Vivimos un tiempo de “niebla y oscuridad”: Aguiar

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Ciudad de México. En este tiempo de pandemia de Covid-19 “hemos entrado en una fuerte experiencia de dispersión, y sobretodo estamos caminando en un tiempo de niebla y oscuridad. En estas circunstancias es cuando más necesitamos ayuda, aliento para generar de nuevo la esperanza”, señaló el arzobispo primado de México, Carlos Aguiar Retes.

En la misa dominical que ofició en la Basílica de Guadalupe, expuso que dispersarse “consiste en separarse de la habitual relación establecida, donde la ayuda mutua fortalece la voluntad y proporciona la motivación necesaria para mantener las buenas y positivas relaciones con los demás”.

En tanto, en la editorial que publica en el semanario Desde la Fe, la Arquidiócesis de México señaló que es “preocupante la reciente decisión del Senado de la República de aprobar la despenalización de la mariguana que, entre otras normas, permite el auto cultivo y el consumo personal”.

Destacó que esta iniciativa “es la puerta de entrada para drogas más peligrosas y adictivas con graves incidencias en la degradación del tejido social”.

Recordó que en 2015, la Universidad Pontificia de México realizó un foro sobre la marihuana con diversos expertos y analistas. En aquella ocasión concluyeron que “nadie puede afirmar que las drogas no causan problemas de salud y de adicción; las víctimas inmediatas son los adolescentes y los jóvenes, muchas veces de manera irreversible, y las medidas prohibicionistas no han dado los resultados esperados debido a la alta corrupción que provoca el comercio ilegal”.

También que “la regulación del consumo puede ayudar para que disminuya la violencia del narcotráfico y el peligro para los consumidores, pero se envía un mensaje equivocado a la sociedad, propiciando un aumento del consumo y los problemas sociales y de salud implicados”, y “las políticas públicas deben buscar soluciones integrales, no sólo tratando de resolver las consecuencias, sino, sobre todo, las causas: se debe buscar la recuperación de los ambientes sociales, el desarrollo de las familias y las oportunidades de estudio y trabajo para los jóvenes”.

Señaló que “dentro de dos males no se trata de elegir el peor, como es abrir la puerta a los jóvenes al consumo de estupefacientes que afectan su salud, su desarrollo y su inserción positiva en la construcción de la sociedad. La labor del Estado y las instituciones públicas y sociales debe estar centrada en la prevención, la educación y el fomento de valores, no en la degradación cultural y social”.

 

 

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