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México D.F. Sábado 2 de agosto de 2003

En la reunión de Doha los desacuerdos obligaron a extender un día más las sesiones

México podría definir si hay avance democrático de la OMC en Cancún

Según expertos, tendrá poder para determinar un proceso imparcial El país debería operar en solidaridad con otras naciones en vías de desarrollo, consideró Lori Wallach, de Public Citizen

JIM CASON Y DAVID BROOKS CORRESPONSALES

Washington y Nueva York, 1Ɔ de agosto. El gobierno de México tendrá un papel clave para determinar si la próxima reunión de la Organización Mundial de Comercio, en Cancún en septiembre próximo, será una repetición de negociaciones no democráticas y secretas como las que se realizaron en su última ronda hace dos años, o si se establecerá un proceso más democrático y transparente que permita la presencia de las voces de todos los países miembros, señalaron expertos y críticos del comercio internacional esta semana.

La anterior reunión del organismo mundial encargado de desarrollar e implementar las "reglas" del comercio mundial se celebró en Doha, Qatar, y las desavenencias fueron tan fuertes que para poder lograr algún acuerdo las sesiones debieron extenderse un día más de lo programado.

El ministro de Comercio de Qatar, quien presidió la sesión final, sólo logró declarar un consenso al ignorar las protestas de varios países en desarrollo y se rehusó a darle la palabra a otros, reportaron varios participantes. Después de ese encuentro, Cuba, India, Indonesia y Kenya se sumaron a 11 grupos para demandar reformas que democratizaran la Organización Mundial de Comercio (OMC), pero hasta la fecha éstas han sido rechazadas.

Cuando los ministros de Comercio se reúnan en Cancún el 10 de septiembre, será el canciller Luis Ernesto Derbez quien ocupará el asiento caliente. Como presidente de la reunión ministerial (puesto otorgado al país anfitrión), los analistas dicen que México tendrá un poder enorme para determinar si se permitirá o no una plena discusión de los temas o si sólo se subordinará a la presión de los países más poderosos del mundo desarrollado para imponer acuerdos, aun cuando se carece de un consenso (según las reglas de la OMC, todo acuerdo se adopta por consenso, y no por voto mayoritario. El presidente de la reunión es quien determina si existe o no el consenso).

"El papel de México en asegurar que sea un proceso imparcial es sumamente importante", indicó la abogada especialista en comercio internacional Lori Wallach, quien encabeza el proyecto de comercio mundial de Public Citizen. "Si desea garantizar algún modo de legitimidad al proceso, necesitará garantizar que el proceso represente la voluntad de la mayoría. México como presidente (de la reunión) debería operar en solidaridad con otros países en vías de desarrollo".

Llamó a que México asuma una posición pública contra el uso de los denominados "cuartos verdes", negociaciones secretas donde las delegaciones pueden participar sólo por invitación de un grupo selecto de los gobiernos más poderosos y sus aliados. Además, dijo, no debería haber intentos de imponer consensos a países renuentes o crear artificialmente consensos donde no existe ninguno.

Pero en entrevista con La Jornada en Washington, Wallach admitió no ser optimista: "México se ha inclinado más con base en la geografía que sobre sustancia, y por lo tanto se ha alineado con Estados Unidos". De hecho, durante los pasados dos años México se ha opuesto de manera consistente a las propuestas para reformar el proceso de toma de decisiones en la OMC para asegurar mayor transparencia.

Este mes, la Red del Tercer Mundo, el Instituto para Políticas de Agricultura y Comercio (IATP) y Oxfam se sumaron a otras siete ONG internacionales para reclamar la democratización de la OMC. "Normalmente, en las conferencias internacionales, las declaraciones finales son formuladas de manera conjunta", explicó Martin Khor, de la Red del Tercer Mundo. "En la OMC un solo individuo conocido como el presidente (de la reunión) presenta un borrador y ese borrador podría no manifestar las opiniones de todos".

En reuniones anteriores, Estados Unidos y la Unión Europea han circunvalado las sesiones públicas al negociar secciones clave de los borradores de los acuerdos en los "cuartos verdes" secretos y después han presentado estos textos "finales" en la plenaria.

"En Doha, los textos aparecían de la nada. Cada dos horas un nuevo texto aparecía, pero nadie reconocía haberlo redactado", dijo Shefali Sharmam, analista con sede en Ginebra de la organización estadunidense IATP, y quien ha participado en las pasadas dos reuniones ministeriales de la OMC.

En entrevista con La Jornada, Sharmam agregó que cuando los delegados reunidos en Doha no pudieron acordar una declaración final, la reunión fue extendida un día más sin consulta alguna. Algunos delegados de países pobres ya se habían marchado y otros fueron obligados a aceptar documentos que no apoyaban o perder sus vuelos de salida. "Presidentes fueron llamados para girar a sus ministros instrucciones de callar, misteriosamente algunos países retiraron a sus ministros en medio de las negociaciones", comentó.

Negociaciones soterradas

Hubo dos rondas de negociaciones que duraron toda la noche en los "cuartos verdes" en Doha y una sesión pública final. Cuando el borrador de la declaración final fue presentado en esa última sesión, India fue el primer país en pedir la palabra, añadió Sharmam.

Pero el presidente reconoció a otros 10 países antes de permitir que India tomara la palabra, incluyendo a seis que apoyaban el borrador. "Barbados y varios países más solicitaron enmiendas al texto, pero fueron esencialmente ignorados por el presidente", recordó.

En respuesta a este tipo de comportamiento, Cuba, India, Indonesia, Honduras y Kenya se sumaron a otros 10 países el año pasado para demandar cambios fundamentales en la estructura de la toma de decisiones en la OMC. "La ambigüedad de cómo se toman las decisiones funciona a favor de los países poderosos", concluyó Sharmam. Las demandas fundamentales de estos países fueron de reglas más claras en la toma de decisiones, eliminación de las sesiones de negociación privada en los "cuartos verdes" y que determinaciones como la extensión de la reunión las deben tomar todos.

Los problemas con el proceso de toma de decisiones serán aun más evidentes en Cancún, ya que no existe ningún consenso sobre los temas clave en la agenda entre los 146 países miembros de la OMC. Estados Unidos, Europa y Japón han resistido todos los intentos para reformar el proceso, argumentando que son imprácticos, y los desacuerdos abiertos han estancado casi cualquier avance en los temas de agricultura, protección de la industria farmacéutica y los esfuerzos de los países más pobres de insistir en un trato especial para proteger sus frágiles economías.

Una prueba clave, señaló Martin Khor, de la Red del Tercer Mundo, será si la reunión ministerial de Cancún llega a un acuerdo sobre una nueva ronda de negociaciones para los llamados temas de Singapur: las demandas de países en vías de desarrollo de una negociación de procedimientos para proteger inversiones y otros temas.

Khor informó que por lo menos 80 de los países miembros de la OMC se han manifestado en contra de iniciar negociaciones formales sobre los temas de Singapur, pero advirtió que ya que están bajo presión de poderosas empresas de la Unión Europea y de Estados Unidos; nadie sabrá al inicio si estas negociaciones formarán parte de la declaración final en Cancún.

Pero Khor y Sharmam dijeron, en entrevistas por separado, que las expectativas de que México se posicione junto con otros países en desarrollo son bajas. El gobierno podría apoyar las negociaciones de los temas de Singapur si obtiene algunas protecciones para sus productores agrarios, dijo Khor. Pero Sharmam señaló que aun sin estos beneficios, México podría alinearse con Estados Unidos. "México actúa casi como el estado 51 de Estados Unidos en estas negociaciones", dijo.

El año pasado cuando India, Cuba y otros países presentaron propuestas para cambiar los procesos internos de la OMC, México se unió con Canadá y otras naciones para argumentar que estos cambios colocarían a los negociadores una "camisa de fuerza" haciendo casi imposible toda negociación de nuevas reglas de comercio.

Wallach comentó esta semana que espera que el pueblo de México estará del lado de la mayoría de los países en vías de desarrollo. "En Cancún, el lugar real donde vive la gente que trabaja en la zona hotelera, hay una población a la que se le dijo hace casi 10 años que el TLC y la globalización patrocinada por las empresas serían su boleto al Primer Mundo", recordó Wallach.

"Le rompieron el corazón al pueblo de México con los resultados reales del TLC. La gente ha visto cómo se han desplomado sus sueldos, cómo los granjeros han sido expulsados de sus tierras y cómo muchos empresarios de clase media han sido llevados a la pobreza". Concluyó que "esta gente se unirá con la gente de la ciudad de México, y de todo el país, y de capitales de todo el mundo, para protestar contra las políticas de la OMC".

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