La mala alimentación intensifica riesgos para la niñez global: Unicef

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Miércoles 16 de octubre de 2019, Ciudad de México. La mala alimentación perjudica la salud de la infancia a escala mundial, advirtió el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el cual dijo que en el caso de México, la obesidad y el sobrepeso afectan a uno de cada tres niños de entre seis y 11 años de edad.

En su informe El estado mundial de la infancia 2019: niños, alimentos y nutrición, la agencia de la ONU reportó que un número alarmante de niñas, niños y adolescentes a escala global sufre las consecuencias de la mala alimentación. Una tercera parte de los niños menores de cinco años en el mundo están malnutridos.

En la presentación del informe en México, Christian Skoog, representante del Unicef en el país, resaltó que la obesidad infantil en México –una de las tasas más altas mundialmente– es resultado de ambientes obesogénicos, e hizo un llamado urgente al Senado para que apruebe las modificaciones la Ley General de Salud, las cuales contemplan la adopción de un nuevo etiquetado frontal.

Otra de las recomendaciones del informe global –aunque se cita un estudio regional donde se incluye a México– es la necesaria regulación de la publicidad de este tipo de alimentos ultraprocesados, altos en calorías y bajos en nutrientes, dirigida a la población infantil, pues se ha demostrado que este sector está “ampliamente expuesto” a los anuncios.

El informe, presentado a escala global en Londres y de forma simultánea en varios países, indica que cada vez más las comunidades encaran una triple carga de malnutrición: a pesar de los progresos alcanzados en las últimas dos décadas, una tercera parte de los niños menores de cinco años (unos 200 millones) están malnutridos y sufren retraso en el crecimiento o sobrepeso, mientras dos terceras partes corren el riesgo de padecer desnutrición y hambre oculta a causa de la deficiente calidad de su dieta.

Estos patrones reflejan una profunda y triple carga de malnutrición –desnutrición, hambre oculta y sobrepeso– que amenaza la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo de los niños y de los países. En el centro de este desafío se encuentra un sistema alimentario deficiente que no proporciona a los niños las dietas que necesitan para crecer sanos”, señala el amplio documento de 258 páginas.

Para el caso de México, las especialistas Catalina Gómez y Paula Vélez, de Unicef, y Anabelle Bonvecchio, del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), señalaron alternadamente durante la presentación que si bien el país ha avanzado de manera importante en la lucha contra la desnutrición, ésta todavía es “tarea inconclusa”, pues casi 1.5 millones de niños mexicanos se encuentra en esta situación.

Lamentaron que respecto de la obesidad y sobrepeso las políticas públicas aplicadas por los gobiernos “no han sido eficientes”, por lo que es necesario tomar una serie de medidas integrales y complementarias entre sí, como el impulso al deporte, mejorar en la información nutricional a la población, aplicar programas sociales que incluyan el componente alimentario, gravar a bebidas azucaradas y a este tipo de productos, legislar sobre el etiquetado frontal, y regular la publicidad dirigida a los niños, a fin de detener la “pandemia” de la obesidad, decretada por las autoridades mexicanas desde 2016.

Incluso, de manera particular, el reporte de Unicef destaca que el gobierno mexicano formuló en 2010 un plan nacional contra la obesidad, y que cuatro años más tarde incorporó un impuesto que gravaba las bebidas azucaradas, lo que contribuyó a una caída de 11.8 por ciento en las ventas, además de que se estudian medidas adicionales, como el etiquetado en la parte frontal de los productos alimentarios y las bebidas, decisión a la que urgió.

El reporte recuerda que hace 20 años se examinó por última vez la nutrición infantil en un estudio similar. Desde esa fecha han cambiado muchas cosas –se apunta–, entre ellas lo que se come. “Estamos dejando atrás las dietas tradicionales y autóctonas y adoptamos dietas modernas que con frecuencia son ricas en azúcares y grasas, bajas en nutrientes esenciales y fibra, y están a menudo altamente procesadas”.

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