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P O L I T I C A
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México D.F. Jueves 19 de agosto de 2004

Miguel Marín Bosch *

Atenas

Los juegos olímpicos están nuevamente en Atenas, donde renacieron en 1896. Eso no es noticia. Lo que sí es noticia es lo muy sorprendidos que están algunos observadores con lo bien que les está saliendo el numerito. No es fácil organizar unos juegos olímpicos. Afortuna-damente Atenas lo consiguió y, como dicen los letreros repartidos por toda la ciudad: bienvenidos a casa.

En la edición de 1896 participaron 13 países y 311 atletas (todos hombres, ya que las mujeres no empezaron a competir hasta 1900 en París). En esta ocasión hay más de 10 mil 500 atletas de 202 países. Es la olimpiada más grande de la historia y se celebra en un país relativamente pe-queño. Sólo Finlandia (Helsinki, 1952) tenía menos población.

En la Olimpiada de 1896 Australia y Estados Unidos fueron los únicos países no europeos. Se disputaron unos 40 eventos (comparado con los más de 300 de hoy en día) y si bien Estados Unidos ganó una medalla de oro más que Grecia, los anfitriones arrasaron en la competencia, obteniendo cuando menos una medalla en casi todos las disciplinas.

Hace casi 20 años que Atenas aspiraba a ser nuevamente la sede de los juegos olímpicos. Y quería serlo en 1996, año del centenario, pero perdió ante Atlanta. Ahora por fin lo consiguió y se está luciendo. La espléndida (y didáctica) ceremonia inaugural en el majestuoso estadio olímpico fue una señal inequívoca de que las cosas les saldrían bien. Muchos lo celebran al tiempo que confiesan que nunca pensaron que los griegos fueran capaces de un espectáculo como el del viernes pasado. Algunos observadores llegaron a decir que el "carácter mediterráneo" está reñido con la noción del tiempo y las dotes de organización. Vaticinaron que los estadios no estarían terminados y que los juegos serían un fracaso. Qué bueno que los griegos demostraron lo contrario.

Los gritos, gestos y hasta lágrimas de alegría de los vencedores nos confirman una vez más que lo importante no es competir, sino triunfar. E inmediatamente se intensifica el nacionalismo. Parecería que los asistentes a las diversos competencias están obligados a traer una bandera de su país y sentarse junto a sus compatriotas. Inclusive los locutores de las televisoras de distintos países se la pasan alentando a sus connacionales en las distintas pruebas.

En la época de la guerra fría las rivalidades políticas de los dos bloques militares se incrementaban en los juegos olímpicos. Hoy siguen las rivalidades, que, en algunos casos, se van intensificando. La indiscutible prepotencia de algunos atletas y equipos estadunidenses ha provocado en otros un verdadero enojo. Tal es el caso de algunas pruebas de natación o del llamado dream team de basquetbol.

Los juegos olímpicos suelen convertirse en un escaparate de la ciudad y hasta del país anfitrión. Durante dos semanas los ojos del mundo están puestos en un solo lugar. Y puede haber consecuencias inesperadas. Recuerden lo mal que nos fue en vísperas de los juegos de 1968. Luego, en el Mundial de Futbol de 1970 nos fue mejor, pero nuestras olimpiadas seguirán vinculadas a la tragedia del 2 de octubre.

Desde hace años el movimiento olímpico se ha visto amenazado por dos flagelos: el comercialismo y el dopaje. El primero se evidenció en las dos olimpiadas celebradas recientemente en Estados Unidos (Los Angeles 1984 y Atlanta 1996). En ambas los organizadores echaron mano de la iniciativa privada para hacerse de los fondos necesarios. En Atenas el presupuesto para preparar los juegos (construir o modernizar la infraestructura) y realizarlos (presupuesto operativo) ha salido principalmente del gobierno griego. El presupuesto operativo -inflado debido a las impresionantes medidas de seguridad- es de unos 2 mil millones de dólares de los cuales el Comité Olímpico Internacional (COI) rembolsará al gobierno griego poco más de la mitad, suma conseguida con la venta de los derechos de transmisión y de patrocinadores de todo el mundo. Pero les ha salido muy caro a los griegos.

Hace unos meses se llevó a cabo en Portugal la Eurocopa 2004. Ahí también se gastaron enormes sumas, sobre todo en la construcción de varios estadios de futbol. No sé qué arreglos hizo el gobierno portugués con los dueños de los equipos que ahora jugarán en esos estadios. Pero, por lo pronto, son los impuestos del pueblo portugués los que sufragaron la construcción de estadios para la iniciativa privada.

El segundo azote es el creciente dopaje entre los atletas. Bajo presión de cosechar muchas medallas, hay entrenadores que suministran sustancias prohibidas a sus atletas, a veces sin su conocimiento. Recuerdan los casos de la desaparecida República Democrática Alemana. El tema del dopaje irrumpió en los juegos de Atenas desde el primer día en relación a dos velocistas griegos. Acabar con los problemas del dopaje se ha convertido en una de las principales metas de Jacques Rogge, nuevo presidente del COI. Hay quienes alegan que el dopaje ha existido desde la primera olimpiada hace casi 3 mil años. Se dice que algunos atletas comían testículos de cabra para mejorar su rendimiento deportivo. Peor aún, si sigue avanzando la ciencia, podría darse el caso que los atletas fueran dopados genéticamente, cosa que sería imposible detectar.

En teoría son ciudades las que organizan los juegos olímpicos. Pero en un país pequeño como Grecia los juegos son de todos sus habitantes y motivo de orgullo nacional.

* Ex subsecretario de Relaciones Exteriores y presidente de Desarmex, AC

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