Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Sábado 2 de noviembre de 2002
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Cultura
La suerte de la consorte se rescribió para atender una nueva realidad, señala

Reglamentar el papel de las esposas de los presidentes, pide Sefchovich

Las primeras damas son una presencia inevitable en ''una ambigüedad muy mexicana''

CESAR GÜEMES

Son inevitables y están ahí desde hace varios cientos de años. Hacen y deshacen a su antojo, según su mayor o menor talento, y para ello son absolutamente libres, porque no hay ley o reglamento que norme su conducta. Las primeras damas, que a lo largo de la historia han detentado parte del poder que gozan sus esposos, en realidad sí existen y Sara Sefchovich se dio a la tarea de rescribir La suerte de la consorte (Océano), en la que analiza la figura desde nuestro pasado más remoto como nación hasta nuestros días. Esta nueva edición cuenta con el disco compacto El México de las primeras damas, realizado por Carlos Martínez Assad, que incluye imágenes y música.

-Las primeras damas han estado tanto tiempo junto al poder político en el país que cabría preguntarse a qué necesidad o realidad responden, Sara.

-En el camino de esta investigación aprendí que las esposas de los mandatarios representan un modo de ser de la cultura mexicana, del papel de la mujer y la situación de la familia. Al hacer el recorrido de 500 años lo más importante que noto es que ellas son un ejemplo, con nombre y apellido, de la situación de las mujeres en el país. Conociéndolas a ellas, nos acercamos a una parte de la nación. Y eso es importante, porque en muchas ocasiones nos empeñamos en entender a los personajes aislados y no vemos el peso que tienen en la cultura nacional. Claro, no hablo de generalidades como ''la mujer en el siglo XIX", no, sino que a partir del nombre y apellido de alguien, con una situación de clase específica, se tiene un cuadro muy claro de lo que es el país.

Enfasis en la asistencia social

-Al aparecer la primera versión de La suerte de la consorte era posible pensar que tendrías una nueva escritura del mismo sólo cuando hubieran pasado dos o tres sexenios. Pero no fue necesario.

-Eso tiene una explicación: a la obra no le aumenté los años en el poder de la señora Zedillo y los que van de la señora Sahagún. No, en realidad este es un libro nuevo, escrito otra vez desde el principio, reacomodado, al que le quité y le puse elementos. En estos años aprendí a ver de otra manera, observé fallas y muchos lectores se acercaron a mí para prestarme material que enriqueció el primer trabajo. Advertí que el tema podía dar para más en ciertas partes que me importan mucho, como lo relacionado con la asistencia social. Por eso uno de los apartados que más trabajé fue la revisión que va desde la caridad de las virreinas a la beneficencia social a principios de siglo, hasta la asistencia social de ahora. Eso, además de corregir lo que era necesario y de escribir de nuevo el texto, ya con una nueva forma de interpretar la realidad. No es un libro al que le agregué un capítulo, y por eso no tuve que esperar 18 años.

-Una de las diversas conclusiones del libro es que si bien ha cambiado el país y su circunstancia política, la ''institución" de la primera dama no evoluciona.

-Esa es una de las conclusiones que más enojo ha causado. En efecto, en 500 años la situación de la mujer y de la familia no ha cambiado. Y por tanto no ha cambiado la esencia de lo que es una pareja mexicana. La cultura mexicana es brutalmente tradicionalista. La modernidad se ve más bien como un barniz. Así que veremos que la señora del siglo XX a lo mejor usa la falda un poco más corta que la del XIX, pero eso no quiere decir que su relación familiar haya cambiado. O sale a trabajar, pero eso no implica que deje de ser responsable de los asuntos domésticos.

''Eso es muy interesante ahora, cuando hay primeras damas que de verdad creen que han cambiado la situación del país por el solo hecho de hacer tal o cual cosa. Eso no es verdad, porque en realidad aprovechan el trabajo de diversos grupos que laboran desde hace medio siglo, como las feministas.

''Además, las primeras damas llegan al poder por vía del matrimonio, no por labor propia.''

Los ciudadanos deben opinar

-Han existido primeras damas como la esposa del ex presidente Zedillo, quien prefirió casi no aparecer, y la actual, que aparece con frecuencia en los medios y en foros de muy diversa índole. ¿No sería preciso reglamentar esa figura?

-Ese es el problema. Nadie ha tomado la decisión de debatir el asunto, airearlo, que los ciudadanos opinen. Por la ausencia de un reglamento es que puede llegar a ese sitio una señora que fomenta las artesanías y otra que apoya la cultura musical u otra que quiere desaparecer el Sistema para el Desarrollo Integral de la Famiia (DIF). Bueno, pues a ninguna de ellas podríamos decirles nada, porque su cargo no existe, no hay manera de pedirles cuentas.

''Vivimos una ambigüedad muy mexicana en la que los hechos suceden, pero no se dicen o reconocen abiertamente. Ahí comienza una serie de dificultades, porque se echa mano de recursos públicos, se dejan morir instituciones que desde mi punto de vista eran muy importantes, como el DIF. Claro, no acaban de matar al DIF precisamente por esa actitud mexicana de dejar que las cosas se pudran. ¿Por qué no enfrentar los hechos?

''Es verdad, no elegimos a la primera dama, pero si por usos y costumbres va a estar ahí, señalemos lo que puede hacer y lo que no, lo que está obligada a desempeñar y lo que no. Por eso no se pueden hacer trampas, como crear una fundación privada y luego irle a pedir dinero a los empresarios que van a realizar aportaciones porque la primera dama es esposa del Presidente.

''Ahora resulta que todas las organizaciones no gubernamentales que se han roto el alma para conseguir tres pesos para hacer labor social, ya no los reciben porque ese dinero y mucho más se va a una fundación que es diferente de todas las demás por la persona que la dirige. Mientras haya falta de reglamentación en ese ámbito, así como en otros en donde vivimos en la ambigüedad y la esquizofrenia, estamos atados de manos para pedir cuentas ante un hecho real, concreto, verificable, pero que de manera legal sencillamente no existe."

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