Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 11 de febrero de 2002
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Espectáculos
Leonardo García Tsao ENVIADO

La mirada fresca del cine danés y la veteranía experta de Altman

Berlin, 10 de febrero. Bajita la mano, la cinematografía danesa consigue casi siempre hacer aportaciones válidas a los principales festivales internacionales. Y en esta ocasión han ofrecido lo que, hasta ahora, ha sido la única muestra en la Berlinale de un nuevo talento a seguir. Sma ulykker (Accidentes menores), ópera prima de Annette K. Olsen, está filmada en video digital ?sin inscribirse en el dogma? para contar los efectos que provoca la muerte accidental de una madre en sus familiares inmediatos: su bonachón marido, una hija solterona, otra dedicada al arte de manera improvisada y un hijo que ha descuidado a su propia familia por hacer crecer su negocio de construcción.

Olsen ha construido el guión siguiendo el método del inglés Mike Leigh: es decir, ir definiendo los personajes y las situaciones a partir de extensos ensayos con los actores. El resultado es sencillo pero entrañable. En estos tiempos, cuando los cineastas se solazan en explotar las neurosis familiares en términos escandalosos, es refrescante comprobar una mirada afectuosa sobre los personajes, a pesar de sus fallas. Aunque la conclusión es quizá demasiado resolutoria, la directora ha encontrado en el camino un raro balance entre los elementos humorísticos y emotivos.

En cambio, el uso del video en Der felsen, del alemán Dominik Graf, es lo que debe evitarse: imágenes en foco suave permanente, iluminación deficiente, grano reventado y una voluntad por pretender que ese aspecto de video casero tenga una resonancia poética. Así, hay mucha imaginería gratuita, acompañada por música new age. En medio de esa complacencia, la historia errante de una rubia deslavada, abandonada por su amante/colega de oficina, y resignada a la aventura con un joven delincuente en la isla de Córcega. Si eso es el pujante cine alemán actual, esta industria enfrenta aún muchos problemas por resolver.

Ante la innegable pobreza de la producción actual, una reacción natural -y hasta comprensible?-de la crítica es sobrestimar algo que es apenas correcto y elevarlo a la categoría demasiado accesible de obra maestra. Eso ha pasado este año con la crítica gringa a Gosford park, la más reciente realización de Robert Altman. En ella, un grupo de aristócratas ingleses se reúne en una mansión de campo, con sus respectivos sirvientes, para participar en una cacería. La tensión entre los diferentes personajes se manifestará sobre todo en el terreno amoroso. Para cualquier cinéfilo ese argumento le parecerá familiar, pues es prácticamente el mismo de Las reglas del juego, de Jean Renoir.

La diferencia básica es enorme. La de Renoir ha quedado como una de las obras primordiales en la historia del cine. En cambio, dudaría mucho si la de Altman merece colocarse entre las 10 mejores de 2001. Sobre un guión de Julian Fellowes, Gosford park pronto se convierte en una socarrona película de misterio pues el patriarca Sir William es asesinado y prácticamente todos los invitados guardarían una razón para matarlo. A diferencia del humanismo de Renoir, que encontraba una razón para justificar a cada uno de sus personajes, Altman es un misántropo y su mirada desdeñosa es pareja.

Eso sí, su virtuosismo técnico se aprecia en el dominio de la puesta en escena, el uso del espacio cinematográfico y la resolución simultánea de varias subtramas. Si no fuera porque Gosford park participa fuera de concurso, el premio a la mejor dirección ya tendría a su candidato más fuerte.

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