Frente a la austeridad, la Conabio vive futuro incierto

Compartir en Facebook Compartir en Whatsapp

Ciudad de México. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), con José Sarukhán al frente –uno de los primeros ecólogos del país–, tiene un futuro incierto. Su presupuesto proviene de un fideicomiso que con la Ley Federal de Austeridad quedará prohibida. Además, en lo que va del año, ha perdido casi una tercera parte de su personal. A esto se suma que estaba por pasar a la estructura del Conacyt, pero el proceso se detuvo por el cambio de titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), donde está incorporada.

Este proceso había comenzado con la anterior titular de la dependencia, Josefa González, para que en el Conacyt se convirtiera en un centro público de investigación, pero con la llegada de Víctor Toledo al frente de la Semarnat, el proceso se detuvo y aún es probable que se mantenga en esta estructura, precisó este consejo. A la Semarnat se pidió su posición pero no hubo respuesta. De una planta laboral de unas 290 personas, al cierre de 2018 salieron 25 y en los siguientes meses el personal fue disminuyendo, por lo que ahora se estima que quedan unos 200 trabajadores, expertos e investigadores. De esas plazas hay unas 100 que corresponden a la Semarnat, pero con los recortes que en esta dependencia siguen, es probable que el personal se reduzca más, indican trabajadores. Además consideran el riesgo de que esas plazas se pierdan si se concreta el paso al Conacyt.

El artículo 17 de la Ley Federal de Austeridad prohíbe la creación de fideicomisos, con excepción de aquellos que se establezcan en los rubros de salud, educación, procuración de justicia, seguridad social y seguridad pública. Medio ambiente no está incluido, por lo que trabajadores y expertos consideran que la Conabio está en riesgo.

Creada en 1992, durante 25 años ha operado con recursos que provienen del Fideicomiso Fondo para la Biodiversidad, el cual es público y privado. Al cierre de 2018 contaba con 101.6 millones de pesos, el saldo al primer trimestre de este año es de 54.9 millones, indica información de la comisión.

Entre los donantes están la Agencia de Cooperación Internacional de Japón, el Banco Mundial, las fundaciones Carlos Slim y Televisa, el Global Enviromental Facility y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Las donaciones son deducibles de impuestos y el fideicomiso está destinado a instrumentar y operar el Sistema Nacional de Información sobre la Biodiversidad (SNIB), para brindar datos, información y asesoría a diversos usuarios.

La Conabio instrumenta redes de información nacionales y mundiales sobre biodiversidad y da cumplimiento a los compromisos internacionales en la materia como la conferencia de Biodiversidad Biológica o la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies. Desarrolló un sistema de alerta de incendios, de observación de manglares, de análisis marino-costero y de vigilancia de la biodiversidad, así como el Corredor Biológico ­Mesoamericano.

Manejo transparente

Ha elaborado el inventario de manglares en el país, la Estrategia nacional sobre biodiversidad y la obra Capital natural de México, que consta de cinco volúmenes desarrollados a lo largo de casi ocho años y en el que participaron 800 científicos, funcionarios y organizaciones de la sociedad civil. La institución plantea que su diseño organizacional es un caso de éxito en la administración pública ­mexicana en lo que se refiere al ­manejo transparente y eficiente de sus recursos mediante el fideicomiso privado. Además de Sarukhán, en la Conabio colaboran expertos como Patricia Koleff y Cecilia Ayón, entre otros.

El comité técnico del fideicomiso está integrado por el director del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, el director del Instituto de Ecología de la UNAM y un representante de una organización no gubernamental, designado por el secretario técnico de la Conabio.

Últimas noticias