Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 18 de febrero de 2003
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Economía

Emir Sader *

Un nuevo poder imperial

La guerra del Golfo de 1991 fue para expulsar a Irak de Kuwait. El entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, confesó que era una guerra por el petróleo, porque países que invaden a otros hay muchos, pero ningún otro merecía una invasión puesto que no había petróleo de por medio.

Esta vez, la guerra va a rediseñar el mapa de toda la región introduciendo un nuevo poder imperial. Todos saben que Estados Unidos pretende instalarse en el corazón de Medio Oriente por tiempo prolongado e indefinido. Siria y Arabia Saudita quedarán completamente cercadas por tropas y bases estadunidenses. Irán quedará parcialmente cercada. Estados Unidos podrá intervenir en cualquier país de la región sin tener que pedir apoyo terrestre a otros países, como actualmente depende de Kuwait y de Turquía para invadir Irak. Estados Unidos pasará de ser una potencia con fuerte influencia regional por medio de una coalición con los aliados locales, a ser una potencia regional capaz de operar con sus propios medios.

Además, una vez instalado en Irak, Estados Unidos se apropiará de la segunda reserva mundial de hidrocarburos, y podría transformar significativamente el mercado mundial de petróleo. Podría duplicar rápidamente la producción, haciendo disminuir los precios del petróleo, debilitando así a la OPEP y con ella a países como Libia, Irán y Venezuela. Estados Unidos podría reordenar las reservas a su entera disposición, distanciándose del actualmente incómodo aliado Arabia Saudita, y favoreciendo el desenvolvimiento de la economía estadunidense.

Con esta guerra Estados Unidos comienza a poner en práctica su nuevo proyecto para Medio Oriente: exportar modelos de democracia liberal y economía de "libre mercado" hacia la región, considerando que esto significaría "modernizar" a los países árabes, partiendo del modelo "occidental" de la región, Israel. Se trata de instalar la "guerra de civilizaciones" en el corazón de Medio Oriente. Los intentos por derrumbar al gobierno de Arafat forman parte de la actual obsesión de que la misión de Estados Unidos es "modernizar", "democratizar", introducir el capitalismo de mercado en el conjunto de la región, comenzando por Irak y Palestina para después, ya sea por presión o amenazas, con bases militares en la frontera con Irán, en Arabia Saudita, en Kuwait, en Siria, en Turquía y Jordania, o con nuevas intervenciones directas, extender esa mancha de "civilización" desde la propia "barbarie" del mundo árabe.

Estados Unidos dispone de superioridad militar suficiente para teóricamente conseguir imponer una guerra de corto plazo, pagando un precio relativamente bajo por actuar sin las condiciones políticas básicas para una intervención de ese tipo, y sin importar el número de víctimas.

En lo interno se iniciará la campaña electoral para la relección presidencial (o como dicen algunos, para que George W. Bush pueda ser electo por primera vez presidente de Estados Unidos) a fines del próximo año. Bush se verá fortalecido por el clima de histeria en el país sitiado por los "terroristas", que tantos frutos rindió.

En lo exterior, en el caso de que resuelva favorablemente esta guerra, habrá conseguido transformar la fuerza en un argumento, y la llamada "comunidad internacional" se adheriría o se adecuaría a sus intereses y a su acción belicista. El mundo será más inestable y no menos, porque ésta sería la primera de una serie de guerras y de demostraciones de uso indiscriminado de la fuerza y de desprecio por cualquier legalidad internacional.

Habrá surgido un nuevo imperio. El que encabezó Inglaterra, de carácter colonial, ocupaba militarmente territorios como si fuesen partes de su imperio. La hegemonía imperial estadunidense del siglo XX combinó influencia ideológica y dependencia económica con intervenciones militares. Este nuevo imperio estadunidense del siglo XXI combina elementos de dominación colonial -como ya lo hace en Afganistán y busca hacerlo en Irak- con otros ideológicos y económicos, que buscan construir un imperio global centrado en una indiscutida superioridad militar.

Todo esto, articulado con valores liberales -política y económicamente-, incluidos derechos humanos y libertad de expresión. Se hunde así, con el modelo económico neoliberal que generaliza el "todo se compra y todo se vende", la farsa del liberalismo como sistema político e ideológico que pretende encarnar la libertad y la democracia, aunque disemina discriminación, desprecio de la ley y sometimiento de los más débiles. Ante esto, llegó la hora de otro mundo, de otra política, de otros valores, que apunten hacia un renacimiento del humanismo y la solidaridad. Estados Unidos, hijo dilecto del "milagro" privilegiado del capitalismo, exhibe sus vísceras y expone los límites de una sociedad en que triunfa el más fuerte y el más rico. O salimos de ese mundo o sucumbimos con él.

* Sociólogo brasileño, catedrático de la Universidad de Río de Janeiro
Traducción: Alejandra Dupuy

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