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México D.F. Jueves 2 de octubre de 2003

Robert Fisk

Irak: el tesoro no se puede abrir

El petróleo es un material resbaladizo, pero no tanto como las cifras que ahora pregonan los ocupantes estadunidenses de Irak. En los alrededores de Kirkurk las autoridades mantienen en secreto las cifras de sabotaje, tal vez porque no pueden impedir que continúen las explosiones en su oleoducto a Turquía. Y en Bagdad los hombres que emiten las cifras de producción petrolera iraquí comienzan a parecer como los ocupantes de la caverna de Platón -sacan conclusiones de las sombras en la pared- y cocinan las estadísticas.

Paul Bremer, el procónsul estadunidense que usa botas de combate, lleva su intento de hacer más sexys las cifras hasta un punto en que los mismos funcionarios petroleros menean la cabeza. En Kirkurk, por ejemplo, las autoridades de ocupación sólo reconocen un acto de sabotaje cuando las cámaras de televisión han captado el oleoducto arrojando llamas por la herida.

Así lo hicieron, por ejemplo, el 18 de agosto, pero ese mismo oleoducto ha sido atacado en fechas posteriores. Volvió a estallar en llamas el 17 de septiembre -encontré a un ejecutivo petrolero que atestiguó la explosión- y cuatro veces más al día siguiente. Ahora patrullas y helicópteros estadunidenses recorren su trayecto, pero, en las enormes barrancas y zonas tribales por donde pasa hay largos tramos indefendibles.

Los petroleros europeos que trabajan en Bagdad se dan cuenta ahora de que los funcionarios iraquíes del Ministerio del Petróleo -una de las dos únicas instituciones que los estadunidenses protegieron del saqueo- sabían muy bien que ocurrirían actos de sa-botaje. "En junio me dijeron que no habría exportaciones petroleras del norte", me co-mentó uno esta semana. "Sabían que habría sabotaje, el cual obviamente se planeó mu-cho antes de la invasión de marzo."

En los primeros días de la ocupación los estadunidenses tomaron en secreto la im-prudente decisión de recontratar a muchos tecnócratas petroleros baazistas, lo cual significa que buena parte de los funcionarios del ministerio aún son ambivalentes hacia los ocupantes. Así pues, los únicos ingresos petroleros que éstos pueden obtener provienen del sur. A mediados de agosto, Bremer dio la impresión de que la producción era de millón y medio de barriles al día, pero la cifra real en ese momento era de 780 mil, y es rara la vez en que llega al millón. En palabras de un analista petrolero de visita en Irak, se trata de una "catástrofe inexcusable".

Cuando los estadunidenses atacaron Irak, en marzo, el país producía 2 millones 700 mil barriles diarios. Ahora también ha trascendido que en las primeras horas de la incursión en Bagdad, el 9 de abril, los soldados dejaron entrar saqueadores al Ministerio del Petróleo. Para cuando llegaron oficiales que ordenaron echarlos, habían destruido irremplazables datos sismográficos y de perforación que valían miles de millones de dólares. Y si bien las principales compañías petroleras de Estados Unidos siguen dispuestas a invertir miles de millones de dólares si la producción petrolera se reanuda en breve, desde mucho antes de la guerra sus ejecutivos exigían saber cómo pensaba el gobierno de Bush evitar los sabotajes.

De hecho, Saddam Hussein no tenía planes de destruir los pozos petroleros, y en cambio tenía muchos para volar los ductos de exportación. El Pentágono entendió todo al revés: envió tropas a proteger los campos y pasó por alto los vulnerables oleoductos.

La anarquía está tan extendida en el Irak de posguerra que resulta casi imposible que los inversionistas extranjeros trabajen aquí. No hay seguridad para ellos, por lo cual los administradores de la ocupación, comandados por Bremer, han resuelto en secreto que buena parte de los 20 mil millones de dólares que se enviarán a Irak se destinen a dar seguridad a la infraestructura petrolera.

Durante la guerra un análisis detallado de Yahya Sadowski, profesor de la Universidad Americana de Beirut, sugirió que reparar pozos y oleoductos en el Irak de posguerra costaría mil millones de dólares; elevar la producción a 3.5 millones de barriles diarios llevaría tres años y requeriría otros 8 mil millones de dólares, además de otros 20 mil millones necesarios para reparar la red eléctrica que da energía a las bombas y refinerías. Llevar la producción a 6 millones de barriles diarios costaría otros 30 mil millones de dólares, aunque algunos dicen que serían 100 mil millones.

En otras palabras, partiendo de la base de que sólo 8 mil millones de esos 20 mil millones de dólares asignados pueden emplearse en la industria, el presupuesto global de Bush de 87 mil millones de dólares, que en estos días horroriza al Congreso, probablemente se eleve a una cifra de 200 mil millones. Uf.

Del decenio de 1920 a la fecha sólo se han perforado en Irak unos 2 mil 300 pozos petroleros, todos en los valles del Tigris y el Eufrates. Sus desiertos están totalmente inexplorados. Según cifras oficiales, Irak contiene 12 por ciento de las reservas petroleras mundiales -dos tercios de las reservas están en sólo cuatro países: Arabia Saudita, Irán, Kuwait y Emiratos Arabes Unidos-, pero podría contener 20 por ciento o inclusive 25 por ciento.

Es posible argumentar que lo que hizo tan importante para Estados Unidos el "cambio de régimen" fue la decisión de Saddam Hussein de remplazar el dólar por el euro en noviembre de 2000. Cuando Irán amenazó con hacer lo mismo, se le incorporó al eje del mal. La defensa del dólar es casi tan importante como el petróleo.

Sin embargo, la verdadera ironía radica en la naturaleza del nuevo poder estadunidense en Irak. Los depósitos petroleros de Estados Unidos se reducen cada vez más, y en 2025 tal vez 70 por ciento de la demanda interna de ese país se atenderá con importaciones. Necesita controlar las reservas mundiales -y no me digan que hubiera invadido a Irak si su principal exportación fuera la remolacha-, de las cuales ahora controla quizá 25 por ciento. Pero no puede hacer fluir el petróleo. El costo que se requiere para ello puede provocar una crisis en su propia economía.

Y es esto -más que la diaria matanza de soldados estadunidenses- lo que está detrás de la creciente sensación de pánico que se apodera del gobierno de Bush. Washington tiene las manos en el mayor cofre del tesoro de la tierra... pero no puede abrir la tapa.

No es extraño que en Bagdad estén cocinando las cifras.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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