Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 28 de noviembre de 2002
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Editorial
 
IRAK: GUERRA EN SUSPENSO

sol-2El equipo internacional de inspectores de armas enviado a Irak por el Consejo de Seguridad de la ONU realizó ayer, en ese país árabe, su primera sesión de trabajo y culminó, sin novedades ni sorpresas, la verificación de dos sitios "sospechosos" de producción o almacenamiento de armas de destrucción masiva. La noticia es buena para quienes desean la preservación de la paz y la estabilidad en la región y en el mundo, pero mala para Estados Unidos, cuyo presidente, George W. Bush, espera ansioso el menor pretexto para emprender una agresión armada de gran envergadura contra Irak, agresión que viene siendo planificada y preparada desde hace meses.

La de ayer fue sólo la primera jornada de una tarea compleja y sembrada de obstáculos, en la cual se pondrán a prueba el profesionalismo y la imparcialidad de los inspectores ?cuyos predecesores realizaron, acaso sin saberlo, tareas de espionaje para Washington y Londres y fueron por ello expulsados del territorio iraquí hace más de cuatro años?, la astucia de Saddam Hussein para frustrar los planes belicistas de Estados Unidos y la determinación de este último país de destruir Irak, así sea sin más apoyo internacional que el de Inglaterra, e incluso sin una coartada mínimamente verosímil.

Debe tenerse en cuenta que el arranque de la misión de los inspectores en Irak significa el inicio de un régimen de allanamiento, incursión y quebranto de la soberanía y de la seguridad del país árabe. Este se ha visto obligado, en virtud de los términos de la resolución 1441 del Consejo de Seguridad, no sólo a prescindir de cualquier clase de armas químicas, biológicas o nucleares, sino también, en los hechos, a renunciar a cualquier potestad, reserva y autoridad sobre sus instalaciones industriales, militares y administrativas, a entregar cualquier información confidencial de Estado que le sea exigida y, por ello, a exhibir ante los enviados todos sus aparatos de defensa, inteligencia, represión y seguridad.

Habida cuenta de la prisa estadunidense por lanzar una incursión armada sobre Bagdad, no va a ser fácil para las autoridades de Irak entregar a su enemigo toda la información que requiera para hacer más fluidas y exitosas sus acciones de guerra. Pero si el régimen de Saddam presenta la menor resistencia u objeción a la tarea de los inspectores, se precipitará la agresión estadunidense. Tal es el dilema del momento presente para los gobernantes iraquíes.

El cumplimiento de la resolución 1441 evoca, de manera inevitable, la enorme disparidad de criterios y la doble moral con la que actúa el Consejo de Seguridad: Pakistán, país gobernado por un dictador no menos cruel y sórdido que Saddam, se dotó de armas nucleares sin que nadie lo molestara; otro tanto hizo India, su rival y vecina; Israel, que en 1967 cometió en Cisjordania, Gaza y la Jerusalén oriental algo muy semejante a la invasión de Kuwait perpetrada por Irak 24 años más tarde, ha desarrollado bombas atómicas y misiles para transportarlas sin que el Consejo de Seguridad se atreva siquiera a ordenar una inspección de los arsenales del Estado judío.

Por lo que hace a Irak, la perspectiva de la guerra, en lo inmediato, no se ha cancelado, pero sí se ha pospuesto por, al menos, unas semanas, y eso ya es ganancia.
 

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