio Educación y una radioescucha, de 74 años, habló, conmovida, para preguntar cómo podía conseguir el disco. Sibila le explicó que directamente a través de ella. "Cuando hice el disco, fue una cosa muy personal; me significa mucho que al menos en una persona hiciera eco."

No sólo eso. También le gusta tener contacto personal con quienes compran el disco.

Sibila de Villa nació hace 38 años en Torreón, Coahuila, y se crió en Tepoztlán.

Su madre la metió a clases de todo. La música la atrajo: "Me sentía libre; ahí podía fluir".

La primera impresión fuerte la tuvo a los 13 años, al escuchar en vivo a un flautista: "Vi el sonido en azul". Para sorpresa suya, años más tarde, un maestro de la Escuela Nacional de Música (estudió flauta transversa) le comentó que el color de la flauta es el azul.

A lo largo de su trayectoria musical, Sibila ha participado en varios proyectos: formó parte del grupo roquero Flor de Metal y ha colaborado con Astrid Hadad desde hace 16 años. Grabó dos discos con el grupo Arcana y participó en uno de Roberto González.

Estudió el saxofón alto en Canadá.

Ahora, la cantante Liliana Felipe (en el clarinete) y ella forman un "dueto muy libre" y se salen a la calle a tocar.

Como se ve, Sibila no es una mujer exclusivamente sumergida en la melancolía. Su mundo sentimental y musical es mucho más amplio.

La flauta representa la esperanza

Para ella, cada instrumento refleja una parte de su personalidad. Sin afán de encasillar, dice que la flauta le representa la confianza, la esperanza. Es un instrumento muy noble, "lo retomo, tras un tiempo, y está siempre esperando". Como la esperanza, "está siempre ahí".

El saxofón alto le representa "la irresponsabilidad", el "actuar sin razonar... saber que las consecuencias pueden ser lastimosas, pero de todos modos hacerlo", como cuando uno ama a alguien sabiendo que le hará daño.

El saxofón soprano es ir "hacia la libertad; la elegancia de caminar con quietud".

Habla con admiración del "caminar de los músicos" a los que se les ve que encontraron "paz de alma". Ella, dice, apenas hace exploraciones para encontrarla. "Me siento llena de laberintos, torbellinos. Encuentro remansos de paz, pero no es la constante."

Para contactar a Sibila de Villa: [email protected]. Tel.: 044 55 2715-3910.

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.