Usted está aquí: viernes 20 de mayo de 2005 Política Tzotziles desplazados de Yaxjemel cumplen 8 años de resistir con conciencia las adversidades

Pese a la pobreza, 160 niños asisten a diario a tomar clases en una escuela local

Tzotziles desplazados de Yaxjemel cumplen 8 años de resistir con conciencia las adversidades

Despojados de sus milpas, deben trabajar en pequeñas parcelas "de prestado"

Con Jornadas de Resistencia, grupos civiles reúnen apoyo que se traduce en alimentación y salud

HERMANN BELLINGHAUSEN ENVIADO

Takiukum, Chis., 19 de mayo. En las afueras de la comunidad propiamente dicha, en modestas casas de tabla, lámina y cartón, el llamado Campamento Ocho del municipio autónomo de Polhó acoge a unos 900 civiles zapatistas expulsados de sus tierras por los paramilitares de Yaxjemel en 1997. En una zona donde la pobreza es "ancestral" de por sí, los indígenas sostienen su resistencia en condiciones materiales muy precarias. Uno diría que sorprendentes. "La conciencia que tenemos hace que podamos resistir sin perder el ánimo", expresa sonriente Lucio, un promotor de educación.

Dentro de la comunidad de Takiukum, enclavada en la serranía pedrana, un campamento militar ocupa un buen terreno para los dormitorios, comedores, canchas deportivas, cocheras para camiones y vehículos blindados, puestos de control, oficinas, parapetos de rocas blanqueadas y costales de arena verde olivo, tinacos de agua, área de baños. A espaldas de estas instalaciones sube por la ladera un terreno talado que estaría bueno para toda una milpa, donde se despliegan monumentales el escudo de la Secretaría de la Defensa Nacional, la identificación de la zona militar, del batallón y del agrupamiento que ocupa esa posición de avanzada, también desde 1997.

El contraste es fuerte. Sobre todo porque los desplazados no tienen ya sus milpas y cafetales, y trabajan pequeñas parcelas de prestado para obtener un poco de maíz. Sus tierras las controlan los paramilitares priístas, allá en Yaxjemel. El peregrinar ha sido largo. Hasta hace tres años, el campamento de familias zapatistas estaba en Naranjatic, pero la escasez de agua las obligó a trasladarse a Takiukum, en donde como sea necesitan caminar grandes distancias para obtener el líquido. Cada día se puede ver a mujeres y niñas cargando con mecapal garrafones de agua de diez y 20 litros.

El Campamento Ocho no es un verdadero pueblo; las cabañas y casuchas albergan varias familias a la vez. Así se procrean y crecen los niños. Así se pasa la vida día tras día.

Pero hay escuela. Acuden a ella 160 alumnos. Siete promotores de educación imparten los dos "niveles" de las tres "etapas" que componen los seis años de la primaria autónoma. "La libertad es un sueño que la educación hará realidad", se lee en el muro de una de las aulas: un cuarto con muros de tabla, piso de tierra, techo de lámina y bancas rudimentarias, de momento arrinconadas porque diez niñas de belleza indescriptible ensayan el Jarabe Tapatío y necesitan espacio.

Lucio, promotor de educación, un muchacho como de 20 años, acciona la grabadora e indica el paso correcto, que ya dominan aunque al modo tzotzil, con pasos cortos y una sonrisa diferente. Sus huipiles estampados en cientos de finas líneas rojas, rosas y moradas, hacen vibrar el aire. Dos de ellas muestran los brazos con las costras y escoriaciones de alguna infección cutánea, pero también sonríen, tímidas y entretenidas. Una bulliciosa treintena de niños observa la clase de baile.

Al centro de las cabañas que componen la escuela autónoma varios niños juegan en la cancha de tierra aplanada. El entusiasta promotor señala las laderas y dice: "Ya pronto los compas van a sembrar un poco de milpa con las tierras que nos emprestan aquí en Takiukum. A ver si llueve". Lucio salió de Yaxjemel siendo niño. El exilio lo hizo maestro de los niños. Dice que le gusta su trabajo. Dice que es difícil pero tiene la conciencia. Muestra un cancionero, escrito a mano, con la letras de las composiciones que ensaya con los alumnos. Sin desdeñar rondas infantiles y boleros como Déjame llorar, las composiciones que aprenden los niños van desde Comandante Che Guevara, de Carlos Puebla, el Corrido de Emiliano Zapata y Las casas de madera, hasta Compañero Manuel, El insurgente, La cumbia del EZLN, Las mañanitas insurgentes y otras.

Abre el cancionero La Sierra de escuela, una verdadera declaración de principios, compuesta por los promotores en alguno de sus talleres periódicos. La letra es como sigue: "De la sierra de la escuela/traigo un mensaje muy grave:/ahí andan los promotores./Les asiste la razón/que la justicia es su destino./Saben de los padeceres/de todos los compañeros,/han arriesgado sus vidas /defendiendo a sus alumnos./Quieren una educación libre/sin patrón y sin amos. /Les duele mi corazón/por sus hijos abandonados,/pero me da vergüenza/ver su carne arrodillada./Uneteles compañero,/fájate los pantalones./Más vale morir de pie/que vivir de rodillas."

Los niños aprenden aquí a leer y escribir en 'castilla' y tzotzil. Las matemáticas se imparten en ambas lenguas. Además, se enseña historia de México y se efectúan actividades artísticas y deportivas.

La cocina comunal ocupa un amplio galerón al lado de la escuela. Pulcro y ordenado, el recinto es una barricada más de la resistencia. Aquí trabajan como cocineras dos nutriólogas indígenas, formadas y apoyadas por el Fideicomiso para la Salud de los Niños Indígenas de México (Fideo). Los costales de amaranto y atole apilados contra un muro muestran una engañosa abundancia. La cocina vive en permanente escasez de maíz, frijol y café. Luego de que la Cruz Roja retiró su ayuda alimentaria en diciembre de 2003, este fideicomiso de la sociedad civil promueve las Jornadas de Resistencia, para reunir apoyo económico, mas lo que recibe en la actualidad dista de ser suficiente.

Alimentación, salud y educación son los ejes de la autonomía en todos los territorios zapatistas. En Takiukum, como en Polhó, estos ejes (en especial los dos primeros) se cubren con una precariedad propia de las verdaderas guerras.

 
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